El “Caballo” y el “Negro”

Sin perjuicio de cómo evolucione la cosa, el gremialista no puede ser visto sin el MPN y, por ahora, sin Sapag.





héctor mauriño vasco@rionegro.com.ar

Que Moyano está peleado con el gobierno nacional? Ése es Moyano, yo no tengo ningún problema con el gobierno nacional ni con la presidenta”. En su ya prolongada carrera, Guillermo Pereyra, “el Caballo” para los allegados, ha dado muestras de poseer una gran ubicuidad. Como el Todopoderoso, que puede estar al mismo tiempo en el Cielo y en la Tierra, el líder del gremio petrolero está demostrando en los hechos que puede jugar con el gobierno nacional, a través del puesto que éste le ha dado en el directorio de la YPF nacionalizada, y en el equipo de enfrente, con su colega Hugo Moyano en la flamante CGT opositora. “Guillermo siempre manifestó su simpatía con Moyano como dirigente sindical. Pero durante el paro general del mes pasado, si bien estuvo en el palco, no paró la producción de gas y petróleo en Neuquén”, abonó el supuesto neutralismo del gremialista el gobernador Jorge Sapag cuando este cronista le preguntó si después de exhibirse en el acto de Moyano en Plaza de Mayo a su socio no le iban a pedir la renuncia en la petrolera estatal. Desde los 80, cuando alcanzó el liderazgo de lo que entonces era un gremio pequeño en comparación con el SUPE, Pereyra fue amasando un enorme poder, gremial y político, de la mano de la fiebre privatizadora del sector petrolero y como ‘rama gremial’ del MPN, partido al que ha servido en todas sus formas conocidas. Felipista de don Felipe, sobischista con Jorge Omar, jorgista con Jorge Augusto, el Caballo siempre ha estado, claro que también siempre preparado para dar el salto a la fase siguiente en el momento oportuno. Aunque estableció buenas migas con De Vido, eso no le impidió tampoco jugar hasta último momento, como su socio gobernador, más cerca de Repsol y los Eskenazi durante la ofensiva previa a la reestatización. Eso, hasta que quedó absolutamente claro que la vuelta a manos del Estado era un hecho irreversible. Autodefensa que le dicen, la estrategia de Pereyra no pasa, con todo, por ser incondicional de nadie. Pereyra es, qué duda cabe, ante todo y antes que nada pereyrista. A pesar de todo, esta vez el dirigente gremial debe haber tenido alguna noción de que había trascendido los límites del celoso gobierno kirchnerista porque esta semana, después de abrazarse con el nuevo líder de la oposición política, Hugo Moyano, ofreció, por las dudas, su renuncia al directorio de YPF. “Yo transmití que si era necesario presentaba la renuncia: me dijeron que no, en absoluto, que siga donde estoy”, admitió cuando el periodismo le preguntó sobre sus sorprendentes malabarismos. Por ahora Pereyra se plantea como el brazo componedor de esta nueva CGT recortada y opositora. “La CGT no es enemiga del gobierno, lo que hace falta es diálogo”; “No podemos estar permanentemente tironeando, porque les hace muy mal al trabajador y al pueblo, no estoy criticando al compañero Moyano. Todo lo contrario, siempre lo acompañé, pero hay que hacer una apertura al diálogo”, advirtió Pereyra. ¿Serán en el futuro el Negro y el Caballo algo así como el duro y el negociador? ¡Quién sabe! Por lo pronto no lo parece: los observadores señalan que con el líder del sindicato petrolero más fuerte del país Moyano ha sumado mayor poder de destrucción. Es que en esta república desmantelada que nos dejaron los malos gobiernos, sin ferrocarriles, ni rutas ni energía suficiente, camiones, petróleo y gas son la savia que mantiene vivo el árbol. Pero, sin perjuicio de cómo evolucione la cosa, hoy Pereyra no puede ser visto sin su pata política, que es el MPN, y, por ahora, sin Sapag. Hasta que se demuestre lo contrario, el líder petrolero forma parte de una sociedad que alimenta el sistema de poder en la provincia y que en este momento pasa por la profundización de las explotaciones no convencionales de petróleo y gas, una cuestión que para poder avanzar necesita de una negociación permanente con el gobierno nacional y con YPF, como antes requería sobre todo de franela permanente con los españoles y los Eskenazi. El ministro de Energía Guillermo Coco, otra pieza clave en este rompecabezas, acaba de provocar con sus dichos la reacción del gobierno nacional, que habló por boca de la senadora Nanci Parrilli. En una entrevista publicada por este diario, Coco puso el dedo en la llaga al señalar que la estatización de YPF ha provocado cierta “incertidumbre” en el mercado internacional. Tras dejar sentado que las medidas cambiarias y fiscales del gobierno de Cristina con respecto a la exportación de divisas contribuyen a empeorar el panorama, apuró a la Nación para que se asocie de una vez con operadores extranjeros antes de que éstos opten por poner sus garbanzos en algún otro sitio del planeta menos exigente. La senadora Parrilli le contestó manifestándose sorprendida por el hecho de que el MPN, que tradicionalmente se reclama guardián de los intereses locales, “hoy priorice la defensa de las empresas extrajeras”. En realidad, estatizado el 51% de YPF, el debate es ahora sobre el financiamiento necesario para alcanzar el autoabastecimiento energético. Hay por lo menos dos posturas: los que claman por abrirse sin restricciones al capital extranjero y la de quienes, sin negar la necesidad de atraer inversiones, apuntan a conservar el poder de decisión del Estado nacional sobre los recursos. Sapag, Pereyra y Coco, si bien son piezas importantes en este juego porque representan a la provincia donde YPF tiene sus mayores recursos, desde la perspectiva del gobierno nacional son vistos como relativamente ambiguos por su comportamiento durante el arduo proceso de reestatización. Seguramente lo ven con mayor razón ahora, que el Caballo ha hecho causa común con el Negro.


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