Desvaríos locales

El gobierno, celoso de la legalidad en Viedma y transgresor en Bariloche.

Por Redacción

DE DOMINGO A domingo

ADRIÁN PECOLLO adrianpecollo@rionegro.com.ar

El gobernador Weretilneck es un hombre de posiciones ambiguas. Profesa un andar de fronteras y tratos rebatibles. Practica el diálogo y reniega de las públicas posturas absolutas. Perdió ese estilo con su irrupción en Bariloche junto al senador Miguel Pichetto. Esa procacidad no bastó. El intendente Omar Goye resiste y, aun maltrecho, se erige en un aprieto irresuelto. Actualmente, Weretilneck y Pichetto aparentan apartarse. Pretensión que explica la sigilosa presencia de ayer en Bariloche. La acción parece depender del Concejo Deliberante y sus moradores no están apurados en resolverla. No hay ningún pedido de revocatoria, como el gobernador y el senador plantearon hace diez días a los concejales. El bloque del Frente Grande desvaneció su arremetida verbal y ahora lo promete para esta semana. Ocurre que no están garantizados los votos. Esa indecisión alcanza a la bancada justicialista. La presidenta del Concejo, María Martini, pendula y se niega a liderar un plan destituyente, pensando en el costo de su eventual candidatura a la sucesión. Dudan. Ese estado que no se permitieron Weretilneck y Pichetto. Para ellos, la peor opción radicaba en incumplir el deseo de la presidenta Cristina Fernández. Tal desplante equivale al suplicio. El descontento en Bariloche se puede remontar, pero lo otro es irrecuperable, piensan. El análisis se centró en la efectividad y la celeridad para cumplir. Así se evaluó y luego se desechó una inmediata citación de Goye al Alto Valle a las pocas horas del encuentro en la Casa Rosada. En la última semana Weretilneck recibió un llamado de la mandataria, quien reforzó su carga contra el intendente y apuntaló la convicción del gobernador, que ofrecía –para ella– ciertos relajos. La estrategia centralista tiene fugas notables. Hay actores callados. Ninguno de los diputados del FpV de Bariloche ha hablado. Esa mudez sorprende en César Miguel, vicepresidente de la Legislatura e intendente renunciado, y en la exconcejal Arabela Carreras, dos legisladores que hasta ahora eran devotos del transitar de Weretilneck. ¿Todos participan del proyecto? ¿O expresa una velada censura a la ofensiva del gobernador? La deserción fue clara por parte de Martín Soria, otro asistente a la cumbre presidencial. El roquense fue la principal voz censora y aporreó lo hecho por Weretilneck y por Pichetto. Ambos silencian su enfado mientras consolidan su desconfianza hacia el roquense. El intendente se desentendió del desorbitado pedido nacional, pero aprovechó una contribución ajena cuando no se lo hizo partícipe del viaje a Bariloche para presionar a Goye. Afuera del cuadro, Soria maquinó lo que mejor hace y se despegó. El aislamiento era todavía peor pero Weretilneck requirió apoyos anti-Goye. Así emergió el duro comunicado del presidente del bloque, Pedro Pesatti, seguido por dichos del vicegobernador Carlos Peralta y algunos legisladores. Pichetto tuvo que remediar una contradicción propia, exigiendo a los suyos que se fueran del gabinete barilochense. La fragilidad de Goye radica en la ineficiencia y el desgobierno municipal. El último pago salarial se cumplió con auxilio del Banco Patagonia, previa consulta al equipo provincial. No pasará mucho para que esa entidad detecte falta de respaldos técnicos para mantener descubiertos de seis a ocho millones. Ese vacío se replica en lo político. La mitad de su gabinete está vacante, incluyendo secretarías esenciales como Hacienda, Turismo, Desarrollo Humano y Desarrollo Económico. Y Viedma se incorporó al complejo panorama oficial. La capital poco se parece a Bariloche. Su proceso se generó por el fallecimiento del intendente radical Jorge Ferreira y su Estado atesora recursos