Diez años de prisión por prostituir a su novia

El caso se descubrió en Neuquén el año pasado. La víctima era menor. El acusado dijo que ella lo hacía por su voluntad y sin presiones. Para los jueces quedó la duda y lo tuvieron en cuenta como atenuante.





NEUQUÉN (AN).- La Justicia condenó ayer a 10 años de prisión a un hombre acusado de facilitar la prostitución de su novia menor de edad. Se trata de Jorge Alejandro Tanachwiez, quien según el fallo «realizó actos tales como determinar la parada donde debía contactar con los eventuales clientes, elegir el hospedaje donde debía atenderlos sexualmente, procurarle los elementos necesarios para ejercerla y brindarle seguridad».

La fiscalía había pedido 12 años de prisión pero según la sentencia los jueces tuvieron en cuenta como atenuante que «no puede descartarse que la menor, por enamoramiento o la razón que fuere, haya consentido iniciarse en la prostitución».

De esta manera, aplicaron 10 años que es el mínimo legal («ya de por sí elevado», dijeron) para el delito de «facilitación a la prostitución agravada»).

La víctima, cuya identidad de mantiene en reserva, es oriunda de la provincia de Mendoza donde ahora reside y cursa un embarazo producto de otra relación. Su estado le impidió presentarse a declarar en el juicio oral que se realizó la semana pasada.

El imputado la conoció cuando ella tenía 16 años. Iniciaron una relación, viajaron por varias ciudades del país y el 30 de abril de 2008 recalaron en Neuquén. Se alojaron en un hotel del bajo utilizado por las prostitutas para atender a sus clientes.

Dice el fallo que ese mismo día la joven comenzó a ejercer la prostitución. «Fue una decisión libremente adoptada por ella», afirmó el acusado en su descargo. Agregó que «no fue algo de su agrado pero lo debió tolerar ante la grave situación económica por la que ambos atravesaban».

La menor llevaba dos días en la calle cuando recibió una paliza de un cliente. Una semana después quien le pegó fue Tanachwiez, porque los ingresos habían disminuido. Y a los 15 días, la víctima se presentó en el hospital con lesiones en el rostro y los brazos. «No aguanto más», dijo, y denunció lo que le estaba pasando.

Los jueces desarmaron el argumento defensista del acusado. Dijeron que sabía que la víctima era menor, y que eligió la esquina en la cual debía pararse para atraer clientes, mientras él la vigilaba.

El fallo, que consta del voto principal del juez José Andrada con la adhesión sin argumentos propios de Emilio Castro y Héctor Dedominichi, indica además que queda la duda (a favor del imputado) sobre si la víctima se inició voluntariamente o no en la prostitución, pero al mismo tiempo destaca que por ser menor de edad «su consentimiento es irrelevante».

Sin embargo vuelve sobre el punto al merituar la pena que corresponde aplicar, ya que considera ese eventual consentimiento como atenuante para fijar el monto de la pena a cumplir por Tanachwiez.


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