El “alejamiento” de Fidel Castro
EMILIO J. CÁRDENAS (*)
Para el corresponsal en La Habana del “Financial Times”, Marc Frank, Fidel Castro acaba de anunciar –al mundo y a su propio pueblo– una “novedad histórica”: su presunto lento retiro de la escena política cubana. Luego de haber cedido el poder a su hermano Raúl en el 2006, Fidel se ha dedicado últimamente a una tarea en el capítulo del pensamiento, manifestada en forma de “reflexiones” periódicas escritas en la prensa de su país, cautiva por supuesto. Sin embargo, es cierto que en los últimos tiempos hasta esa tarea se ha ido diluyendo muy lentamente. Ocurre que el paso del tiempo nos envejece a todos. También visiblemente a Fidel. De allí los clásicos rumores que anuncian, de tiempo en tiempo, su muerte o agonía, aunque para tener que desmentirlas enseguida. Hace algunos días el propio Fidel anunció –en una de sus ahora esporádicas notas (la primera desde marzo)– que dejará de publicar sus reflexiones, “porque claramente ya no debo ocupar las páginas de nuestra prensa, que está dedicada a otros menesteres que el país requiere”. De esta manera una presencia que –por décadas– fuera excluyente en el escenario cubano comienza a evaporarse. Por decisión del propio Fidel. Quizás porque sabe que su “modelo” sólo postergó a su pueblo, en términos relativos. Esto es comparando su evolución con la de otras naciones, especialmente las de nuestra región. Cuba ha quedado atrasada y el “nivel de vida” de sus habitantes sólo supera (en nuestro medio) al de los haitianos, lo que no es para aplaudir. Ocurre que el socialismo autoritario –enseña la historia– atrasa y posterga a los pueblos. A Cuba le pasó esto. Por ello el deseo actual de “cambiar de rumbo” y parecerse más a China o a Vietnam que al perimido “modelo cubano”. Así de evidente. Más allá del fanatismo, esto es lo que indican todos los números y estadísticas. Casi sin excepciones que, si las hay, son apenas marginales. La colectivista Cuba simplemente no podría seguir como hasta ahora sin el auxilio de los petrodólares venezolanos. Ésta es la evidencia más sonora de su tremendo fracaso. Para algunos, este anuncio es “increíblemente significativo”. Y puede que efectivamente lo sea. Pero llega impuesto por las circunstancias. Forzado. Esto es: impulsado por los frustrantes resultados obtenidos hasta ahora. Raúl ya ha “corregido” el rumbo. Con disimulo, para que no se adviertan los errores gruesos del pasado. Que no obstante son visibles, dentro y fuera de Cuba. Porque muchos son de aquellos que ofenden a la dignidad humana. Ahora crece el “margen de libertad” y aparece tímidamente la “economía de mercado”. Hay entonces algún (limitado) derecho de propiedad. Y un sector, ridículamente reducido, de economía “libre”. Además, se puede entrar y salir de Cuba, aparentemente. Pero el verdadero test aquí va a ser el caso de la “bloguera” Yoani Sánchez y –más aún– lo que suceda con todos los disidentes. Fidel ha seguido, es cierto, escribiendo. Últimamente cantando loas al “Che” y al tirano alemán Erich Honecker (a quien nadie más elogia). Obvio, un hombre que ha gobernado tiránicamente, con una enormidad de crímenes sobre sus espaldas, no podía hacer otra cosa que tratar de justificarse ante la historia. Con dificultades ambulatorias, eso ya no es tan fácil. De allí el anunciado “paso al costado”. Fidel de pronto, con la salud deteriorada y los años encima, puede haber descubierto que el bien más escaso que hoy tiene es el tiempo que le queda de vida y puede querer gozar de las cosas simples, como la lectura y el pensamiento, privilegiar la tranquilidad, y estar lo más cerca posible de “los suyos”. Sería lo normal. El tiempo es ciertamente nuestro límite final e inexorable. Lo de Fidel no es un episodio “bisagra”. Es simplemente el curso natural de las cosas, del que tampoco Fidel puede evadirse. La vejez es, de alguna manera, la pérdida de la curiosidad. Fidel puede bien haber entrado ya en esa etapa. Pero no es seguro. Veremos. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas