Discriminación, docencia y estupidez

Redacción

Por Redacción

La delegación del Inadi en Tucumán ha recibido una denuncia contra Carlos Arrendó, secretario adjunto de la Unión de Docentes de Tucumán (UDT), por considerar discriminatoria una expresión emitida por esta persona. La cita de sus manifestaciones a un canal de televisión dice: «Acá ´esta política judía nazi´ que forma parte de un sinceramiento propio de quienes hoy persiguen a los que no tenemos otra actitud de estar a la par de los trabajadores».

Uno podrá decirse: una expresión antisemita más; qué le hace una mancha más al tigre. Pero no, por dos motivos: porque es un dirigente de los docentes -de aquellos que se supone que enseñan, no solamente aritmética sino también valores éticos a sus alumnos- y porque se trata de una expresión carente de todo sentido discernible. Es casi como si dijera «las verdes polleras del océano de ceniza que ruedan por la peluca de Alfredo» o peor, porque a esa disparatada frase que acabo de escribir por lo menos le noto cierto ritmo poético. O sea: un dirigente docente emite una declaración antisemita carente de sentido semántico. Éste debería ser un delito punible no por el Inadi sino por cualquier grupo de gente con dos dedos de frente y el dirigente debería ser expulsado de su gremio y de la docencia, pero no tanto por antisemita sino por estúpido: por emitir frases sin sentido por un medio de difusión masiva.

Esto en cuanto al caso puntual. En estas líneas ya hemos tratado el tema de la educación muchas veces. No me canso, y seguiré, porque el de la degradación de la educación pública es el problema más grave que enfrenta el futuro de nuestro país. Si un fanático e imbécil puede decir un disparate así por la televisión y nadie lo para, se puede esperar que diga a sus alumnos incongruencias parecidas, lo que es muy grave.

Hace mucho que los valores humanos se han perdido en la escuela pública argentina. Ni siquiera es un aprendedero. Y si un docente se atreve a recriminar a un alumno su falta de dedicación, corre peligro físico: puede ser agredido por el alumno o por sus progenitores, como ha ocurrido en estos días entre nosotros. Cuando éramos chicos y la maestra llamaba a nuestros padres a la escuela, temblábamos y recibíamos algún castigo de nuestros progenitores: ahora los que lo reciben son los docentes.

Ahora bien: esto ocurre en la escuela pública. No en las privadas, en las que los docentes tampoco pierden semanas enteras de clase haciendo huelgas que sólo perjudican a los alumnos por más justas que sean sus reivindicaciones. Claro que estas escuelas públicas, que todo el mundo dice defender cuando se llena la boca con la «Sociedad del Conocimiento», se empiezan a caer a pedazos no bien inauguradas, sus baños están tapados y a ningún alumno o progenitor se le ocurre tomar el toro por las astas y limpiarlos. Esa tarea les corresponde a otros. Como la construcción de viviendas: tengo derechos pero rara vez obligaciones, y el clientelismo que reina en este país ha hecho que esperemos todo de un Estado al que tratamos de no pagar nuestros impuestos y al que no estamos dispuestos a dar ni lo que nos corresponde por ley. No nos sentimos responsables de nada y con el derecho de exigirlo todo. El clientelismo y la irresponsabilidad cultivada nos han destruido -y esto incluye a los dirigentes-. Si el dirigente citado y denunciado representa a sus colegas no sólo sindicalmente sino a nivel de la profundidad de su pensamiento estamos más fritos de lo que suponíamos.

Esta peste ha atacado -tal vez de muerte- todo el tejido social. Los que salen ganando son los pudientes, que mandan a sus hijos a escuelas privadas donde los obligan a estudiar, disponen del equipamiento moderno que necesitan y no pierden la mitad de sus días de clase por huelgas, porque allí los docentes arriesgan su puesto.

Algo homólogo ocurre en ciertas universidades. Las autoridades legítimas están sobrepasadas por pequeños grupos de patoteros violentos sin representación alguna en las elecciones nacionales que manejan los centros de estudiantes mediante consignas anticuadas y demagógicas y que con pretextos pretendidamente políticos enteramente alejados de la realidad del país llegan al límite delictivo de impedir físicamente el funcionamiento de las legítimas autoridades universitarias ante la incomprensible impasibilidad de las «mayorías silenciosas», que son sus principales víctimas. Y seguimos llenándonos la boca con el latiguillo de la Sociedad del Conocimiento.

Volvamos ahora al caso que desencadenó esta nota: un dirigente docente tucumano que dice dislates antisemitas ante la televisión tucumana. ¿Qué será una política a la vez judía y nazi? Recuerdo haber leído una vez un libro que me resultó encantador porque era el antisemitismo llevado a su expresión más absurda: el autor pretendía demostrar que todos los líderes nazis tenían algo de sangre judía, porque solamente los judíos eran capaces de inventar una política tan perversa como la del nazismo. Esto, como el caso del dirigente docente tucumano, es tan ridículo que sólo puede causar desprecio: pero hay mucha gente que no se detiene a pensar en la incongruencia de lo que dice o de lo que se les dice.

Pero hay casos aún más nefastos por provenir de quien provienen: un hombre tan célebre e inteligente como José Saramago ha sido capaz de decir que la política israelí con los palestinos era lo mismo que lo que los nazis habían cometido con los judíos. Lo malo de eso es que la gente rara vez se detiene a pensar en los disparates que se suelen decir -digamos que lo hace en el calor de la lucha política- contra una política israelí que tampoco comparto: me siento más cerca de Daniel Barenboim y Amos Oz que de los halcones israelíes. Pero de allí a decir impunemente disparates hay un largo camino.

Retomemos el caso del docente tucumano. El sujeto debe tener una extraña visión del mundo, tan extraña que no debería estar habilitado para difundirla entre chicos en formación. Uno se pregunta, ¿qué pensará -si piensa en otra cosa que en mantener su cargo sindical- sobre temas realmente significativos como la crisis financiera o el cambio climático? ¿Qué enseñará a sus alumnos sobre qué es el mundo? ¿Quién controla esos dislates? Probablemente nadie: por desidia, por falta de nivel en las autoridades, por carencia de leyes que penalicen decir frases absurdas o envenenar la mente de los alumnos, por la libertad sindical, por el abandono de toda esperanza en salvar la educación pública? pero claro, los alumnos tampoco están al abrigo de las banalidades cholulas de un Tinelli ni de las obscenidades de algunas divas más vistas que los desastres que ocurren en el mundo.

Deberá entonces intervenir el Inadi. Pero aún habría que legislar para que el concepto de discriminación se extendiera a negar a gran parte de la población una educación digna y sensata.

Tomás Buch

Tecnólogo generalista


La delegación del Inadi en Tucumán ha recibido una denuncia contra Carlos Arrendó, secretario adjunto de la Unión de Docentes de Tucumán (UDT), por considerar discriminatoria una expresión emitida por esta persona. La cita de sus manifestaciones a un canal de televisión dice: "Acá ´esta política judía nazi´ que forma parte de un sinceramiento propio de quienes hoy persiguen a los que no tenemos otra actitud de estar a la par de los trabajadores".

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