Dolor desgarrador en el sepelio de chicos de Roca

Medio millar de personas asistió a los velatorios de Fabricio Vaccari y Gimena López en el colegio Domingo Savio.



Fabricio Vaccari fue despedido por cerca de 500 personas.
ROCA (AR) .- Una jornada signada por el duelo y una profunda congoja se vivió ayer en esta ciudad, al despedir los restos de dos de los estudiantes fallecidos en Bariloche. Desde temprano, cantidad de familiares, amigos y vecinos se dio cita en el Colegio Domingo Savio para despedir los cuerpos de Fabricio Vaccari y Gimena López, que fueron velados en el mismo recinto.

El salón de reuniones del colegio de calle Sarmiento fue el escenario elegido. A tal fin, los féretros fueron dispuestos uno al lado del otro, para permitir la afluencia de quienes se acercaron a dar el último adiós a los infortunados jóvenes. Rostros desencajados y escenas de llanto y pesar se registraron durante toda la jornada. Los familiares y amigos directos de las víctimas permanecieron toda la noche en vigilia, dándose fuerza mutuamente para poder sobrellevar el inmenso dolor.

El féretro con el cuerpo de Fabricio Vaccari fue sacado a las 10 al patio principal, donde se realizó una ceremonia de despedida. El padre Jaime Belli presidió el breve homenaje, diciendo que “éste es un lugar acorde para despedir a Fabricio, ya que él lo recorrió durante doce años de estudios y formación cristiana. Oremos por el descanso de su alma y porque seamos capaces de continuar el ejemplo de fe, esperanza y amor que nos regaló”. Cerca de 500 personas se congregaron en el patio, entre los que se contaban familiares, amigos, miembros de la comunidad educativa y salesiana, además de trabajadores del hospital y funcionarios municipales. Belli culminó el acto destacando “todo el bien que hizo Fabricio a pesar de su corta edad”, tras lo cual elevó una plegaria por el descanso de su alma.

Luego se inició la marcha fúnebre hacia el cementerio municipal, donde pasadas las 11 fueron sepultados los restos de Vaccari. Unas 300 personas acompañaron en silencio el automóvil que transportaba el féretro hacia el lateral derecho del cementerio. También en silencio se colocó el ataúd en el foso, tras lo cual se dio el último adiós al joven, ante el dolor y la resignación de los presentes. Se colocaron coronas y ofrendas florales y se procedió al entierro.

A las 14 fue retirado del salón velatorio el féretro con el cuerpo de Gimena López. También en el patio principal del Savio se realizó la ceremonia de despedida a cargo del párroco Jaime Belli. Entre 400 y 500 presentes, muchos de ellos ligados a la docencia y la actividad deportiva, se congregaron en torno a la desconsolada familia de la joven. Belli pidió “recordar siempre los ejemplos de amor y esperanza que nos dio Gimena, ahora que partió de este mundo. Que esta despedida manifieste nuestro amor y mitigue el dolor por tan irreparable pérdida” expresó. Antes de rezar una oración por su eterno descanso, el cura recordó “la bondad y sana alegría que Gimena repartió en los corazones de quienes la conocieron”.

Tras la ceremonia se procedió al traslado del féretro hasta el cementerio parque, ubicado en la ruta 6, a metros del puente Paolini. Una extensa caravana de automóviles y dos colectivos acompañaron el cortejo fúnebre hasta el cementerio “Las Fuentes”, donde se depositaron los restos de Gimena. Con la suave música de Vangelis como fondo, una gran cantidad de vecinos se congregó para dar el último adiós a la joven. Entre lágrimas, abrazos y flores, sus familiares y amigos directos despidieron sus restos, mientras el cielo gris parecía compartir todo el dolor y la angustia de una jornada imposible de olvidar.

Angustia por la joven Padín

ROCA (AR) – Al cuadro de tristeza y desolación que ayer presentó la ciudad por los sepelios de Vaccari y López, se sumó también la profunda desazón que padecen los familiares y amigos de Gimena Padín, la única desaparecida de la trágica avalancha ocurrida en Bariloche. Además de la angustia por las escasas probabilidades de supervivencia de la joven, deben soportar también la incertidumbre por la incesante búsqueda para dar con su cuerpo.

