El precio del barril de petróleo, no le cree a China y sus números

El gigante asiático ostenta un crecimiento del 4,7% en la primera mitad de 2026. En lo que va de 2026, el precio del Brent no refleja ese aumento en la demanda, en un contexto de escasez de oferta por el conflicto bélico en el Estrecho de Ormuz.

Por Redacción

Crecimiento. La economía crece en China, la demanda de crudo no lo hace al mismo ritmo.

Por Gustavo Pérego (Abeceb)


Hay dos maneras de medir la temperatura de la economía china. Una es leer el termómetro de Pekín: el PIB creció 4,3% interanual en el segundo trimestre y 4,7% en el primer semestre. La otra es bajar al puerto, contar los petroleros y observar cuánto trabajan las refinerías. Los dos termómetros no cuentan la misma historia.


A comienzos de septiembre, después de nuevos ataques estadounidenses e iraníes, el Brent volvió a rondar los US$95. No es barato. Pero la pregunta relevante es otra: ¿por qué no vale US$150? El crudo cruzó los US$100 varias veces, pero nunca logró permanecer allí.

Es una anomalía notable frente a lo ocurrido en el estrecho de Ormuz. Por ese paso navegaban 21,6 millones de barriles diarios a fines de 2025. Durante el segundo trimestre de este año circularon apenas 4,9 millones. Semejante amputación de oferta debería producir una crisis petrolera duradera.

Sin embargo, la Administración de Información Energética de Estados Unidos proyecta un Brent de US$78 para el último trimestre y de US$69 en 2027. El secreto es una regla muy sencilla: el precio del petróleo no depende solo de cuántos barriles desaparecen, sino de quién deja de reclamarlos. Y el comprador ausente es China.

Existe una paradoja: China puede inundar el mundo de manufacturas y, al mismo tiempo, demandar menos energía de la esperada.


Sus importaciones de crudo promediaron 8,1 millones de barriles diarios en el segundo trimestre: 32% menos que en el primero. Parte de la explicación es coyuntural: China se resistió a pagar el petróleo encarecido por la guerra y consumió inventarios. Pero eso no elimina la señal; la vuelve más interesante.

El mayor importador mundial decidió que podía vivir durante meses comprando mucho menos. El PIB oficial todavía describe una economía que crece. Debajo de ese promedio, sin embargo, aparece otra China. La construcción se contrajo 4% en el primer semestre. Esto no es una recesión convencional. Es una enfermedad de balances.


Pekín respondió trasladando crédito desde el ladrillo hacia vehículos eléctricos, baterías, paneles solares, acero y manufactura avanzada. Fábricas subsidiadas compiten reduciendo precios y márgenes. Como el consumidor doméstico no absorbe la producción, el excedente se exporta. Eso explica una aparente paradoja: China puede inundar el mundo de manufacturas y, al mismo tiempo, demandar menos energía de la esperada.


¿Está Pekín escondiendo una economía mucho más fría? El petróleo no permite probar una conspiración estadística. Además, el menor consumo también refleja eficiencia, electrificación e inventarios. Pero los datos físicos —petroleros, refinerías, diésel, cemento, viviendas iniciadas— son más difíciles de maquillar que una contabilidad nacional sometida a objetivos políticos.


Durante veinte años, el mundo miró a China para saber cuánto petróleo necesitaría. Ahora convendría mirar al petróleo para saber cuánta China queda realmente detrás de sus números.


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