Día del Niño: “¿Qué le puedo regalar?





Jerónimo Moretti *


Más que un objeto, el jugar o buscar alguna actividad con nuestros hijos (en la que nosotros y ellos nos sintamos a gusto) nos permite conocerlos y ahondar el vínculo. Los hace sentir valorados y queridos.


Se acerca el Día del Niño, una celebración que en nuestro país comenzó en 1960, un año después de que la ONU proclamara la Declaración de los Derechos del Niño. El origen de esta fiesta está relacionado con la concientización y el reconocimiento de sus derechos, pero con el tiempo fue mutando a un festejo más comercial.

Esto es tan así que, hoy en día, empezar a pensar qué regalarles a nuestros chicos es todo un tema. Los padres no sólo tienen que resolver qué comprarles, sino que tíos, padrinos, abuelos, muchas veces recurren a preguntarles, lo que hace que su elección sea más difícil aún. Las jugueterías lanzan sus promociones y, en un mundo donde los juguetes son cada vez más abundantes y descartables, los padres pueden verse en una encrucijada difícil de resolver.

Algunas décadas atrás, cualquier niño de clase media tenía un canasto de juguetes y no mucho más que eso. Hoy el consumismo en el que vivimos hizo que la habitación de cualquier chico de esa misma clase esté desbordada de juguetes. Esto termina acentuando que la novedad del juguete elegido, en general, dure poco y seguramente en algunos días u horas termine en algún cajón con el resto de sus antecesores. Ante esta situación cabe preguntarnos: ¿vale la pena seguir comprándoles juguetes?, ¿de qué depende que un chico juegue con sus regalos o que en pocas horas se aburra y necesite algo nuevo?

Por supuesto que estoy de acuerdo con que se regalen juguetes, no es ahí a donde apunto. Todo chico tiene derecho a ellos, pero me gustaría en este artículo destacar la importancia del juego en sí mismo y cómo éste no depende de los juguetes. El juguete es un estímulo externo, puede causar mayor o menor curiosidad, pero ésta se agota rápido, y lo que el consumismo trata de llenar con un nuevo juguete en realidad es un barril sin fondo. Que un chico pueda disfrutar de sus juguetes va a depender, en realidad, de su capacidad para jugar.

¿Y de dónde surge dicha capacidad? Para tratar de responder de manera sencilla diría que empieza desde el principio.

En los primeros meses de vida, el bebé comienza a descubrir el mundo que lo rodea y, con el correr del tiempo también va desarrollando su propio mundo interno. Esto no lo hace de manera paralela sino en un contacto estrecho, en un ida y vuelta constante, entre el mundo externo y el interno, que tiene un punto de unión en lo que más tarde será esta capacidad para jugar. Al hablar de mundo externo nos referimos en un principio a su cuidador, y con el tiempo, al ambiente. Éstos tendrán la función de facilitar el desarrollo del potencial innato del niño que irá enriqueciendo su mundo interno.

El juego es una actividad creadora que todo niño posee y es uno de los primeros modos de relacionarse con los objetos. Cualquier objeto puede transformarse en un juguete a ser utilizado en sus juegos. Por ejemplo, una rama puede ser una espada, un bollo de papel una pelota, etc. A medida que los niños van creciendo, el juego, se va convirtiendo no solo en un modo de elaborar sus miedos o preocupaciones sino también, y fundamentalmente, en un modo de expresar y descubrir su persona.

Hay autores que asocian el juego de los niños con la capacidad para concentrarse y desarrollar actividades artísticas, culturales y laborales en la adultez. Coincido con este planteo e incluso diría que la capacidad para jugar va a estar relacionada estrechamente con el modo de vivir que cada uno de nosotros tenga. La capacidad para jugar en la adultez nos permite sentir que la vida no es algo que se nos imponga, sino que es nuestra vida y que a pesar de las limitaciones inevitables que la realidad nos traiga la manera de atravesarlas seguirá siendo nuestra elección.

Es importante para que los niños la desarrollen que podamos ser empáticos con ellos. De este modo, el peligro que pueda sentir el bebé será más tolerable y el ambiente se va a volver más confiable y tranquilo. ¿Quién podría jugar cuando se siente intranquilo? Los más chiquitos necesitarán al principio que nos sentemos y fomentemos el vínculo con ellos a través del juego o simplemente los acompañemos mientras juegan. Jugar o buscar alguna actividad con nuestros hijos (en la que nosotros y ellos nos sintamos a gusto) nos permite conocerlos y ahondar el vínculo. Los hace sentir valorados y queridos. “Si papá o mamá juegan conmigo es porque le intereso”, podríamos imaginar que piensan. Un dato curioso de la pandemia que estamos atravesando es que varios colegas comentan que sus pacientitos destacan como positivo que ahora pueden pasar más tiempo con sus padres.

Entonces: ¿qué regalar para este Día del Niño? Esa respuesta tan complicada, en cuanto a los objetos o juguetes, quedará en cada uno. A mí me gustaría responderla más allá del regalo material. Quizás en este Día del Niño podemos además volver un poco a los orígenes de esta celebración y tener más presente que el derecho a jugar es un derecho fundamental para todos los niños, y en especial para los nuestros. Que ellos puedan disfrutar del juego, en parte, va a depender de nosotros.

* Psicoanalista Miembro de Apdeba (Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires)


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