El primer entrenador de Lautaro, en exclusiva con Río Negro: «Es un ejemplo para los que vienen remando desde abajo»

Alberto "Pichu" Desideri tuvo la dicha de ser el primer entrenador de Lautaro Martínez en las categorías formativas y también de hacerlo debutar en la Primera de Liniers en Bahía Blanca.

Por Tomás Arribas

Foto: Diario La Nueva. Con apenas 15 años, Lautaro, con el peculiar look "bienvenida", debutó en Primera en Bahía Blanca. Apenas dos minutos en cancha y se dio el lujo de festejar.

Foto: Diario La Nueva. Con apenas 15 años, Lautaro, con el peculiar look "bienvenida", debutó en Primera en Bahía Blanca. Apenas dos minutos en cancha y se dio el lujo de festejar.

El primer eslabón de una larga cadena. En ese contexto, a tan corta edad y en pleno proceso madurativo, la formación comprende mucho más que lo meramente deportivo y futbolístico. Algo que no todos logran interpretar y abordar como corresponde.

Pero ese no es el caso de Alberto Desideri. Pichu, como se lo conoce, lleva décadas abocado al crecimiento y desarrollo de jugadores, siendo uno de los destacados en la materia en Bahía Blanca, la ciudad de Lautaro Martínez, uno de los héroes de la victoria ante Inglaterra en la semifinal mundialista.

Curiosamente, Desideri cumplió un rol determinante en el crecimiento deportivo del Toro, siendo su primer «profe» en categorías formativas y, posteriormente, cual obra del destino, quien lo catapultaría al estrellato en nuestro país.

«Uno hace lo que puede en esa etapa de formación, tratando de inculcar los principios básicos del fútbol y de la vida. Lo demás depende del talento, la determinación y el profesionalismo que cada jugador le ponga en el futuro», contó Desideri en diálogo con Río Negro.

Recién ingresado, Lautaro lanza hacia la red el 1-2 de Liniers ante Comercial en 2013. El Toro tardó dos minutos en anotar.

«A Lautaro me tocó entrenarlo en su primera etapa de competencia por los puntos, cuando tenía 11 años, la primera edad en la que se empieza a competir en la Liga del Sur. Y después, ya dirigiendo la Primera de Liniers, increíblemente se dio la chance de hacerlo debutar con 15 años en ese primer equipo de la Liga local», agregó Desideri.

Hijo de Mario, otrora jugador de Liniers y Villa Mitre, entre otros equipos de Bahía Blanca (llegó a jugar en la recordaba «B» Nacional), el por entonces Torito tardó apenas dos minutos en festejar. Fue en cancha de Comercial de Ingeniero White, en 2013, encuentro que finalizó 2 a 2.

«Ya en ese momento demostraba un inmenso talento y una tremenda personalidad. A la edad la tenés que ayudar con cabeza, temperamento y el físico. Esas cosas son muy importantes en esa etapa de formación. Y él ya tenía esas dos condiciones: lo mental y lo físico. Sobresalía mucho entre los de su edad, por eso debutó tan joven», recalcó Pichu, que actualmente continúa abocado a la formación en la entidad albinegra.

Y recordó: «De ahí se fue rápido para Racing. Las condiciones las pueden tener muchos. Pero después se ve el carácter, el temple, el físico y la capacidad de entender lo que te piden. Él cumplió con todo lo que se necesita».

Desideri con Martínez, en una premiación de fin año en la Liga del Sur.

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Sin cassette. Lautaro no pudo contener la emoción. Después de semejante gesta ante los ingleses, el Toro se desahogó, lloró y recordó aquellos primeros días con la redonda en los pies.

Una declaración que conmocionó al país. Fue algo natural, genuino y propio de un pibe de barrio, de familia humilde, que llegó a la elite a base de esfuerzo y trabajo.

«La familia hizo mucho por Lautaro. Una típica familia trabajadora, humilde, que hace todos los esfuerzos para que los hijos disfruten del deporte y que puedan llegar a donde tenga que ser. Los padres le dedicaron todo a sus hijos, siempre brindándoles lo mejor», apuntó Desideri, que bien conoce el paño íntimo del goleador de Inter.

Una imagen vale más que mil palabras…

«No me olvido más cuando Lautaro estaba en la pensión de Racing, que el papá lo escuchaba llorar por teléfono llorar y de inmediato se tomaba el colectivo para a estar con él. Mario tenía la experiencia de saber cómo son esos momentos y oportunidades. Por eso trataba de apoyarlo y decirle que no afloje», recordó Pichu.

Un gol ante los ingleses en una Copa del Mundo y una victoria que vale el pase a la final. Para Martínez, el sueño de su vida y una revancha personal.

«El otro día se quebró y desahogó. La emoción fue terrible. Convertir un gol así, que te lleve a una final, inevitable que no te emocione. Fue una buena expresión y un buen ejemplo para los que vienen remando desde abajo. Ni hablar del mimo para la familia, una devolución a todo lo que hicieron», cerró el entrenador bahiense.


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El primer eslabón de una larga cadena. En ese contexto, a tan corta edad y en pleno proceso madurativo, la formación comprende mucho más que lo meramente deportivo y futbolístico. Algo que no todos logran interpretar y abordar como corresponde.

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