Las principales trabas estructurales para una moneda común entre Brasil y Argentina

Fortalecer el comercio bilateral y reducir la dependencia del dólar son los objetivos que se plantearán en el marco de la cumbre de la CELAC. El tamaño de las economías, la inflación, los precios relativos y la política fiscal, lucen como escollos difíciles de sortear. 





La creación del «SUR», una moneda común entre Argentina y Brasil, pasó a ocupar el centro de la agenda económica, en el marco de la Cumbre de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que se realiza esta semana en Buenos Aires.

La iniciativa fue dada a conocer el fin de semana a través de un breve comunicado conjunto emitido por ambos gobiernos, y se espera que empiece a ser puesta en debate en los encuentros bilaterales que mantendrán los equipos técnicos durante la cumbre.

El primer funcionario argentino en referirse al tema, fue el Ministro de Economía Sergio Massa, quien manifestó al matutino británico Financial Times que durante la CELAC “habrá una decisión de empezar a estudiar los parámetros necesarios para una moneda común, lo que incluye desde cuestiones fiscales hasta el tamaño de las economías y el rol de los bancos centrales”.

Sin embargo el propio Massa se ocupó de poner paños fríos y de anticipar que se trata de una iniciativa a largo plazo, que difícilmente se concrete en lo inmediato. “No quiero crear falsas expectativas» …» manifestó el ministro al mismo medio, y agregó: «es el primer paso de un largo camino”.

En efecto, las dificultades estructurales que existen en el largo camino rumbo a una moneda común entre Brasil y Argentina, van mucho más allá del temario que pueda abarcar el trabajo conjunto a lo largo de una cumbre. Más allá incluso de la política económica que pudieran trazar los gobiernos que ocasionalmente ocupen la primera magistratura en cada país.

“Durante la CELAC se comenzarán a estudiar los parámetros necesarios para una moneda común, lo que incluye desde cuestiones fiscales hasta el tamaño de las economías y el rol de los bancos centrales”

Por el contrario, el camino hacia una moneda común requiere como condición excluyente el acuerdo del conjunto del arco político en ambos países, en relación al establecimiento de una política de Estado que trascienda las diversas banderas políticas y las distintas miradas ideológicas. El caso testigo más emblemático, es el del Euro en la Unión Europea, un proceso que duró 35 años hasta su efectiva puesta en marcha.

En este sentido, lo primero a tener en cuenta es el objetivo principal que persigue la creación de una moneda común. El ministro de economía argentino especificó que la intención es fortalecer el comercio bilateral y reducir la dependencia de la economía regional respecto al dólar, y que en principio funcionaría a la par que el Peso y el Real. Agregó además que si bien se plantea como una iniciativa conjunta entre Argentina y Brasil, la propuesta se hará extensiva al resto de los países de la región.

Al respecto, el Financial Times estimó que si se lograra establecer una moneda común en Latinoamérica, la misma podría representar hasta el 5% del comercio global, y que sería la segunda moneda común del mundo en importancia, luego del Euro.

No obstante, es allí mismo donde surgen las principales y más fuertes dificultades. El Mercosur es una construcción que ya lleva 37 años, y nunca logró convertirse en un «mercado común» en el que exista libre circulación de bienes, servicios y factores productivos.

Una moneda común requiere establecer estrictas pautas comunes de política fiscal y monetaria, las cuales serían para la Argentina más complejas que el propio acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

A lo largo de cuatro décadas el bloque regional que conforman Argentina y Brasil, encontró por el contrario, serias dificultades para alcanzar al menos la categoría de «unión aduanera», conformando un arancel externo común.

En pocas palabras, una moneda común requiere establecer estrictas pautas comunes de política fiscal y monetaria, las cuales serían para la Argentina más complejas que el propio acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. El visto bueno del organismo, no es un tema menor, dado que el acuerdo vigente con el FMI es hoy la hoja de ruta rectora de la economía nacional.

A ello hay que sumar la severa distorsión de precios relativos que existe hoy en Argentina tras más de una década de alta inflación, y la necesidad de coordinar precios relativos entre ambas economías en caso de establecer una moneda común.

Al tope de la lista de problemas estructurales a resolver de forma prioritaria, figura la productividad del trabajo y del capital, y la estructura salarial a cada lado de la frontera. Avanzar en la implementación de una moneda común, requiere pensar en la forma en que los factores productivos son remunerados, y el efecto que ello pueda tener en la movilidad de los mismos.


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