Dos países

Muchos argentinos están sorprendidos con el resultado de las encuestas nacionales que ubican casi ganador en primera vuelta al candidato oficialista Daniel Scioli. Sin embargo, si esos sorprendidos se salen del grupo de gente que normalmente frecuentan y analizan objetivamente la realidad del país, verán que tal resultado no debería resultar extraño.

Redacción

Por Redacción

COLUMNISTAS

Veamos unas pequeñas historias que creo que pueden ayudan a comprender un poco la evidente división actual de la sociedad argentina y la tan diferente visión de sus ciudadanos según qué lado de esa grieta ocupan.

Hace unas mañanas me encontré con un conocido que, muy angustiado, me comentó que su empresa se está fundiendo. El panorama que me pintó es más o menos parecido al común de las pymes hoy en el país: caída en las ventas mezclada con presión impositiva y costos fijos insoportables, lo que deriva en sueldos atrasados, cargas sociales impagas, demoras con proveedores, rentabilidad negativa y un futuro incierto.

Al rato nomás me crucé con uno de sus empleados y, comentando sobre lo difíciles que están las cosas, este muchacho reaccionó hasta enojado, en discrepancia total con mi comentario. «Las cosas no están tan mal», me dijo. Ante tal aseveración, y atento a la experiencia que he tenido en los últimos años con las discusiones sobre estos temas, opté por no seguir la conversación, ya que seguramente se iba a transformar en discusión y enojos mutuos. Seguí los dictados de aquella famosa frase que reza: «La mejor discusión es la que se evita».

Me fui pensando: «Este pobre muchacho no sabe que la empresa que le paga el sueldo se está fundiendo y que es probable que se quede sin trabajo». Pero más tarde me di cuenta de que en realidad el pobre infeliz era yo, al enterarme de que ese muchacho, en horario vespertino, trabaja en otra empresa, pero en este caso… del Estado. Y claro, ahí gana buena plata, con sueldos al día, poca exigencia y el horizonte totalmente despejado. Lo que menos quiere este muchacho es que alguien venga a escupirle el asado.

Va una segunda historia. Conozco a cuatro amigas ya jubiladas que comparten chinchón, tortas, charlas y hasta algún viaje; tres cobran «la mínima» y una cobra una buena jubilación (claro está, del Estado), algo así como cinco veces lo que sus amigas. El tema es que la que no cobra la mínima tiene que hacer enormes esfuerzos para tratar de hacerles ver a las otras tres que las cosas no están tan mal. Tiene que hacer casi un «relato» personal. Entonces, los comentarios son sobre «lo linda que estuvo la fiesta del 25 de Mayo», «lo espectacular que quedó el Centro Cultural Néstor Kirchner» o «qué hermosa quedó la terminal de micros o la rotonda de acceso», etcétera. En fin, se parece al informativo oficial «Argentina en noticias» que varias veces al día pasan algunas emisoras, donde sólo se difunden noticias positivas (en realidad, la mayoría de ellas son inocuas, no le mejoran la vida a nadie).

Creo fervientemente que los dos personajes a los que les va bien en estas dos historias defienden sin hipocresía la situación. Y es que, en general, el ciudadano común cree que al país le va como le va a él. Si le va bien, el país está bien. Y viceversa. Y en esto no hay mucho que cuestionar. El ciudadano común no puede conocer a fondo las razones de su bienestar o malestar. No sabe si su bienestar es genuino o es un privilegio que está sostenido por el esfuerzo de otros o apoyado en plata prestada. Sabe que está ganando bien, pero difícilmente pueda saber si es razonable lo que está cobrando y, más aún, si es sustentable la situación.

Entiendo que el ciudadano confía en que sus gobernantes, supuestamente gente que sabe de la cosa, tienen todo bajo control como para no despertarse un día y descubrir que todo era un castillo de naipes. Bueno, ahí es donde le erra feo el ciudadano común. Ese despertar es el que están viviendo hoy los griegos. Y entonces, ya es tarde.

Pero claro, mientras tanto, a mucha gente que está bien o mejor que en otras épocas la situación no le parece que sea un sueño del cual en algún momento se vaya a despertar.

Así que, mientras no haya un despertar violento en contra, lo más probable es que el voto vaya para el lado de mantener las cosas como están. Así de simple. Queda para una discusión posterior el tema de si Argentina está más cerca de Alemania que de Grecia.

(*) Economista

rolando citarella (*)


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