El club de la comedia

La AFA resolvió que Banfield y Newell´s no jueguen en simultáneo. Además, el polémico Lunati dirigirá al Taladro



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El histrionismo de Pablo Lunati en su máxima expresión. El cuestionado árbitro, después de su pobre papel en Newell´s-Arsenal, fue designado ahora para dirigir a Banfield ante Tigre.

Resulta disparatado pensarlo, pero la necedad parece ser tomada casi como una virtud por parte de quienes deciden los destinos del fútbol argentino.

De otra manera no se explica cómo la AFA determinó que los dos principales candidatos al título, Banfield y Newell´s, juguen mañana la penúltima fecha del Apertura en dos horarios distintos. Se había establecido la semana pasada que ambos equipos jugaran en simultáneo para que no haya ventajas, pero está visto que la televisión pudo más. A las 19:10, Newell´s primero visitará a Gimnasia La Plata y apenas finalizado el partido en el Bosque, cerca de las 21:15, Banfield comenzará su partido con Tigre en su estadio del sur bonaerense.

Pero si el tema de la disparidad de horarios resulta incomprensible, cómo calificar la designación de Pablo Lunati para dirigir al Taladro, líder del torneo, luego de su desastroso arbitraje en Newell´s-Arsenal, el domingo por la noche en el Parque Independencia. "Cuando me enteré, pensé que era un chiste", dijo Guillermo Lorente, presidente del club rosarino.

No sería acertado endosar en la frente de Lunati el rótulo de único culpable por la caída de la Lepra ante los de Sarandí, ya que Newell´s jugó uno de los peores partidos del torneo.

Donde no hay margen para el disenso es en la decisión del árbitro de las mil caras y gestos de otorgar sólo cuatro minutos de tiempo adicional, cuando estaba claro que el juego a lo largo del complemento, estuvo detenido por mucho tiempo más.

Pero la figura de Lunati, cómplice de Arsenal bajo la mirada rojinegra, se escapa sin esfuerzo del enmarcado estereotipo del hom-bre de negro, que aunque ahora se vista de colores, fue puesto en una cancha pura y exclusivamente para impartir justicia y no para ser parte de un show.

Ávido de protagonismo, Lunati suele buscar cualquier situación del partido para descargar su acostumbrada dosis de histrionismo. Pareciera que para el árbitro el verde césped mutara en tablas de un gran escenario teatral, donde la ampulosidad y la exageración fueran parte de la obra. Habla con los jugadores, los abraza, ríe, gesticula. En fin, todo un compendio de actuación inútil para el manual del buen árbitro de fútbol.

Lo triste del caso es que en medio de esta escena tragicómica está en juego un título, que representará mucho prestigio y dinero para el que se quede con él. En tiempos tan delicados en donde un colega denuncia a otro (affaire Faraoni-Hay) sobre supuestos favoritismos, los responsables de que un personaje como Lunati esté metido de lleno en la definición de un campeonato, deben al menos una explicación. La AFA y el Colegio de Árbitros tienen la palabra...


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