El carisma no se hereda



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Es indudable que Hugo Chávez supo convertirse en un personaje carismático para gran parte de los venezolanos. Pero los integrantes de su séquito, como Nicolás Maduro, que aspiran a heredar el carisma, no tienen asegurado el éxito. La construcción del carisma es consecuencia de la confluencia de una serie de circunstancias que muy difícilmente se reproduzcan. La historia, como decía Marx, cuando se repite, lo hace como comedia, no bajo la forma originaria de tragedia. El carisma, según la definición tradicional de Max Weber, es una cualidad extraordinaria de ciertas personas –real o presunta– en virtud de la cual pueden cambiar el entorno político, religioso o cultural. Pero, como añade Weber, la validez del carisma está vinculada al reconocimiento, es decir que, si las personas a las que el líder carismático se dirige no reconocen esos poderes sobrenaturales, la misión se frustra. Por ese motivo, el carisma no se transmite por herencia y quienes aspiran a recoger el legado deben demostrar nuevamente sus cualidades. Un modo de imaginar lo que sucederá en el futuro en Venezuela se puede obtener asociándolo a otros fenómenos similares. El mismo Chávez se definió como “peronista”, de modo que resulta válido recordar lo acontecido cuando Perón murió el 1 de julio de 1974. La presunta heredera, Isabel Perón, se encontró pronto frente a una situación inmanejable. Estallaron los conflictos en el interior del movimiento peronista y el caos resultante propició el golpe militar del 24 de marzo de 1976. Los problemas que arrastra la economía venezolana son innumerables. Chávez fue un personaje carismático, consiguió la adhesión de los sectores más humildes de la población, satisfaciendo sus necesidades más básicas, pero fue un pésimo gestor público. Los desaciertos en el manejo de la macroeconomía han sido tantos que las nuevas autoridades se enfrentarán a problemas de muy difícil resolución, que exigirán medidas netamente antipopulares. De modo que si, como las encuestas lo anuncian, los partidarios de Chávez ganan finalmente las elecciones, se verán aferrados a un clavo ardiente. Naturalmente, el recuerdo de Chávez permanecerá imperecedero en el recuerdo de todos aquellos que se sintieron dignificados por su labor. Esa generación, mientras se mantenga viva, seguirá siendo chavista como aquí ha seguido siendo peronista la que fue marcada por el 17 de octubre de 1945. Pero el tiempo, lentamente, hace su obra. ¿Qué significa Perón hoy para las nuevas generaciones de argentinos? En el mejor de los casos, un prócer, como San Martín o Urquiza. Pero sin que la invocación de su nombre sirva para transformar ninguna realidad. La prueba más contundente la acaba de dar Cristina Fernández, que en su último discurso de más de tres horas y media sólo aludió a Perón en una única oportunidad. (AFL)


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