El agro, eje del trabajo infantil
Cuando los niños cumplen siete años ya salen a trabajar”, sentencia la madre en una zona agrícola. Los hijos son un apoyo fundamental para la economía familiar, pero disponen de poco o nulo tiempo para jugar, estudiar o simplemente disfrutar de ser niños.
Esta realidad se repite en la mayoría de los países en desarrollo y emergentes y es la causa de que el 71 % de los 152 millones de niños de todo el mundo que trabajan esté concentrado en el sector agrícola. Allí reside el “núcleo duro” del trabajo infantil que tanto cuesta erradicar, pese a la reducción conseguida en los primeros años de campaña.
“En América Latina se han hecho importantes avances: en el año 2000 teníamos 20 millones de niñas y niños en trabajo infantil y eso se ha bajado a 10,5 millones. Mucho de lo que queda es en zonas rurales de difícil acceso, donde el Estado no llega, no hay escuelas ni caminos”, señala el director regional para América Latina y el Caribe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), José Manuel Salazar-Xirinachs.
Por ello, “cada vez es una curva más empinada, porque son los territorios más difíciles y por tanto más caros y que requieren mayor esfuerzo”, advierte el experto. “Es más difícil alcanzar estas metas de erradicación del trabajo infantil para países del tamaño de Brasil o Argentina que en países más pequeños”. Además, depende también de lo dispersa que esté la población o de su concentración en zonas urbanas, agrega Salazar-Xirinachs.
La meta 8.7 de los Objetivos de Desarrollo Sustentable de la Agenda 2030 establece la erradicación del trabajo infantil hacia 2025 y del trabajo forzoso para 2030.
La contratación de familias enteras para las cosechas de arándanos en Entre Ríos es un ejemplo. “A veces llevan contingentes de personas con sus familias y los tienen esperando en un rincón de la parcela esperando que se madure el fruto para sacarlo. Y todo en condiciones de anormalidad e injusticia con la gente expuesta a situaciones paupérrimas”, lamenta Gerardo Martínez, el líder del gremio de la construcción.
En Argentina, el 9,4 % de los niños de entre 5 y 15 años trabaja, en una situación que se agrava en las zonas rurales del centro, noroeste y noreste del país con niveles de trabajo infantil que trepan hasta un 25,8%, según una nueva encuesta oficial.
Según el experto regional de la OIT, uno de los componentes clave en las políticas sociales es la transferencia de dinero en efectivo condicionada que se les da a las familias para compensar el ingreso de los menores que están trabajando. Pero ese punto, junto con el de la construcción de escuelas e infraestructura, son los más caros para un Estado.
Mientras, en todo el mundo la curva de trabajo infantil decrece, aunque muy lentamente, ese descenso se ha frenado en África. En varios países del continente incluso ha comenzado a crecer el número de niños en el mercado laboral, situación según las estadísticas de la OIT afecta a uno de cada cinco pequeños. Sólo en África se nuclea el 47%de todo el trabajo infantil a nivel mundial.
Para la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), los gobiernos son responsables de implementar las medidas necesarias para poner fin al trabajo infantil en la agricultura, proteger a los niños y garantizar su plena integración a programas nacionales de salud, educación y asistencia social. Asimismo, las organizaciones de productores deben cumplir un papel esencial en la identificación del trabajo infantil en las cadenas de abastecimiento, señala la FAO .
Si estas organizaciones, en conjunto con los gobiernos, logran que la agricultura rinda mayores ganancias y sea sustentable para los adultos, será más probable que sus hijos vayan a la escuela en vez de ir a trabajar al campo.
“No se puede responsabilizar y condenar a los padres porque sus niños trabajan”, considera el jefe de la Unidad de Principios y Derechos Fundamentales en el Trabajo de la OIT, Thomas Wissing. Es indispensable para ello facilitar el acceso de las familias más pobres al sistema educativo y de seguridad social, como también ayudarlas a alcanzar un ingreso mínimo con el que no necesiten apelar a la ayuda laboral de sus pequeños para su subsistencia.
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