Dos neuquinos finalistas en el Mundial de Tango
Guillermo Barrionuevo y Fátima Hazime van hoy por el título en la especialidad de salón.
En el Pabellón Ocre de La Rural de Palermo, la noche del viernes fue de alegría para la pareja neuquina de Guillermo y Fátima que se clasificó para la Final de Tango de Salón en el Quinto campeonato Mundial de Baile de Tango que viene desarrollándose desde el 16 de agosto y cierra esta noche, a partir de las 20, con la ronda definitiva de esta especialidad y la entrega de premios.
Anoche, al cierre de esta edición, el roquense Pablo Contreras y la allense Cynthia Palacios, buscaban el premio máximo en la especialidad Tango Escenario.
«Antes de empezar estábamos bastante relajados, porque como es Tango Salón y hay que bailar como se baila en la milonga. Así que al principio y durante la competencia estuvimos tranquilos dentro de lo posible, sin pensar mucho, digamos…»
Guillermo tiene todavía la cara de haberse acostado bien tarde, mejor cuando las luces de la ciudad estaban apagándose, dialogó con 'Río Negro', recordando la etapa que acaba de sortear con Fátima Hazime.
«Llegar a la final fue una sorpresa, nos emocionamos (aquí la sonrisa se le ablanda). Bailamos tres temas. El jurado los elige aleatoriamente, no los conocemos de antemano y tenemos que improvisar. Hicimos un tango de Tanturi y Campos, otro de Pedro Laurenz y el tercero de Alfredo Gobbi… Un par los teníamos y otro, no. Además de rapidez en la respuesta, los jueces evalúan el desplazamiento por la pista, abrazo, elegancia, caminar… Postura, conexión de pareja, varios ítems califican.»
– ¿Pueden soltarse?
– «Según el reglamento sí, pero hay que volver al abrazo sin romperlo, sin abrirlo. Esa es la condición. Nosotros no nos separamos. Nos gusta juntitos (ahora sonríe con picardía). Vamos para adelante los dos juntos…»
– ¿Por qué cuestión ustedes son los finalistas del Mundial?
– «No lo sé… Porque vimos parejas muy buenas. Las de Neuquén tienen un nivel excelente y no quedaron, aunque merecían pasar. Me refiero a Coqui, Claudio Gómez, y Natalia Rojo, que son estupendos bailarines, y a Sergio Muñoz y Silvia Alanís…»
– ¿Cuántos quedaron para esta noche?
– «Somos cuarenta nomás, porque fueron seleccionadas 37 de 120 parejas en la semifinal. Al principio de la competencia, éramos más de trescientas… Y se agregan tres que ganaron el Metropolitano y pasan directamente a la última instancia de hoy. Ya conocemos a todas. Hay gente de Colombia, de Japón, Alemania, húngaros, brasileros, uruguayos; con ellos estuvimos en una milonga después de clasificar.»
– ¿Cómo reaccionaron al escuchar sus nombres?
– (Risa suelta, algo pudorosa). «Nos miramos, nos abrazamos, dimos un par de
vueltas en el lugar y salimos corriendo a recibir el pase a la final.»
– ¿Estrategia para hoy?
– «En semifinal hay que condicionarse un poco, no romper mucho el abrazo, no hacer muchas cosas… Me refiero a pasos, porque por ahí te dan ganas y no te animás, por las dudas… Pero hoy, yo bailo como quiero. Listo.»
– El nivel que alcanzaron, les abrirá posibilidades de trabajo?
– «Seguramente. El año pasado, también clasificamos para la final y el reconocimiento fue extra. No sé si acá en Buenos Aires pero, por ejemplo, en Neuquén tuvimos más actividad, fuimos más considerados. El exterior siempre está latente. Para mí, por lo menos. Fátima (su pareja también en la vida) recorrió mucho el mundo. Ella es del Líbano y ha andado por Francia, por todos lados. Yo, hasta Chile nomás… (Risas). Así que sigo con el sueño de bailar en Italia, un sitio de esos.»
– ¿Charlaron entre ustedes sobre las emociones que se vienen?
– «El sábado a la madrugada, ya estábamos hablando de eso. Y yo le dije a la Fati… En la Final voy a bailar como quiero porque si bien no voy a hacer gancho, porque no es mi estilo…»
– ¿Te referís a enganchar las piernas?
– «Claro. No lo voy a hacer, pero voy a danzar como bailo en la milonga y haré cosas que no están en el reglamento. El año anterior no se podían realizar un montón de pasos, seguí las reglas, bien, justito, y al final tiraban de todo… Así que no me voy a medir. Me voy a dar el gusto».
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