¿De qué le sirvió a Neuquén someterse al kirchnerismo?
marcelo inaudi (*)
El 10 de diciembre de 2007 asumían Cristina Fernández de Kirchner la Presidencia de la Nación y Jorge Sapag la Gobernación del Neuquén. Las ilusiones de Jorge Sapag con relación al gobierno nacional quedaron plasmadas en su discurso: “Estoy seguro de que su gestión estará inspirada en principios republicanos, en su vocación federalista y en un sentimiento patagónico compartido que traerá el progreso y el desarrollo a nuestra gestión, tantas veces olvidada y postergada” (textual del Diario de Sesiones de la H. Legislatura). Nada de lo que pasó se parece siquiera a los optimistas pronósticos de Sapag. Los “principios republicanos” fueron dinamitados. El Congreso se convirtió en una mera escribanía presidencial, en tanto que el Poder Judicial ha sido víctima de un atropello sin precedentes con leyes que, en nombre de la “democratización” de la Justicia, buscan poner de rodillas a los jueces que, precisamente, son los encargados de investigar y sancionar gravísimas causas de corrupción. La “vocación federalista” fue reemplazada por un centralismo pocas veces visto que encuentra a gobernadores e intendentes mendigando por la Casa Rosada. El “federalismo de concertación”, que tanto se invoca, en los hechos constituye un “unitarismo de imposición”; en tanto que el “sentimiento patagónico compartido que traerá el progreso y desarrollo” se vio limitado a los alrededores de El Calafate, una suerte de versión nacional y popular del Anillaco de los 90. A pesar de ello, el gobernador continúa su asombrosa fidelidad al kirchnerismo, que incluye, por supuesto, a sus propios legisladores. Ahora bien, este trato condescendiente a la provincia del Neuquén le aportó poco y nada y, lejos de favorecerla, la perjudicó. Los ejemplos sobran: • La promesa de la construcción de la represa Chihuido I, sobre el río Neuquén, quedó en eso: una promesa en la que ya nadie cree. Las poblaciones a lo largo del curso de agua siguen sufriendo ante el riesgo de las crecidas por los vaivenes de la naturaleza, y los pueblos que se ilusionaron con una catarata de mano de obra ante los anuncios de la construcción “inminente” se resignaron ante la evidencia. Chihuido no se construyó y hoy pocos son los que creen que algún día vaya a construirse. • La reforma de la ley de la Coparticipación Federal de Impuestos sigue siendo una materia pendiente y en los últimos años muchos Estados tuvieron que recurrir a mecanismos de financiación externa para poder estar al día con sus obligaciones. En Neuquén, el propio gobernador Jorge Sapag reconoció que tuvo que endeudarse por el déficit de 850 millones de pesos que tienen las arcas provinciales. Los recursos que ingresan por regalías no alcanzan y el panorama es cada vez peor. • Desde que se dejaron en manos de las provincias la salud y la educación, hubo un grave deterioro en la prestación de estos servicios, precisamente por la falta de recursos. Hoy Neuquén atraviesa una grave crisis educativa, aumentos insoportables en los índices de delitos y un sistema de salud que muy lejos está de aquel que planificó y puso en marcha el gobernador Felipe Sapag cuando Neuquén recién comenzaba a dar sus primeros pasos. • El gobierno nacional sigue pagando precios irrisorios por el gas en boca de pozo que se extrae del territorio neuquino, pese a los reclamos que viene sosteniendo la provincia desde hace al menos diez años. A Neuquén se le pagan cifras irrisorias si se compara con el gas que el gobierno nacional le compra a Bolivia o que importa a través de buques metaneros. Un reciente informe elaborado por la consultora “Economía & Regiones” detalla que durante el período 2003-2012 Neuquén dejó de percibir, solamente por las regulaciones del mercado petrolero, algo más de 17.000 millones de pesos en regalías (diario “Río Negro”, suplemento Económico, 17/3/13). • La falta de una política económica clara y los índices de inflación subestimados por el gobierno nacional ponen en jaque a provincias y a municipios. La disparada de precios no sólo castiga a quienes menos recursos tienen sino que además genera una espiral de reclamos por mayores aumentos de sueldos por parte de sindicatos estatales y privados que amenazan permanentemente la paz social de las provincias. Como si fuera poco, la Provincia dejó de publicar los índices del costo de vida (en su momento cifras creíbles y acordes a la realidad) para sumarse el engaño de las mediciones del Indec y a los controles de precio por parte del Estado que nunca dieron resultado a lo largo de la historia argentina. • El gobierno nacional decidió el corrimiento de la barrera sanitaria al sur del río Colorado, con el pretexto de que con este nuevo estatus sanitario crecería la producción ganadera neuquina. Hasta el momento el único resultado que se logró fue el inverso: una disparada en el precio de la carne (con o sin hueso) y una disminución alarmante en el nivel de faena de los frigoríficos locales. Para Neuquén fue como si se hubiera adherido al plan “carne cara y para pocos”. Son muchos los ejemplos para entender de una vez por todas que el apoyo irrestricto (a veces rayano con la sumisión) que tuvo Neuquén al gobierno nacional no sirvió absolutamente para nada. En todo caso, para lo único que sirvió fue para avergonzar a los propios representantes neuquinos votando leyes absurdas y anticonstitucionales, como la reforma judicial, o para humillar a los intendentes que deben mendigar obras y recursos para sus pueblos en interminables peregrinajes a Buenos Aires. En definitiva, esa condescendencia incondicional sólo terminó de confirmar que el país –inevitablemente– se encamina a un sistema unitario, sin respeto a las instituciones y mucho menos a la independencia de poderes que tiene que tener una república. (*) Secretario de Gobierno de la Municipalidad de Neuquén
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