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El camino hacia la libertad




Maximiliano Gregorio-Cernadas *


El propio poder agazapado detrás de las intrigas, escogió al periodista de investigación Daniel Santoro deliberadamente para implicarlo en una conspiración ficticia, con la evidente intención disciplinadora.


Según el célebre apotegma bíblico, “la verdad os hará libres”, no se alcanza la libertad sino desbrozando el camino de la verdad, metáfora perfecta del aporte a una república que debe realizar el periodismo de investigación independiente cuya misión consiste, precisamente, en desentrañar y revelar los secretos del poder.

Daniel Santoro es uno de esos periodistas que saben cómo y tienen la valentía para desempeñar esa riesgosa tarea de investigar a los poderosos, en la que se ha especializado a lo largo de su vasta y prestigiosa carrera iniciada en 1985, y que incluyó resonantes casos como el del Misil Cóndor, el contrabando de armas a Ecuador y a Croacia, el escandaloso juez Oyarbide o el asesinato del Fiscal Nisman, los cuales involucraron a las más altas autoridades del país. A todo ello se suma una prolífica trayectoria nacional e internacional abocada al mejoramiento de los estándares éticos de su profesión.

El libro que Santoro acaba de publicar, titulado “La batalla final de Cristina”, y subtitulado “La trama secreta del plan de la vicepresidenta para lograr impunidad” (Editorial Margen Izquierdo), constituye una apasionante crónica de los padecimientos que sufrió el autor al ser involucrado en una causa harto irregular, con evidentes ribetes de una canallesca maniobra montada por personajes oscuros, complotados con fines de vindicta política, a raíz de las revelaciones logradas por sus valerosas investigaciones periodísticas contra quienes desde hace varios años dominan los principales resortes del poder en la Argentina.

Las peripecias que se atraviesan, las intrigas que se desnudan, los siniestros operadores que desfilan y los tenebrosos espacios de poder que se vislumbran en este libro, cautivarían la imaginación de cualquier productor de cine de suspenso de Hollywood, pero en la Argentina de hoy, su trama revela una realidad que supera a la fantasía.

El caso descripto por Santoro en este libro no debería ser tomado como un caso más de corrupción, sino que el propio poder agazapado detrás de estas intrigas, lo escogió deliberadamente para implicarlo en una conspiración ficticia, con la evidente intención disciplinadora de disuadir a sus colegas de avanzar en las numerosas y graves causas que implican a quienes gobiernan la Argentina.

Este abrumador e indignante abuso de los recursos del propio Estado, financiado con el aporte de los contribuyentes para beneficio de unos pocos dueños de la administración pública, revela la moraleja implícitamente denunciada en este libro: las democracias populistas están desarrollando formas cada vez más sutiles de abusar del poder.

Por tal motivo, los políticos, legisladores y funcionarios judiciales honrados deberían leer este libro con una actitud humilde, para poder concluir en qué se han equivocado al integrar un sistema en el que semejante atropello de una banda de delincuentes puede adueñarse indemne de los resortes de los poderes públicos para sus intereses mafiosos.

La sociedad argentina debe mucho al trabajo ciclópeo que viene desarrollando con mucho esfuerzo y éxito este periodismo independiente, alcanzando resultados que superan al poder legislativo y al judicial. Los periodistas de investigación han demostrado ser, hasta ahora, fiscales de la república, el último bastión de nuestra sinuosa democracia. La opinión pública los ha apoyado, pero no debe dar su existencia por obvia, pues hombres talentosos, honrados y valientes, de la talla de Santoro, son escasos en cualquier sociedad.

Por otra parte, se advierte con preocupación de esta lectura, que esta persecución contra Santoro se enmarca en un vasto y recurrente modus operandi, que consiste en despreciar, hostigar e interferir de diversos modos, incluso con declaraciones públicas desde las más altas autoridades, en el ejercicio del periodismo libre, lo cual redobla la urgencia de estas páginas, no sólo ante episodios similares del pasado y del presente, sino también de eventuales casos futuros.

La historia del mundo, la de la Argentina y, especialmente, la del partido gobernante, nos enseñan que el silencio ante esta clase de ataques puede ser interpretado como una implícita aquiescencia y, por ende, estimular la realización de nuevos y más retorcidos casos contra otros medios y periodistas.

Por todo ello, constituiría un error interpretar esta obra como un libro de entretenimiento o de crónica periodística, pues se trata en realidad de un testimonio descarnado acerca de los graves peligros que amenazan a una sociedad que aspira a vivir sujeta al Derecho y en libertad.

* Diplomático de carrera. Miembro del Club Político Argentino y de la Fundación Alem


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