Desaparición forzada: no saber aterroriza





Luciano Hazan *


El derecho internacional reconoce a los familiares u otros allegados directamente afectados como víctimas. Y por lo tanto les da derechos y obliga a los Estados.


El lunes fue el Día internacional de las víctimas de desapariciones forzadas, un momento en el que reforzar en las sociedades la necesidad imperiosa de seguir buscando a los desaparecidos. Y muy especialmente, de apoyar a las familias en esa búsqueda, quienes viven un verdadero suplicio.

Las familias y los allegados de los desaparecidos necesitan de la solidaridad y el apoyo -moral, político, financiero- de todos. En muchos contextos no lo tuvieron en sus países y lo fueron a buscar en otros lugares: organismos internacionales, países amigos, organizaciones religiosas y agrupaciones de víctimas que pasaron por lo mismo en otras latitudes. Ese apoyo les permitió continuar con la búsqueda y la lucha.

Es al interpretar ese suplicio que el derecho internacional de los derechos humanos reconoce a los familiares u otros allegados directamente afectados como víctimas de las desapariciones forzadas. Y por lo tanto les da derechos y obliga a los Estados.

En pocas palabras, a la verdad, la justicia, la memoria y la reparación.

En más palabras, a buscar y devolver con vida a los desaparecidos, a conocer qué sucedió con sus seres queridos y en caso de fallecimiento, a la búsqueda, identificación y restitución de sus restos.

También a que se haga una investigación inmediata, porque la experiencia ha demostrado que esas primeras horas son claves para preservar la vida o la integridad de la persona frente a la tortura.

Esa investigación debe ser exhaustiva e imparcial, por eso no pueden participar ni la justicia militar ni fuerzas u organismos estatales sospechados de haber estado implicados en la desaparición.

El Estado debe cuidar a los familiares, sus defensores, los testigos y a toda persona relacionada a la investigación de cualquier forma de represalia.

Ya no se trata solamente de los detenidos-desaparecidos de las dictaduras del continente americano, destinadas a eliminar a la oposición política y a disciplinar a través del terror.

En todos los continentes se cometen desapariciones forzadas: lo son las desapariciones de pibes pobres que mueren bajo la tortura en las comisarías argentinas y sus cuerpos son ocultados para garantizar impunidad; son víctimas de este crimen los defensores de derechos humanos o líderes comunitarios desaparecidos para que nadie se atreva a luchar contra el narcotráfico en México o contra grandes proyectos que afectan el medioambiente en Colombia u otros países americanos.

También quienes desaparecen por reclamar por las tierras ancestrales a manos de fuerzas estatales o paraestatales.

Las personas migrantes que desaparecen en rutas controladas por mafias bajo la vista cómplice de los estados.

Las víctimas de las rendiciones extraordinarias o la denominada lucha contra el terrorismo en muchos países, o quienes desaparecen en el marco de conflictos armados.

En sus diversas formas, sigue siendo un método de disciplinamiento social a través del terror. Porque no saber aterroriza. La solidaridad con los desaparecidos y sus familiares es una forma, al alcance de todos, de frenar el terror.

* Miembro del Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas e Involuntarias de Naciones Unidas.


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