Alcaraz le ganó una batalla eterna a Zverev y está en la final del Abierto de Australia
El español ganó en 5h27m y va por su primer título en Melbourne Park. Es el único GS que le falta.
Nadie ni nada puede detener a Carlos Alcaraz en esta edición del Abierto de Australia. Su deseo de coronarse en Melbourne puede con todo: con el calor, los dolores físicos y la mejor versión de un Alexander Zverev sublime, que estuvo muy cerca de acabar con el sueño del español. El N° 1 logró un billete para su cuarta final de Grand Slam consecutiva, en un día en el que tuvo que aliarse con la épica para salvar el drama. Sacó adelante el tercer partido más largo de la historia del torneo, después de cinco horas y 27 minutos, por 6-4, 7-6(5), 6-7(3), 6-7(4), 7-5.
“Creer en todo tiempo”, señaló Alcaraz en la entrevista a pie de pista sobre cómo sacó adelante el encuentro. “Siempre digo que tienes que creer en ti mismo, sin importar si tienes problemas o lo que haya pasado. No importa nada, tienes que seguir creyendo en ti en todo momento. Pasé por dificultades a mediados del tercer set. Físicamente fue uno de los partidos más exigentes que jugado en mi corta carrera”, agregó.

«Tenía que poner corazón»
“Había estado en este tipo de situaciones y sabía lo que tenía que hacer. Tenía que poner corazón. Creo que lo hice y peleé hasta la última bola. Sabía que iba a tener mis opciones. Estoy tremendamente orgulloso de mí mismo por la forma en la que luché y remonté en el quinto set”, siguió el español.

La ambición por mantener intacto el mayor sueño de su vida profesional fue el combustible necesario para reponerse ante la adversidad, a pesar de que el dolor estuvo cerca de paralizarlo. Alcaraz, obligado a jugar prácticamente caminando —sin libertad de movimiento por los calambres— durante set y medio, está a un solo paso de levantar el último Grand Slam que falta en su palmarés.
Alcaraz, con seis majors en su vitrina, buscará este domingo frente al defensor de la corona Jannik Sinner o el diez veces campeón, Novak Djokovic, completar el Grand Slam en su octava final de esta categoría.
Con 22 años y 272 días, el español supera la marca de precocidad que había establecido Jim Courier con 22 y 321 en Wimbledon 1993. Además, se une a una lista de leyendas, que también saben lo que es haberse presentado en las finales de los cuatro Grand Slam. Cinco años jugando en los grandes escenarios han sido suficientes para que Alcaraz eleve su nombre al Olimpo.
Comienzo tranqui, antes de la batalla
El primer set fue todo sonrisas. Y es que apenas perdió cinco puntos con su saque. Al resto debió ser un poco más paciente en la manga, pero la recompensa llegó con una doble falta del alemán cuando el español tenía break point en el 4-4. Un minuto y 25 segundos después, el español aseguró el parcial inicial ganando los cuatro puntos de su game de saque tras hilar cuatro primeros servicios por encima de 190 km/h.

Y aunque en el segundo fue el primero en amenazar, quien desequilibró el marcador fue Zverev con su ruptura en el 3-2, la primera de la manga. La siguiente fue justo cuando el alemán sacaba para set en el 5-3 y fue para un Alcaraz rocoso, que en ese juego priorizó más la consistencia y contribuyó a cuatro fallos del No. 3 del mundo. Pudo caer el ánimo al desperdiciar un break point en el 5-5, pero mantuvo la concentración al igual que cuando perdía 4/5 en el tie-break. A partir de allí, Zverev sumó tres errores forzados de manera consecutiva debido a la agresividad de Alcaraz, y entonces la clasificación a la final apareció en el horizonte.
La reacción de Zverev y un cierre para el infarto
Pero la imagen se alejó cuando en el 3-3 del tercer set se quejó con su box de que había vomitado, y aún más cuando en el 4-4 empezó a cojear. A base de golpes ganadores, caminando y metiendo primeros saques de hasta 140 km/h, estuvo a dos puntos de ganar en tres sets, cuando se adelantó 0/30 en el 6-5 mientras sacaba Zverev. Sin embargo, el alemán de 28 años remontó y alargó el duelo al ganar el tie-break poco después de las tres horas de juego.

Como pudo, Alcaraz resistió en la cuarta manga. A puro corazón. Y estuvo a tres puntos del triunfo cuando ganaba 4/3 el tie-break. Tampoco fue suficiente. En el quinto parcial, con un mejor semblante que una hora atrás y ya sin cojear, dio todo lo que tenía para levantar un quiebre inicial. Lo hizo en el décimo juego, enlazando tres games consecutivos que le dieron el pase a la final. La recompensa fue la victoria 90 de su carrera en Grand Slam. Una de las más dramáticas de su carrera.
Con este resultado, el primer cabeza de serie en Melbourne Park pasa a liderar su historial con Zverev por primera vez en su carrera, al dejarlo en 7-6. Y ahora está a un paso de convertirse en el más joven de la historia en completar el Grand Slam en la carrera. El domingo intentará hacer historia.
Nadie ni nada puede detener a Carlos Alcaraz en esta edición del Abierto de Australia. Su deseo de coronarse en Melbourne puede con todo: con el calor, los dolores físicos y la mejor versión de un Alexander Zverev sublime, que estuvo muy cerca de acabar con el sueño del español. El N° 1 logró un billete para su cuarta final de Grand Slam consecutiva, en un día en el que tuvo que aliarse con la épica para salvar el drama. Sacó adelante el tercer partido más largo de la historia del torneo, después de cinco horas y 27 minutos, por 6-4, 7-6(5), 6-7(3), 6-7(4), 7-5.
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