“El caldo de cultivo”
Podríamos considerar casual aquello de que un país “en desarrollo”, ubicado en un sector de América un tanto alejado de las áreas más citadas, haya aportado al entorno mundial figuras de elite universalmente reconocidas en forma repetida durante los últimos años. Tales los casos de una joven reina en un país europeo, de un rutilante astro futbolístico y, como reafirmación de esta tendencia, de la asunción como máxima autoridad de la Iglesia Católica de un tan silencioso como brillante sacerdote jesuita moderado y prudente que actúa con “guantes de seda pero manos de acero”, tal como lo comentó su propia hermana. Un organismo europeo de control de las actividades económicas alentó: “…no sólo ha adoptado medidas acertadas, sino que incluso va muy rápido…” y hasta el líder de la comunidad musulmana en la zona afirmó que “desearía que una figura con semejantes principios y prestigio aportara sus esfuerzos a la comunidad que represento”. No he mencionado los nombres, por innecesario, y rogaría que se disimule el orden de mención, pues responde a un simple avatar. Por el contrario, sí citaré a dos argentinos (sólo dos y perdonen las omisiones) que no provocan ditirámbicas frases en los medios, siendo desconocidos para la gran mayoría; me refiero a Juan Martín Maldacena –investigador en física teórica egresado del Instituto Balseiro, nombrado a los 28 años el profesor titular más joven de la Universidad de Princeton, Estados Unidos (donde enseñó Albert Einstein), y ganador de los premios Yuri Milner (u$s 3.000.000) y Pomeranchuk 2012, de renombre universal con sólo 43 años– y al ingeniero Miguel San Martín –experto en robótica de la NASA (National Aeronautics and Space Administration), responsable del sistema informático que permitió aterrizar suavemente la última sonda espacial en la superficie de Marte–. Pero retornemos al principio. ¿Cómo es que se suceden estos acontecimientos? ¿Qué los genera? Argentina no es un país al que tradicionalmente se lo considere foco emisor de cultura. No se invierte demasiado en enseñanza y menos aún en investigación. “Eppur si muove” (“y sin embargo se mueve”, referido al no cognocible desplazamiento terrestre en el siglo XVI), afirmó Galileo Galilei. Pareciera que en nuestra latitud existen condiciones que permiten de un modo “cuasi” imperceptible que estos talentos florezcan y se eleven vigorosamente hasta ocupar posiciones descollantes. Personalmente estos sucesos no me sorprenden demasiado. Fui docente durante 26 años y tres meses, mezquino en las calificaciones y duro en las exigencias en asignaturas técnicas. Sin embargo, nunca sorprendí a ninguno de mis alumnos en incapacidad de comprender problemas complejos, incluso aquellos que sufrían de indisciplina intelectual o eran ganados por la indolencia. Tampoco tuve conflictos destacables con ninguno y me retroalimentaron con sus astucias y alegrías. Quizá esto suene algo extraño para el ocasional lector desprevenido, habituado a recibir informaciones catastróficas y peyorativas sobre nuestra juventud, pero el “caldo social” donde se “mueven” me parece que es el verdadero origen de que ello suceda, y enhorabuena. Las universidades nacionales ya son decenas y los jóvenes deseosos de conocer, avanzar y trabajar en diversas disciplinas son miles y miles; se movilizan silenciosamente al margen de las afirmaciones que los desprestigian. Por todo ello afirmo, y con buen conocimiento de causa, que nos esperan auspiciosos horizontes, la moral social no está en crisis y nuestro sistema de enseñanza, si bien debe mejorar paliando deficiencias, ni por asomo requiere “maestros y directivos armados” (imaginad a una de nuestras directoras portando en bandolera un fusil Kalashnikov o un FAL 7.62 NATO, ambos automáticos) para custodiar la vida de sus alumnos tal como actualmente sucede en “estados” de un “destacado país del Norte de nuestro continente” a menudo tomado como ejemplo (sic). Carlos Alejandro Nagel DNI 4.164.880 Roca
Carlos Alejandro Nagel DNI 4.164.880 Roca