para casi tres meses de haberes. La compulsa será política y electoral y el primer sondeo de Río Negro. La UCR buscará retener su único municipio importante mientras que el FpV quiere consolidar poder, pensando en Bariloche y en las parlamentarias de octubre. El oficialismo provincial asumió un innecesario reto. Viedma votará el 17 de marzo, según la Carta Orgánica, pero el gobierno de Río Negro discutirá esa fecha para posponer la elección por un mes. Juzgan que ese tiempo permitiría un mejor acomodamiento y desgastaría más a la administración local. Hay actitudes disímiles. Celosos guardianes legales en Viedma y transgresores institucionales en Bariloche. También reproducen marchas confusas. Weretilneck llamó al intendente interino José Luis Foulkes y habló de respetar el cronograma que decida Viedma, pero dos días después el secretario general, Hugo Lastra, se encaminó en otro sentido argumentando la defensa de la normativa provincial y advirtiendo que concurriría a la Justicia. Habría que repasar un fallo del STJ del 2007 (Rodrigo c/Bariloche) que delimita las competencias en las cuestiones electorales. El FpV detectó con simpatía la oposición asumida por Confluencia contra la Carta Orgánica. ¿Estos partidos sabrán que en la Convención del 2010 avalaron la supremacía municipal? Dejan bien desubicados a dos convencionales y potenciales candidatos: el justicialista Matías Rulli y el socialista Ernesto Maimone. La UCR reaccionó y fijó su interna para el 3 de febrero. El Consejo del PJ se reunirá el martes para definir las estrategias de Bariloche y Viedma. Se mantienen los recelos partidarios que en diciembre determinaron una convocatoria disidente a la conducción, que Pichetto invalidó al judicializarla y obtener un recurso de no innovar. Esa resolución no acallará seguramente reproches. Antes de los resultados de los sondeos pedidos, la candidatura de Mario Sabbatella –que tendrá que renunciar al Tribunal de Cuentas– sería la primera alternativa cuando se repliegan Juan Manuel Pichetto y Rulli. Otros –como el extitular de Unter Marcelo Nervi– alientan la selección sólo por las internas. El radicalismo tiene su encrucijada. El sector gobernante, que edificó Ferreira, postula a Foulkes o, eventualmente, Darío Berardi. Enfrente, Mario De Rege ya está preparado, Bautista Mendioroz se ilusiona y Horacio Massaccesi se entusiasma. Se suma al debate Fernando Chironi. A cada trazado se le contrapone un obstáculo. Los rencores brotan entre el radicalismo gobernante y De Rege. Iguales sentimientos dividen a Mendioroz y a Massaccesi. Es impensado que haya respaldos auténticos entre ellos. ¿Será posible un esquema de unidad entre tanto resentimiento? ¿O volverá la dispersión del 2011? Las expectativas del oficialismo rionegrino se nutren de esos misterios. La administración Weretilneck seguirá atada a planes políticos y electorales. Continuarán las dificultades para ocuparse de la política social, de la obra pública o de la reactivación económica. Por caso, se desconoce todavía de la convocatoria a las empresas para la renegociación petrolera a más de tres semanas de lograr la ley. El secretario de Energía, Jorge Borrelli, está de vacaciones. ¿Descuido? No. Evalúa su futuro, pues descree del mecanismo aprobado. No hay secretos. Borrelli criticó el esquema del 2010 porque la negociación era inviable con una comisión tan numerosa. La nueva ley concluyó con esa multitudinaria integración y además incorporó una discusión pública en la Legislatura. En cambio, no hay sorpresas en el repetido conflicto frutícola, que se reabrirá mañana con la protesta de los ruralistas. Weretilneck se introduce, otra vez, en esa problemática. Esta crisis no es obra suya pero sí está obligado a devolverles sentido y prestigio tanto al Estado como a la política. Condiciones que el gobernador, con Pichetto, extravió en Bariloche.