Don Zatti, el enfermero santo
Por Pedro Oscar Pesatti
Este mes se cumplirá un nuevo aniversario del natalicio de Artémides Zatti, nacido en Boretto, Italia, un 12 de octubre de 1880. A los 17 años, junto con su familia, llegó a la ciudad de Bahía Blanca. Allí conoció al padre Cavalli, quien fue su guía espiritual. Tres años después descubrió su vocación sacerdotal e ingresó al seminario salesiano de Bernal.
En aquel lugar, contrajo tuberculosis pulmonar y debió abandonar sus estudios. Retornó a su hogar en 1902 y decidió esperar la muerte como religioso de Don Bosco.
Nuevamente en contacto con el padre Cavalli, éste le aconsejó viajar a Viedma. Así lo hizo. Llegó al Hospital San José del «cura doctor», el padre Garrone, que pronto advirtió el delicado estado de salud del joven. Sin embargo, armado de una inquebrantable fe, don Zatti hizo un voto a la Virgen y logró vencer la enfermedad. El padre Garrone, ya entrado en años, vio en él a su sucesor. Y no le falló, porque a partir de ese momento y hasta el final de sus días se consagró por completo a la atención de los enfermos, entre quienes conoció a Ceferino Namuncurá.
En 1908, don Zatti se consagró a Dios como salesiano coadjutor y desde 1911 hasta 1951 se mantuvo al frente de la dirección del Hospital San José. Su tarea fue incomparable, como su coherencia entre la fe que predicaba y lo que hacía.
Falleció el 15 de marzo de 1951 como consecuencia de un cáncer de hígado. Nuevamente, la enfermedad no pudo derrotarlo porque continuó trabajando hasta su último día. Mantuvo, además, la entereza que recorrió todos sus años al punto de que él mismo redactó su acta de defunción. Todo Viedma lloró su muerte. Especialmente, los pobres y desamparados que el protegió, curó y amó durante sus 50 años de trabajo como enfermero, boticario y director de su hospital.
Los viedmenses que lo conocieron lo recuerdan en su emblemática bicicleta, con el delantal atado a la cintura y sembrando su cristiana alegría. Tampoco olvidarán jamás su tesón cuando debió abandonar el edificio del hospital porque allí se había decidido construir la sede actual del Obispado y debió comenzar de nuevo. El enfermero santo de la Patagonia marchó con sus enfermos hacia el edificio de los salesianos, en donde hoy, en el atrio de su templo, la Iglesia de San Juan Bosco, descansan sus restos.
El hospital y una junta vecinal de Viedma llevan el nombre de este vecino cuya historia de vida está inscripta en la memoria colectiva, porque Don Zatti fue simple y maravillosamente un hombre ejemplar, un hombre bueno y un hermano de todos.
Por ello, toda la ciudad celebró este 24 de abril de 2001 la resolución de su santidad, que puso fin al proceso canónico de la beatificación de Artémides Zatti. A partir de la suscripción de este documento sólo resta conocer la fecha de la proclamación pública, que probablemente se produzca durante abril del año próximo.
El milagro reconocido por la Iglesia está vinculado con la cura de un seminarista de la congregación salesiana ocurrida unos 20 años atrás.
Una apendicitis que generalizó una infección colocando al borde de la muerte al padre Carlos Bosio fue superada luego de una serie de oraciones elevadas a Zatti por sacerdotes compañeros del afectado. Este joven fue derivado en 1980 desde Bahía Blanca al hospital Muñiz de Buenos Aires en un estado grave, producto de la infección, que no tardó en provocarle una septicemia.
El grupo de salesianos cercanos al sacerdote inició jornadas de oraciones invocando a Zatti y en la Semana Santa de ese año -pocos meses después de enfermar- el joven sacerdote de 24 años despertó un buen día sin fiebre y se recuperó definitivamente. Carlos Bosio es hoy el responsable salesiano de las provincias de Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y Misiones.
El 9 de marzo del año pasado, en una reunión mantenida por los médicos de la Sagrada Congregación de los Santos en Roma se aprobó por unanimidad y en forma definitiva el milagro obtenido por intercesión de don Artémides Zatti.
La resolución de Juan Pablo II fue firmada también por el superior general de los salesianos, Juan Edmundo Vecchi, un viedmense que es, además, sobrino directo de «el enfermero santo de la Patagonia».