El Consejo de Fútbol de Boca y su látigo aleccionador

Las decisiones dirigenciales encabezadas por Juan Román Riquelme determinaron un enfrentamiento con los principales referentes del plantel. Una relación que parece no tener retorno.





Si hay algo en lo que se esfuerza siempre el Consejo de Fútbol, es en dejar en claro quién es el que manda en el Mundo Boca.

Sin importar las consecuencias, sin medir la repercusiones de sus actos, a este grupo de dirigentes que alguna vez fueron jugadores y que hoy orbitan alrededor de JR Riquelme, sólo los desvela que el eco de sus dichos tenga una resonancia suficiente que sirva de ejemplo a aquellos que se atrevan a desafiar al gran cacique, que mate en mano define lo que está bien y lo que está mal.

Hace menos de un año, en agosto del 2021, asumía Sebastián Battaglia en lugar del desgastado Miguel Ángel Russo, un DT que, por su afinidad con Riquelme, siempre le dijo que sí al Consejo y a la injerencia permanente dentro de su plantel.

Battaglia fue el elegido. Venía de la Reserva, igual que el Negro Ibarra ahora. Se le estaba dando la posibilidad de ser técnico de la Primera de Boca sin tener experiencia. Un obsequio más que suficiente como para soportar que le bajaran el plantel del micro y lo llevaran de vuelta a los vestuarios para un tirón de orejas. Fue luego de perder ante Gimnasia, en octubre del año pasado, a dos meses de haber asumido como entrenador.

A pesar de haber quedado eliminado de la Libertadores por esas cosas del fútbol, Battaglia había encontrado un equipo y también funcionamiento, además de una identidad, que es lo más difícil de lograr en un plantel.
Pero post partido con Corinthians tuvo palabras filosas para los sensibles oídos del Consejo y la decisión fue echarlo en una estación de servicio. Y a otra cosa, sin importar las formas.

Como seguramente pasará con Carlos Izquierdoz, apartado del partido ante San Lorenzo porque 24 horas antes del duelo por la Copa, discutió por los premios del plantel como Riquelme solía hacerlo cuando Mauricio Macri era el presidente de Boca.

¿Qué pasará con Marcos Rojo, que se fue a abrazar con Izquierdoz tras el gol a San Lorenzo? ¿Y con Benedetto y su arenga rabiosa con destinatarios puntuales en la boca del túnel antes de jugar con Corinthians? ¿Y Fabra, el cuarto capitán, también pagará las consecuencias o zafará por ser colombiano como el Patrón Bermúdez?, el portavoz que intenta suavizar las decisiones duras que suele tomar el Consejo.

La cronología de la crisis xeneize se resume así: discusión por los premios, eliminación de la Libertadores y anuncio del despido de Battaglia, técnico que tenía el apoyo casi total del plantel. Todo en 72 horas.

Con Ibarra la historia vuelve a repetirse. El Negro, que ha sido visto en el palco del estadio junto a Riquelme en varias oportunidades, tendrá crédito hasta diciembre. Si no muestra actos de rebeldía, si la reverencia hacia los que mandan no pierde firmeza, quizás dure más que su antecesor.


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