“Déficit fiscal: ¿es malo bajar el gasto?”

Redacción

Por Redacción

Con respecto a la nota de Néstor Scibona, publicada el jueves 1 de este mes, vienen al caso algunas reflexiones:

En efecto, cuando se propone bajar el gasto salen a la palestra una barra de analistas imbuidos de keynesianismo que comienzan a recitar todas las calamidades que ocurrirían si se implementara la malvada austeridad.

Un menor gasto, dicen, reduce la demanda agregada, la gente consume menos, las empresas reducen sus ventas, crece el desempleo y la economía colapsa.

No obstante este libreto, lo cierto es que la realidad demuestra que es perfectamente compatible reducir el gasto público y mantener una economía vibrante. Recientemente, Irlanda fue protagonista de esta situación. Luego de llevar sus erogaciones al 65% del PBI en el 2010, las redujo de manera considerable hasta el 29,5% en el 2015. En términos nominales, el gasto cayó 31%. Sin embargo, no ocurrió ninguna desgracia y la economía recuperó el crecimiento al tiempo que reducía su desequilibrio presupuestario.

Otro caso célebre es el de Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial. De acuerdo con el estudio de Cecil Bohannon: “En 1944, el gasto del gobierno en todos los niveles representaba el 55% del PBI. Para 1947, el gasto público había caído un 75% en términos reales, o desde el 55% hasta el 16% del PBI (…) Sin embargo, este ‘desestímulo’ no terminó en un colapso del gasto en consumo o en inversión. El consumo real creció 22% entre 1944 y 1947 y el gasto en bienes durables creció hasta más que duplicarse en términos reales. La inversión bruta privada creció 223% en términos reales, con un enorme incremento real que se multiplicó por seis en el gasto destinado a viviendas residenciales”. Lo mismo puede decirse de Suecia. A principios de los 90, el estatismo sueco entró en crisis. El gasto público crecía en términos reales mientras que, por tres años consecutivos, la actividad económica cayó. En sólo cuatro años (de 1989 a 1993) las erogaciones públicas habían subido 10 puntos del PBI hasta el 68%. A partir de allí, un programa de reforma buscó mejorar las cuentas. El gasto cayó en términos reales 0,9% al año entre 1992 y 1997. La economía volvió a crecer.

Si, como se ve en estos casos, la reducción del gasto público no genera crisis, ¿por qué el gobierno no avanza por este camino?

Joaquín Bertrán

DNI 5.433.822

“A pesar de los análisis,

la realidad demuestra que es perfectamente compatible reducir el gasto público y mantener una economía vibrante”.

Datos

“A pesar de los análisis,
la realidad demuestra que es perfectamente compatible reducir el gasto público y mantener una economía vibrante”.


Con respecto a la nota de Néstor Scibona, publicada el jueves 1 de este mes, vienen al caso algunas reflexiones:

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