Un reconocido analista advierte el riesgo del Plan Milei: «Al programa de estabilización le falta el ancla nominal»
ENTREVISTA │ El economista Juan Manuel Telechea analizó la coyuntura económica. Valoró el orden fiscal pero advirtió sobre la pata floja del modelo: una referencia para los precios minoristas. Además señaló la heterogeneidad en el crecimiento.
El plan económico del Gobierno Nacional parece estar encontrando sus límites. Con una inflación que hace nueve meses que sube o no baja y el empleo formal en caída, los funcionarios del gabinete económico celebran cada número positivo y atacan a los empresarios autóctonos que bajan las persianas de sus fábricas. Paradójicamente, se respira cierta calma: la corrida de meses atrás quedó en el pasado y el tipo de cambio está estabilizado.
“Estamos en una situación paradójica. Si uno revisa las causas típicas de la inflación, está todo bastante controlado: el dólar está estable o incluso bajando, el resultado fiscal está recontraequilibrado desde el primer día de gobierno, la cantidad de dinero en circulación también. Parece medio difícil de explicar”, dice Juan Manuel Telechea, economista, director de la consultora T+1 y autor del libro “¡Inflación! ¿Por qué Argentina no se la puede sacar de encima?” (Capital Intelectual, 2023).
El Indec publicó el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), que reflejó un repunte interanual de 1,9% en enero, empujado principalmente por el agro y la minería. Paralelamente, un informe del Instituto Argentina Grande muestra que desde que asumió Javier Milei se perdieron 22.608 empresas.
En diálogo con RÍO NEGRO, Telechea se explayó sobre las aparentes contradicciones de la economía, la persistencia de la inflación y la Argentina a la que nos conduce la gestión libertaria.
PREGUNTA: ¿Qué ve en la dinámica inflacionaria de los últimos meses y en el plan antiinflacionario del gobierno?
RESPUESTA: Lo que falta hoy es un ancla nominal clara. Cuando uno mira los programas de estabilización exitosos, siempre encontrás un ordenamiento macroeconómico (que es lo que hizo este gobierno) más un ancla nominal, es decir, algo que funcione como referencia para los precios. En Argentina, ese rol históricamente lo cumplió el tipo de cambio. Durante el primer año del programa de Milei fue exactamente eso: un dólar completamente administrado que se movía por debajo de la inflación, y eso hizo que la inflación bajara muy rápidamente. ¿Qué pasa ahora? En lo que sería la segunda o tercera fase del programa, quitaron todas las regulaciones cambiarias y liberaron el tipo de cambio. Hoy se maneja de manera flexible, dentro de bandas, sin intervención directa. Precisamente esa flexibilidad hace que pierda potencia como ancla.
P: Aunque el dólar esté estable o bajando ¿igualmente impacta en la inflación?
R: Cuando tenés un tipo de cambio administrado (como era antes, cuando sabías que subía 1% o 2% por mes), las empresas toman eso como una referencia clarísima para fijar precios, porque el dólar es un elemento fundamental de los costos y el termómetro de la economía argentina. Cuando tenés un tipo de cambio flexible, el problema es que puede moverse para cualquier lado. Ahora está bajando, pero el año pasado subió 15% en la previa a las elecciones. Esa volatilidad e incertidumbre hacen que las empresas dejen de tomar al dólar como referencia, y ahí es donde pierde potencia como ancla.
Si la macroeconomía se mantiene ordenada y las variables estables, en algún momento la inflación va a empezar a bajar sola. La inercia empieza a aflojar.
P: ¿Qué otra cosa afecta a los precios?
R: El otro componente típico de los procesos de inflación crónica es la inercia. Todavía la tenés, porque la inflación sigue rondando el 3% mensual. Los factores puntuales como la carne, las tarifas o el petróleo explican incrementos específicos, pero no nueve meses consecutivos.
P: ¿Cómo se manifiesta la inercia inflacionaria en Argentina hoy?
R: Cuando existe un proceso de inflación crónica (por encima del 20% y sostenida por muchos años), se modifica la conducta de las empresas, los trabajadores y los propietarios de inmuebles a la hora de fijar precios. Todos los contratos se indexan mirando la inflación pasada. El trabajador reclama un aumento del 3% mirando los últimos meses. La empresa mira sus costos, que también subieron 3%, y traslada eso a precios. El dueño del inmueble hace lo mismo con el alquiler. Cada uno actúa de manera completamente racional desde el punto de vista individual (busca mantener su poder adquisitivo), pero colectivamente lo que están haciendo es perpetuar la inflación. Ahora bien, esto no significa que la inflación vaya a ser siempre 3%. La manera de atacar ese componente inercial es justamente con un ancla nominal, que es lo que hoy no se observa.
P: ¿Volverías a un tipo de cambio más fijo?
R: Con el diario del lunes, creo que el gobierno se apuró en sacar el cepo. Al hacerlo antes de las elecciones, generó una corrida cambiaria. Si lo hubiera mantenido, probablemente se hubiera incrementado la brecha cambiaria, pero sin perder reservas. Después de la victoria electoral, la brecha se hubiera desplomado y ahí sí tenía todos los elementos para pasar a un esquema flexible, pero con muchas más dólares en el Central. Ese es el problema que tiene ahora. Por otro lado, si la macroeconomía se mantiene ordenada y las variables estables, en algún momento la inflación va a empezar a bajar sola. La inercia empieza a aflojar. Lo que pasa es que sin un ancla nominal ese proceso tarda mucho más.
