De la vieja bodega a las aromáticas: el nieto que sigue ligado a la chacra

En Luis Beltrán, donde se alzaba la bodega La Gentilina, Rady Rapari se dedica al cultivo y el procesamiento de aromáticas lavanda, salvia, romero y orégano- en honor al trabajo de sus abuelos.

Rady vive actualmente junto a su madre que tiene 81 años.

Rady vive actualmente junto a su madre que tiene 81 años.

Un poco por la historia familiar, un poco por la inspiración surgida de un viaje, Rady Rapari regresó a su tierra, Luis Beltrán, para cumplir un sueño.


Allí, donde sus ancestros Nazareno y Gentilina Rapari, levantaron una bodega que supo ser famosa, él, nieto de ambos, puso en marcha un emprendimiento con aromáticas.

Es común ver en zonas rurales familias que son sinónimo de producción y el trabajo de la tierra. La familia Rapari fue un claro ejemplo de eso.

Con un legado familiar de más de 100 años, es dueña de la antigua y afamada Bodega “La Gentilina”. Aún se conserva parte del viejo edificio en la chacra.

El abuelo, Nazareno Rapari llegó a Luis Beltrán desde Montecassiano, la región Macerata de Italia, junto a Gentilina Fulvi. Una vida de mucho sacrificio llevaron en la chacra de la zona de Rincón de Cruz llamada “La Gentilina”. Los abuelos de Rady se casaron allá por 1922 y la construcción de la bodega arrancó en la década del ’40.

La bodega se construyó en 1940 y distribuyó vino en toda la Patagonia.


“Dedicados a la horticultura y la vitivinicultura, llegaron a tener 20 hectáreas de viñedos, generando en la época del ´45 la bodega La Gentilina. Una bodega que producía más de 60 mil litros y comercializaban en bordalesas hacia la región sur de la Patagonia. También tenía su mercado, años más tarde, en las damajuanas, que se embotellaban de esa manera, para la venta”.

Rady Rapari nació en Luis Beltrán y es la tercera generación que lleva ese apellido en la zona. “Siempre se mantuvo el vínculo con la tierra, y de ahí surgió de mis tíos el emprendimiento de productos regionales Don Alfredo, que también hoy lleva adelante mi familia”, cuenta Rady.

Hace apenas unos pocos años que Rady regresó de Italia, en su visita a los parientes y en la que pudo observar, aprovechando su recorrido por Europa, el cultivo de plantas aromáticas sobre los campos y también al costado de las rutas, algo que le llamó la atención.

Poco tiempo después de su regreso a la Argentina, Rapari comenzó con el emprendimiento de aromáticas cultivadas en la misma chacra de sus abuelos, ubicada sobre el brazo sur del río Negro.

El brazo del río que transforma la chacra de Rapari en un lugar de ensueño.


“Después de ausentarme unos años del país, regresé a mi tierra donde nació toda mi familia y continué con lo que hacía mi abuela, con la producción de aromáticas. Ella cultivaba para la casa, como una especie de jardín, que disfrutaba compartir y regalar a sus amistades y seres queridos”, cuenta Rapari en un ameno diálogo con Río Negro.

Allí, el hombre comenzó con el cultivo de romero, lavandas, mentas y salvias. Estos cultivos no padecen problemas de plagas porque repelen los insectos, y con un sustrato tan rico como es el de la zona de Beltrán, el cuidado se torna más fácil todavía.

“Solo un cuarto de costa del río es el espacio donde mi abuela hacía un jardín. Yo lo extendí más ”, señala Rady. Las primeras filas fueron como experiencia. Al poco tiempo se sumó su amigo de la adolescencia, y lo convirtieron en una verdadera alternativa de producción de aromáticas en el lugar. “El proyecto lo empecé con un amigo del secundario, Omar Muñoz, independientemente de nuestros trabajos”, acota el hombre.

Pronto comenzaron a vincularse con “Aromáticas del Limay” y “Aromáticas del Valle”, para que el sueño de cultivar en un lugar con producción orgánica y artesanal se haga realidad.

Parte de la plantación de aromáticas que desarrolló Rady en la chacra de Luis Beltrán.


“SI bien no comercializo en gran escala, tengo proyectado para este año hacer plantines. Por el momento, una vez seco el producto lo coloco en bolsitas de 25 gr. o más para consumir como té o para otros usos gastronómicos”, cuenta.
“Mi idea, como ensayo, es extraer el aceite de lavanda para ver su calidad. Este año estoy procesando para poder tener el alambique y extraer el aceite esencial de algunas de estas aromáticas para concluir el período de ensayo”, indica Rapari.

Los amigos también se acercan a ayudar y además es una tarea absolutamente terapéutica, asegura Rapari. “Vincularse con la tierra es una terapia de relajación . Mi espacio tiene que ver con eso, estoy en una etapa de mi vida de estar de vuelta a la tierra”, expresa. Por el momento, no existe un proyecto comercial a gran escala.


Lo que da la tierra



“Apunto a agradecer a mi tierra, a mi gente y a mis antepasados que me dieron este espacio donde estoy, a orillas del río, una pequeña chacra que ojalá todos pudieran tener, para vincularse con la naturaleza”, se enorgullece Rady.
“Poder disfrutar un par de horas, estar en la tierra entre las aromáticas ya sea cosechando el producto, o sacando yuyos es gratificante y hace bien al alma”.

Para Rapari, lo más importante es dar a conocer y comunicar, que una familia con una historia de mas de 100 años, sigue vinculada a los cultivos de la tierra en estas regiones, en los tiempos que se vive.

Según él, esta pandemia nos ha hecho reflexionar mucho. El señala que en un año, sin pulverizadores, con la magia del agua la naturaleza demuestra que se pueden hacer cosas alternativas en nuestra maravillosa tierra. “Mucha gente seguramente va a querer conocer estos lugares y hacer otra cosa en la vida”, indica Rady.

“Ahora, el mismo reloj biológico hace guardarte un poco más y cortar leña”, dice Rady, quien además tiene otra actividad por la mañana y después del mediodía dedica su tiempo a sus cultivos de aromáticas.

La lavanda, ya envasada en bolsa.


Su gran anhelo a futuro es un lugar de encuentro para disfrutar. “Mi idea comercial va más por el espacio por un futuro agroturismo, donde la gente pueda venir a visitar y a conectarse con la naturaleza y disfrutar de un día en familia o con amigos”.

“Me gustaría transmitir lo que es la vida de la chacra o de la zona rural en nuestra provincia, tan extensa y de diferentes climas y formas de vida, como las de la cordillera, la línea sur, la costa atlántica, los valles, la meseta. Un día cotidiano en relación con la naturaleza, donde se vive con la temperatura de las 4 estaciones bien marcadas”, se entusiasma.


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