Diario de una mujer apasionada

Anaïs Nin, mujer que se convirtió en mito y de la que se reconocen más los escándalos que el valor literario de sus diarios, de los que acaba de editarse un nuevo volumen.

Por Redacción

BUENOS AIRES (Télam).- La escritora Anaïs Nin llevó desde la niñez hasta su muerte los «Diarios» que la harían célebre en todo el mundo por su contenido escandaloso y su valor literario. Por estos días se publicó en la Argentina un volumen que reúne los pasajes más polémicos de esa obra centrado en sus relaciones con Henry Miller y su mujer, June.

En torno de la vida de Anaïs Nin se ha forjado un gran mito. Curiosamente, ni quince mil páginas de su diario, buena parte de las cuales fueron publicadas por vez primera hace más de 35 años, han bastado para que el grueso del público deje de pensar en ella como la «protectora del arte y los artistas», la mecenas de Miller, y a cambio la vea como una voz literaria poderosa y autónoma tanto en lo que tenía por decir como en la forma de decirlo.

La escritora dejó instrucciones precisas a Rupert Pole (su último esposo y albacea literario), de no publicar los famosos «Diarios» en su totalidad sino hasta la muerte de Hugh Guiler por discreción, ya que éste fue su esposo y protector durante las décadas de los veinte y los treinta en París, época en la cual desarrolló parte fundamental de su trabajo literario.

Cuenta la leyenda que la aventura de los «Diarios» se inició en el vapor Montserrat, en un largo viaje Barcelona-Nueva York, cuando Anaïs sólo tenía once años.

En ese año de 1914 su padre, el compositor español Joaquín J. Nin y Castellanos abandonó a su mujer Rosa Culmell, quien con sus tres hijos decidió cruzar el Atlántico mientras su pequeña hija escribía una carta para contar a su padre los detalles del viaje, con la esperanza de que la separación fuese momentánea.

Nin conoció al matrimonio Miller en 1931, en París. Inmediatamente se sintió atraída por la personalidad del escritor y la extraordinaria belleza de su esposa. Contrapunto enigmático de la inalcanzable June y del cambiante Henry, mantuvo con ellos una intensa relación que la liberó intelectual y sexualmente y la condujo al psicoanálisis.

Durante ese período casi no dejó de registrar un solo día en sus cuadernos la evolución de un triángulo por momentos amoroso, por momentos destructivo, siempre apasionante, tal como lo demuestra la publicación de «Henry Miller, su mujer y yo», recién editado por el sello Emecé.

La autora de «Pajaritos» fue conocida como «protectora del arte y los artistas», principalmente a partir de que conoce al autor de «Trópico de Cáncer», ya que ejerció sobre él una especie de mecenazgo, sin menoscabo del afecto que ambos se procuraban, pues su relación siempre estuvo llena de matices que fueron desde la consideración mutua del trabajo literario hasta el compartir su vida sexual, la camaradería y una amistad profunda que los unió durante muchos años.

Al principio, la relación entre Henry y Anaïs fue puramente intelectual: él era el encargado de mostrarle el mundo bohemio de los artistas de Montparnasse, con toda la decadencia y libertad que hasta el momento Anaïs desconocía y juntos intercambiaban ideas acerca de literatura, filosofía y psicología.

Cuando la mujer de Miller, June, viaja a París, deslumbra a Anaïs con su exuberante belleza y su extraña forma de ser. En marzo de 1932 la esposa vuelve a Nueva York, y es ahí cuando Anaïs y Henry dan comienzo a una ardiente relación que significa para ella un despertar sexual.

Pero en octubre de 1932 June vuelve a París y da comienzo a una relación triangular. Anaïs parece encontrar en cada uno una atracción diferente: «Henry me da el mundo, June me da la locura».

La relación con June es también una liberación de la rígida educación católica recibida durante su infancia. Representa un viaje hacia la esencia de lo femenino: «Esta noche saldré con June. Me hundiré en una atmósfera femenina, el anhelo constante de amor, la dependencia perpetua de un hombre. Señales de amor, atención, llamadas, regalitos, efusividad, ningún trabajo que rivalice», relata en «Henry Miller, su mujer y yo».

En 1933, June se radica definitivamente en Nueva York, angustiada al descubrir la relación entre Anaïs y Henry. Intenta separarlos, pero no lo consigue.

Anaïs escribe en sus «Diarios»: «Henry, mi amor, mi amor, Henry. He luchado y combatido para ser digna de ti, para ser mujer, ser fuerte e intrépida. Te he amado contra el miedo y sin esperanza de felicidad; me he arriesgado a sufrir la mayor herida, la rivalidad más peligrosa. No era coraje, sino amor, amor. Te amaba tanto que corrí el riesgo de perderte».

Por esos años, Anaïs financia la publicación de «Trópico de Cáncer» (1934), dando impulso a lo que llegaría a ser la exitosa carrera literaria de Henry Miller.

«Al salir de mi gran soledad, inexperiencia, vida fantasiosa, pude afrontar la experiencia de Henry y June sin torpezas, supe fascinarlos, despojarlos de sus corazas, amarlos y recibir su amor como su par en poder y experiencia mientras maduraba día a día, a la vez que disimulaba mi enorme ignorancia e ingenuidad», escribe Anaïs en sus «Diarios».

Mientras Miller tiene aventuras con prostitutas, Anaïs comienza a tener una serie de amantes, hombres y mujeres. Sin embargo, no tiene la intención de divorciarse de Hugh Guiler: «Temo mi libertad. Hugo es el hombre a quien debo la vida. Le debo todo lo más bello que poseo; su abnegación me ha servido de puente a todo lo que tengo hoy: trabajo, salud, seguridad, felicidad, amistades. Ha sido mi verdadero dios generoso», escribe.

«Estoy eternamente endeudada con él: con su conmovedora y magnífica fidelidad. Sólo podría liberarme si él fuera cruel, frío, mezquino, pero ahora no tengo la menor justificación. l es el hombre más extraordinario del mundo, el único capaz de demostrar amor y generosidad», confiesa Anaïs.

La relación entre Anaïs y Henry se va apagando progresivamente: él vuelve a casarse y ella frecuenta a jóvenes artistas, la mayoría de ellos homosexuales.

Anaïs muere en 1977 y Henry en 1980. Sin embargo, hasta la muerte de Hugh, ocurrida en 1986, Anaïs no autoriza la publicación completa de sus diarios, según consta en su testamento.


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