Derribando mitos

Redacción

Por Redacción

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El hambre en el mundo, ¿es consecuencia de un aumento desmedido de la población o de un despilfarro en la producción y distribución de alimentos?

Pareciera que nuestros oídos, cuando cotidianamente se habla de economía -y se habla todo el tiempo-, están habituados a escuchar que la solución de todos nuestros problemas es que la economía crezca, crezca y crezca… ¿indefinidamente?

Pocos se han preguntado por un momento: si, en un planeta finito como el nuestro, creciéramos al ritmo de los países centrales, ejemplos de consumismo extremo y por lo tanto de despilfarro de recursos constante por parte de las clases más opulentas, ¿necesitaríamos por lo menos tres planetas como éste en el que vivimos? Quizás algunos se pregunten por qué ante tanto despilfarro tantos millones de seres humanos en el mundo, al mismo tiempo, sufren el hambre crónica.

Nos han dicho hasta el hartazgo, y existe en el imaginario colectivo, la idea de que ante un aumento explosivo de la población como el actual la cantidad de alimentos no crece en igual medida para satisfacer las necesidades de todos sus habitantes.

Nada más lejos de la verdad, ya que anualmente 1.600 millones de toneladas de alimentos se pierden en el mercado capitalista debido a su ineficacia y al mal manejo de los mecanismos de conservación. Esta cantidad representa un tercio de los 4.000 millones de toneladas de nutrientes que se producen anualmente en el planeta, según destacan la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura y un reciente informe publicado por el Banco Mundial.

La pérdida de alimentos ocurre básicamente en la etapa de poscosecha y comercialización de la cadena de valor del sistema agroalimentario.

La cantidad de tierra que se requiere para producir estos alimentos equivale a la sumatoria de la superficie de Canadá e India unidas; es decir, 1.400 millones de hectáreas, lo que representa el 28% de la superficie agrícola del planeta.

Si sólo una cuarta parte de estos productos no se perdiera, habría suficiente para 900 millones de personas.

La verdad es que actualmente se producen más alimentos que en otro período en la historia; se han multiplicado por tres desde los años 60, mientras que la población mundial tan sólo se ha duplicado.

La conclusión es que no existe en el mundo una escasez de alimentos que avale la existencia del hambre. La verdadera razón es la falta real de accesibilidad a la alimentación, derecho humano básico, por parte de un número muy importante de seres humanos, ya sea por la imposibilidad de cubrir los costos de producción propia o de poseer un ingreso que permita su adquisición.

MARÍA JESUSA IZAGUIRRE

Licenciada en Economía. Secretaria de Economía Social.

Partido Socialista de Río Negro

MARÍA JESUSA IZAGUIRRE


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