P: ¿Hay casos históricos de esquemas similares?
R: Uruguay en los 90 tenía una inflación por encima del 200%, aplicó un programa de estabilización con devaluación previa y después bandas cambiarias, y le llevó más de siete años lograr que la inflación bajara de manera persistente y por debajo del 1% mensual. Lo pudo hacer porque es Uruguay: una política muy moderada, consenso básico entre gobiernos y macroeconomía ordenada. Y rindió sus frutos, porque nunca más tuvo un problema serio de inflación. El caso paradigmático opuesto es la convertibilidad argentina. Cavallo fijó el tipo de cambio por ley (el ancla más potente posible), y la inflación bajó de manera brusca: en poco más de dos años se ubicó de manera persistente cerca del 1% mensual. Pero no fue sostenible, porque la convertibilidad se mantuvo a base de endeudamiento, y cuando se agotó, voló todo por los aires.
El riesgo a mediano plazo, es que esos sectores que hoy traccionan el crecimiento (agro, minería, energía y finanzas) no van a ser suficientes para generar todo el empleo que Argentina necesita.
P: ¿Qué observa respecto al nivel de actividad, tanto en el corto como en el mediano plazo?
R: La actividad repuntó y hubo crecimiento en 2025. Ahora, cuando profundizás en la composición de ese crecimiento, encontrás tres o cuatro sectores claramente ganadores: agro, minería, energía y sector financiero. Son los sectores que se benefician con un esquema como el actual, donde tenés más apertura económica, tipo de cambio flexible, menos regulaciones y un tipo de cambio relativamente bajo. Y por otro lado tenés sectores perdedores: construcción, industria y en menor medida comercio. La apreciación cambiaria afecta especialmente a la industria, más aún si lo combinás con apertura comercial. El riesgo a mediano plazo, es que esos sectores que hoy traccionan el crecimiento no van a ser suficientes para generar todo el empleo que Argentina necesita. Ese es, hoy, el principal talón de Aquiles del gobierno: el lado socioeconómico. Los ingresos no repuntan, el empleo formal tampoco, y la informalidad aumenta.
P: ¿Cómo impacta esto en la sociedad?
R: A diferencia de los 90, donde la apreciación cambiaria más la apertura comercial más las privatizaciones generaron un desempleo tremendo, hoy las plataformas permiten que la gente trabaje en lugar de quedar desempleada. Lo que va a pasar es un incremento de la informalidad y un cambio en la composición del mercado laboral: caída fuerte del empleo privado registrado, que no se recupera, y esos puestos son reabsorbidos por el sector informal. El resultado es menos empleo de calidad e ingresos más bajos.
P: También se ve mora en préstamos…
R: Combinar una fuerte expansión del crédito con un sacudón brutal de tasas inevitablemente genera un impacto en la morosidad. Y si a eso le agregás la caída de ingresos (mucha gente ya llega con dificultad a fin de mes), el crédito aparece como la herramienta para sostener el consumo, lo que termina alimentando aún más la mora.
P: Si el gobierno sigue este rumbo hasta el fin del mandato, ¿qué país vamos a tener?
R: Te pongo dos escenarios. El optimista: el gobierno finalmente doblega la inflación, la ubica de manera persistente en torno al 10-15% anual, y eso le permite tener un crecimiento sostenible. El más pesimista, o al menos el más realista a mediano plazo: con este modelo económico, no es suficiente. Vas a estar mejor que ahora, pero los sectores ganadores no son lo suficientemente dinámicos ni generan la cantidad y calidad de empleo necesaria para absorber todo el mercado laboral argentino. Ahí es donde yo veo el problema. Lo que le agregaría al modelo es algún tipo de política de desarrollo productivo (no necesariamente industrial en sentido estricto, también servicios, litio, Vaca Muerta), que permita generar más valor agregado y más empleo de calidad. Pero el gobierno tiene un rechazo contundente a eso, porque sostiene que no es rol del Estado.
Perfil
Juan Manuel Telechea es Magíster en Desarrollo Económico (UNSAM) y Licenciado en Economía (UBA).
Es analista, consultor privado y director de la consultora T+1.
Es profesor de Economía en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora y de Crecimiento Económico en la Universidad Nacional Arturo Jauretche.
Fue analista macroeconómico en el Ministerio de Economía y Finanzas entre 2016 y 2016.
Es autor del libro “¡Inflación! ¿Por qué Argentina no se la puede sacar de encima?” (Capital Intelectual, 2023).
El plan económico del Gobierno Nacional parece estar encontrando sus límites. Con una inflación que hace nueve meses que sube o no baja y el empleo formal en caída, los funcionarios del gabinete económico celebran cada número positivo y atacan a los empresarios autóctonos que bajan las persianas de sus fábricas. Paradójicamente, se respira cierta calma: la corrida de meses atrás quedó en el pasado y el tipo de cambio está estabilizado.
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