Ayer viajaron a Bariloche a reunirse con sus padres los hermanos mayores de la joven estudiante, Daniel y Fernanda. Mientras, varias de sus compañeras de secundaria viajaron de urgencia desde distintos puntos del país, donde están estudiando. Como María Inés Uriz, una de sus mejores amigas, quien regresó de Córdoba. Visiblemente shockeada, María Inés calificó a Gimena como “una excelente persona, que siempre estaba contenta y con una sonrisa en su rostro. Somos amigas desde los ocho años, cuando empezamos a practicar gimnasia deportiva”.

Los padres de María Inés comparten el dolor y la enorme tristeza que embargan a su hija. Y, como tanta gente, tratan de encontrar una explicación ante la fatalidad. “Es una situación terrible. Tratamos de acompañar a los familiares de Gimena en este momento tan doloroso”, afirmaron.

La espera en el aeropuerto neuquino

NEUQUEN (AN).- Faltaban ocho minutos para la una de ayer cuando el avión Metro de la gobernación de Neuquén aterrizó en el aeropuerto Juan Domingo Perón. Allí esperaba gente que sumaba hasta cinco horas en los asientos, en las escaleras o en el café o en los autos que, desde temprano, fueron rodeados de ambulancias.

Que a las nueve, que a las nueve y media, que a las diez, que a las diez y media, a las once, a las doce de la noche…Y al fin, a las una de la madrugada el avión que trajo los tres féretros de los chicos valletanos.

Cada nuevo anuncio fue como una puñalada para quienes esperaban, sobre todo para los familiares y amigos de Martín Lemos, Fabricio Vaccari y Gimena López.

“Nos avisaron el domingo a las diez y media de la noche, desde esa hora que no duermo….qué saben ¿a qué hora los traen? ¿Por qué no salen?”, preguntaba una profesora de gimnasia de Roca.

Al fin, el avión blanco y azul mostró sus luces cuando faltaban doce minutos para una de la madrugada. Enseguida, el descenso de los pasajeros, los llantos y los gritos ahogados.

“Chocamos contra la burocracia y la falta de medios de Río Negro, terminamos haciendo los papeles en una Remington buscando la luz de la calle. Hay cosas que están mal y uno lo entiende, pero creo que en circunstancias excepcionales se necesitan esfuerzos y sacrificios excepcionales”, se desahogó la subsecretaría de Seguridad Ciudadana Alicia Comelli apenas tomó contacto con gente de gobierno que la esperaba en la plataforma.

“A veces los funcionarios servimos para reclamar algo o simplemente para hacer una llamada telefónica, no nos encontramos con eso en Río Negro”, siguió la mujer tras detallar los problemas que motivaron las sucesivas postergaciones de la partida desde Bariloche.

Entre las muchas personas que esperaban había representantes de la municipalidad de Senillosa donde paralizó a la ciudad a raíz de la muerte de Martín Lemos y del accidente grave de su hermano Nicolás. También estaba la cúpula de la Universidad Nacional del Comahue (UNC) que desde lejos seguía las chapas y las imágenes de los canales de noticias nacionales que una y otra vez informaban sobre la tragedia en la cordillera.

“Hay sensacionalismo y una obstinación por buscar culpables para algo que fue un accidente, horrible, pero un accidente que tiene que ver más con la naturaleza y la fatalidad que con otra cosa”, se lamentó uno de los máximos referentes del gobierno universitario.

Cuando las luces del aeropuerto se apagaban y las ambulancias dejaban el complejo, una mujer en llanto y con la mirada perdida preguntaba ¿a quién le doy la ropa? ¿Quién la va a poner la ropa? Cuando le contestaron que era imposible vestir a las víctimas se quedó tiesa y se apuntaló en un hombre que iba a su lado, deshecho también.


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