Mucho ruido y pocas nueces

Por Redacción

La tradición presidencialista argentina no logra incorporar del todo en la mente de la ciudadanía la idea de las coaliciones de gobierno, un esquema que resulta más propio de los sistemas parlamentarios europeos, en los que la figura excluyente del líder deja lugar a las políticas de contrapesos que encarnan los partidos. Con sus variantes, las dos corrientes que hoy boyan en la Argentina, encarnadas por el oficialismo y por la principal oposición de carácter nacional, no son para nada buenos ejemplos de coaliciones y tienen sus resistencias de parte de quienes no creen en los equilibrios propios del diálogo y la síntesis.

Sin mirar para nada su propio ombligo, un conocido militante tuitero del Frente de Todos acaba de calificar a Juntos por el Cambio como una “murga”. Lo cebaron las declaraciones de un personaje de menor cuantía en la interna del PRO, Florencia Arietto, ex colaboradora de Patricia Bullrich, a quien acaba de crucificar por TV. Más allá del aprovechamiento político, lo evidente es que existe un claro cimbronazo entre los eventuales precandidatos de ese espacio, pero hay también otro dentro del radicalismo. Lo singular es que los entrecruzamientos entre ambos partidos son ideológicos y se han transversalizado por derecha y por izquierda.

Así, Mauricio Macri hoy está más cerca de Alfredo Cornejo que de Horacio Rodríguez Larreta quien, a su vez, se muestra más cómodo con Gerardo Morales que con otros referentes de la UCR. Mientras tanto, Bullrich acaba de hacer una alianza en Córdoba, también horizontal, con Luis Juez y los radicales Mario Negri y Rodrigo de Loredo, quien hasta ahora se mostraba cerca del senador porteño Martín Lousteau, a su vez pegado al tándem Larreta-Morales. Por su parte, Miguel Pichetto juega para Macri, más como consejero que como aspirante. El rol del expresidente no es para nada ingenuo dentro del PRO ya que, sin decir que puede llegar a jugar en las PASO, ha pasado a ser el gran decisor y ha convertido a Cumelén en una cita obligada.

Sin embargo, el personaje que más ruido hace dentro de JxC va por fuera y es el libertario Javier Milei, a quien se lo invalida o se lo trata de seducir con propuestas de internas a todo o nada en la provincia de Buenos Aires. Si bien muchos jóvenes peronistas castigados por la pobreza, la falta de trabajo y la mala educación recibida durante estos años podrían votarlo, el temor es a que el diputado divida los votos opositores y le deje la posibilidad de reelección al actual oficialismo.

Justamente, es en el FdeT donde más cuesta visualizar una alianza, ya que los innegables insultos, ninguneos y ataques cruzados que a veces se mitigan con charlas casi de compromiso, como las últimas entre el Presidente y la vice vía Telegram, se parecen más a una fractura que a una simple cinchada entre matices.

Cuando Cristina Kirchner designó a Alberto Fernández como candidato y sumó a Sergio Massa lo hizo con la excusa de la unidad, aunque desde la instancia del liderazgo vertical que ella aún conserva, fundamento que en el peronismo no se negocia. Contra esa tradición, la tensión política se va a manifestar en una amplia Mesa Electoral que desea manejar el Presidente para eludir el dedo y mandar a todos los precandidatos a las PASO, él inclusive. Los gobernadores tampoco quieren eso y por ahora miran, mientras refuerzan su postura de separar las elecciones locales de las nacionales.

En medio del internismo, Massa lucha contra la inflación con recetas mucho más ortodoxas que las que usaría Axel Kicillof, pero no logra infundir confianza entre los agentes económicos. Tiene además otras dos graves piedras en el camino: la falta de reservas (atraso cambiario), carencia que podría frenar la rueda productiva y la necesidad de renovar con un plus la deuda en pesos, como alternativa a la emisión. En la ingrata tarea de cerrar las heridas con apósitos que le dejará una complicada herencia a quien lo suceda, el ministro de Economía no se decide aún a ser o no candidato: es lo que querría, pero ya ha dicho que ambas posiciones son incompatibles.


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