Dos modelos que no pueden convivir

Redacción

Por Redacción

Fruticultura e hidrocarburos no convencionales

MAGDALENA ODARDA (*)

El sistema integral de riego del Alto Valle del Río Negro y Neuquén constituye la infraestructura más importante de la provincia rionegrina, pues permite el riego de casi 65.000 hectáreas. Está constituida por una red de canales con un desarrollo de 1.977 kilómetros. Las principales explotaciones gracias a esta red son las de manzanas y peras, que ocupan más del 80% de la superficie total cultivada. Gracias a esta impresionante obra de ingeniería, Río Negro es una provincia privilegiada por la potencialidad productiva de todos sus valles. El Alto Valle propiamente dicho comienza en la confluencia de los ríos Limay y Neuquén, donde nace el Negro y alcanza hasta Chichinales, y tiene aproximadamente cien kilómetros. Es la región que concentra el 56% del total de las unidades productivas, luego le sigue el Valle Medio con el 19%. El Alto Valle del Río Negro tendría el 66% del total regable provincial, seguido por el Valle Medio con el 14,5% y el Valle Inferior, con el 7,2%, posee condiciones apropiadas para un óptimo desarrollo de la agricultura. La actividad frutícola cuenta con un gran número de pequeños productores (52%), sobre la que se apoya fundamentalmente la actividad productiva valletana. Éstos trabajan en forma familiar y contratando mano de obra temporaria para algunas tareas. El 42% estaría constituido por los productores llamados medianos. También está el otro segmento de “productores grandes”, que representan el 6%. En los últimos años se ha visto con mayor claridad la especulación financiera e inmobiliaria sobre la tierra y la persecución de los productores por deudas usurarias. La economía que generan los valles rionegrinos es considerada una de las más importantes del país, aunque las asimetrías producidas por la falta de políticas que protejan al pequeño y mediano productor han ido desplazando a éste de la tierra. Para revertir este proceso se requieren estrategias desde el Estado que garanticen el arraigo de los mismos y la transparencia en la comercialización de la producción. El advenimiento de la explotación del gas y petróleo no convencional a través del sistema de fracking –fractura hidráulica– en la zona del Alto Valle constituye una problemática bastante grave que está poniendo en alerta a la comunidad. Pone de manifiesto otro paradigma de la producción, que confronta abiertamente con el modelo rural y productivo que ha sostenido a los valles desde hace casi cien años. En la práctica, la fractura hidráulica consiste en perforar la tierra hasta miles de metros de profundidad en forma vertical y luego horizontal, para enviar a través de las perforaciones, a alta presión, mezclas de químicos con millones de litros de agua y centenares de toneladas de arena para “romper” la roca madre y extraer a través de sus grietas los hidrocarburos que se hallan atrapados desde hace siglos. Muchos estudios en distintas zonas de EE. UU. muestran innumerables consecuencias negativas. Un trabajo en el que se compiló información de 24 establecimientos rurales en seis estados sometidos a fracking registró la muerte de más de 70 animales por ingestión de aguas contaminadas, el nacimiento de algunos con deformaciones (por ejemplo, sin cola) y agudos trastornos reproductivos y gastrointestinales. En estas áreas han dado positivo las mediciones de contaminación de aire, agua y suelo por exposición a químicos de fracking. En un estudio publicado por el Parlamento Europeo en el 2011, titulado “Repercusiones de la extracción de gas y petróleo de esquisto en el medioambiente y la salud humana”, se exponen las consecuencias más visibles de la actividad; la contaminación de la atmósfera, de las aguas subterráneas, la fuga de fluidos de fracturación y el vertido de aguas residuales. El consumo de agua es diez veces mayor que en la explotación convencional. Muchos son los accidentes y daños documentados, como el de la explosión de una vivienda provocada por las operaciones de perforación y la posterior invasión de metano en el sistema de agua de la casa. El Alto Valle rionegrino corre el riesgo de convertirse en una gran “zona de sacrificio” a través de la producción de hidrocarburos no convencionales y del achicamiento de la zona productiva sobre la cual avanzan también las urbanizaciones. A juzgar por el abandono que están sufriendo los pequeños productores por parte del Estado, tanto provincial como nacional, podríamos suponer la perversa idea de cambiar la matriz productiva del Alto Valle, arraigada culturalmente, por otra basada en la producción hidrocarburífera no convencional. Está claro que el modelo frutícola no puede convivir con el extractivista del petróleo y gas, y que definitivamente este proceso será destructor para el tejido social y cultural y para el ecosistema del que todos formamos parte inexorablemente. (*) Legisladora CC-ARI de Río Negro


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