De qué hablamos cuando hablamos de violencia

Andrea Ibáñez*

(*) Directora provincial del área de Promoción y Fortalecimiento de los Derechos de las Mujeres, Subsecretaría de las Mujeres-Ministerio de Ciudadanía de la Provincia del Neuquén

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Es especial la vulnerabilidad de las mujeres que fueron socializadas con el mito de la “media naranja”, de manera que se conciben como seres incompletos y que necesitan de otro que llene esa supuesta carencia.


Cuando abordamos la problemática de la violencia de género no podemos desconocer que es una problemática mundial, multicausal, multidimensional e histórica y, si bien se modificó a través del tiempo, sigue vigente con cifras alarmantes.

Nuestra Ley Nacional 26485 dice: “Se entiende por violencia contra las mujeres toda conducta, acción u omisión que, de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, como así también su seguridad personal. Quedan comprendidas las perpetradas desde el Estado o por sus agentes”.

La violencia contra las mujeres tiene un anclaje cultural basado en una relación desigual de poder entre varones y mujeres, la misma establece jerarquías en las cuales los varones ocupan lugares preponderantes -toma de decisiones, ejercicio de autoridad, privilegios en general- y las mujeres quedan en un escalón más abajo, subordinadas, muchas veces sometidas y con una pesada carga vinculada a las tareas de cuidado, a lo familiar y lo doméstico que les impide un pleno desarrollo de sus habilidades y capacidades.

La violencia de género se sostiene y reproduce porque aún vivimos en una sociedad patriarcal, entendiendo esta noción como un modo de dominación masculina, un sistema de organización social en el que los puestos clave de poder -político, económico, religioso y militar- se encuentran, exclusiva o mayoritariamente, en manos de varones.

En este sentido, es especial la vulnerabilidad de las mujeres que fueron socializadas con el mito de la “media naranja”, de manera que se conciben como seres incompletos y que necesitan de otro que llene esa supuesta carencia.

Este concepto continúa vigente, aun en las adolescentes quienes, si bien están más empoderadas, en la intimidad de sus relaciones no se sienten autorizadas a poner límites.

Como datos estadísticos de las formas de violencia que las mujeres de Neuquén denuncian, es interesante mirar el trabajo que realiza el Observatorio de Violencia contra las Mujeres.

En sus últimos informes expresan que en promedio se radican 25 denuncias por día, de las cuales el 86% de los agresores denunciados son varones y un gran porcentaje corresponde a exparejas. Con lo cual, se podría entrever que si bien las mujeres se sienten los suficientemente empoderadas como para abandonar los vínculos violentos esto no quiere decir que la violencia cese.

Para abordar esta compleja problemática es imprescindible reforzar el trabajo en sensibilización y prevención a través de espacios de reflexión que propicien la transformación de valores que naturalizan las desigualdades entre los géneros. En este sentido, son muy pertinentes las palabras de Dora Barrancos cuando expresó: “Sin igualdad de oportunidades y con violencia hacia las mujeres, no hay democracia real”. En este camino de construcción colectiva estamos y seguimos.

(*) Directora provincial del área de Promoción y Fortalecimiento de los Derechos de las Mujeres, Subsecretaría de las Mujeres-Ministerio de Ciudadanía de la Provincia del Neuquén


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