“El barrabrava

Residente en Barcelona, Levinsky tiene una mirada de primera agua del fútbol de las más importantes ligas del mundo.





entrevista: Sergio Levinsky, sociólogo especializado en fÚtbol

Carlos Torrengo

carlostorrengo@hotmail.com

–¿Qué mirada o cuántas miradas hay en España al reflexionar el fútbol argentino?

–Yo tengo una respuesta molde a esa pregunta, a la que apelo cada vez que vuelvo a este, mi país, y esa pregunta se transforma en muy habitual. Va de suyo que no es una respuesta de “salida”, es lo que pienso. Hay una mirada contradictoria. Por un lado, a los españoles los seduce la calidad que tiene la cantera argentina de jugadores, algo que se extiende a nuestros DT… No es poco que esa excelencia que es el Barcelona busque a un técnico argentino, Martino o el caso de Simeone… pero han estado y están en la historia bien considerados, Bielsa, Juan Carlos Lorenzo, Bernardo Griffa, Bilardo, Valdano. Cada uno con lo suyo y en su tiempo. Pero por el otro andarivel, a los españoles les llama la atención la ausencia de correspondencia entre tanta calidad de materia prima y los estilos con que se traduce el funcionamiento del fútbol argentino…

–¿Conductas?

–Sí, en definición a sola palabra. La “mentada viveza criolla” y su derivación a la corrupción creciente con violencia, claro. En España suelen señalar que por momentos tal o cual de sus jugadores o equipos “se infectó de la trampa argentina de tanto jugador argentino en España”… Simular lesiones, hacer cambios faltando minutos, pedir tarjetas para los adversarios, presionar al árbitro. El grueso de los españoles aborrece estas “vivezas”. Lo cual no quiere decir que hay ausencia terminante de ellas en el fútbol de ellos…

–Leí en uno de sus trabajos que cuando hacía el doctorado en Sociología del Deporte percibió las diferencias de miradas con que sus compañeros, españoles, y usted miraban el fútbol. ¿Cómo fue eso? Creo que hace a lo que venimos hablando…

–Fue en la Universidad de Barcelona, especialmente en la cátedra de un académico muy conocido: Jaime Cruz. Nos hacía hacer ejercicios mostrándonos imágenes de un partido, para el caso del Barcelona, por la Liga. Cinco minutos mirando y luego, en una planilla, teníamos que marcar todas las faltas que habíamos visto en ese lapso. La mayoría de mis compañeros, catalanes en general, marcó un número reducido de faltas. Yo muchas más y eran casi todas de jugadores argentinos…

–O sea, sabiendo que había argentinos en el juego usted los pispeó de cerca.

–Podríamos decirlo así. Ellos no habían notado que, en una puja por una pelota, el defensor argentino sacaba de un sutil codazo a un rival. O que en un salto para cabecear, el defensor primero empujaba al delantero, luego ganaba la disputa… Al español les cuesta entender estos vicios, entender las razones de estos vicios. No busca justificarlos: entender…

–¿Cómo se los explica usted?

–¡Ah, no!… Ahí hay que meterse en genéticas muy profundas de nosotros como conjunto. Ellos suelen decir que –siempre en relación con el fútbol, claro– somos especialistas en ver en la sombra, trabajar el detalle, encontrar la falla ínfima para filtrar lo nuestro, “la viveza” por ahí. Desconfían. Y hacen preguntas complejas de responder. Algo así a cuando un español nos dice “¿por qué la leche es más barata aquí que en su patria, que tiene muchas vacas”?… Bueno, algo así para el fútbol: “¿Tienen buenos jugadores, clubes importantes, historia, pero por qué no tienen una buena liga, por qué no pueden mantener a sus mejores jugadores?” etc., etc.

– ¿Cuántos muertos contabiliza por violencia el fútbol español en lo que va del siglo?

–Uno solo en quince años. Fue en el 2003. La muerte anterior fue en el 98, cuando llegué a Barcelona. Fue un aficionado de Deportivo La Coruña. En relación con el del 2003 hay un dato interesante: murió en el intento de separar una pelea entre hinchas muy radicalizados. Es decir, intervino para frenar…

–Murió. ¿Qué hay de interesante?

–En relación con lo que sucede en la Argentina, donde el grueso de las muertes se da entre protagonistas activos de los enfrentamientos, de la cultura de violencia que es propia del fútbol en nuestro país, cultura que conlleva muertes por venganza, por muerte de barras bravas o los negocios que desvirtúan el espectáculo…

–¿La hinchada o un grupo de la hinchada en España jamás adquiere los perfiles de “barra brava”?

–Jamás. No quiere decir que no existan situaciones complicadas en grupos de hinchas. En todo caso grupitos ultras, radicales, pero no tienen identidad de “barra brava”, que está dispuesta a todo. En España están, por ejemplo, “Ultrasur” en el Real Madrid, los “Boixos Nois” (Muchachos locos) en el Espanyol de Barcelona, “Frente Atlético” del Atlético de Madrid, por nombrar algunos. Entre ellos pueden dispararse rayos y centellas, mirarse a cara de perro. Pero nunca pasan la línea roja.

–¿Qué antídotos tiene el fútbol español contra la violencia?

–En la respuesta convergen muchos factores. Legislación penal, por caso. Los Boixos Nois, por ejemplo, nacieron en el 82. En el 91 asesinaron a un aficionado del Espanyol. A los asesinos les dieron 75 años de cárcel. Ningún dirigente ni club se jugó por ellos. Otro antídoto es la propia sociedad española: rechaza la violencia de estas minorías. Hay una postal muy interesante de cómo se relaciona el español con el fútbol. Uno va en el metro al Camp Nou o al Santiago Bernabeu o a la Bombonera de Cornelia, y suben familias con sus hijos, pibas jóvenes solas, “bandas” de pibes… todos al estadio. Sin miedo, sin problemas y junto a gente que es del otro equipo. Cada uno con sus bufandas con los colores de su equipo, sus gorros… su espontaneidad, sus cantos y nadie se agrede.

–¿Cómo fue asumiendo, desde lo profesional, la normalidad de un fútbol sin violencia?

–Una anécdota. Cuando me instalé en Barcelona colaboraba con el diario “Perfil” de la Argentina en su primera etapa como medio. Un día, el jefe de Deportes me llama y me pide una nota sobre la violencia en el fútbol español. Los primero que hice fue contactarme con la policía para saber cuántos hinchas habían sido detenidos en toda España el fin de semana anterior en todos los partidos de la Liga. El oficial que me atendió me disparó una pregunta: “¿Cómo cuántos detenidos? Ninguno, como casi siempre”. Me pareció que no me entendía… pero era así. Otro hecho. El Real Madrid acaba de comunicar a sus socios que a partir del 2014 todas las entradas de la grada sur, que es donde se alojan todos los ultras del grupo “Ultrasur”, van a ser vendidas. O sea, el club considera que ya no tiene lugar para los ultras. Mientras tanto en la Argentina se pierden miles de entradas para separar la hinchada…

–¿Cómo define la violencia que impera aquí?

–Creo que hay dos violencias atacando al fútbol. Una, “del fútbol”. La más explícita, relacionada con el propio sistema que domina al fútbol: barras bravas, apretadas a jugadores, parte de las ventas de jugadores, complicidad de las dirigencias. Otra, la violencia “en el fútbol”. Está ligada al contexto, a lo social, la falta de apego a las leyes, la anomia… a lo simbólico que implica que “aficionados” comunes, que aplauden el ingreso de los barrabravas y se sumen a sus cantos de guerra, les pidan autógrafos…

– ¿Qué es Messi en España?

– Y, Messi…


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