El Coro Universitario, el mejor concierto
La agrupación del Comahue festejó sus 25 años y ofreció un espectáculo de buena música, calidad vocal e imágenes que dejaron a todos boquiabiertos. Cantaron mejor que nunca.
NEUQUEN (AN).- La sola presencia del grupo sobre el escenario segundos antes de cantar, arrancó en la platea el aplauso más caluroso y prolongado de la noche. Entraron las cuerdas, los vientos y la percusión, se pusieron de acuerdo en los tonos y se sumaron las voces. Ellos de negro, ellas de blanco. Enfrentándolos, el director de orquesta dio la señal y comenzó la magia de la música y la excelencia, en un encuentro más que especial.
Fueron las dos noches en que el Coro Universitario del Comahue festejó sus Bodas de Plata.
Eran cuarenta y cinco voces con sus señas particulares que se acomodaron en la tarima del escenario; delante de ellos algunos de los integrantes de la Camerata de la Fundación Cultural Patagónica, en timbales, violines, violoncelos y trompetas.
Muchos de los coreutas se vieron en la obligación de respirar profundo antes de comenzar a cantar, para que vuelva a entrar a los pulmones el aire que la emoción les había robado. Sólo bastó la mirada de apoyo de su director, Daniel Costanza, para que los nervios se esfumarán y comenzara la función.
La «Misa Brevis KV 259» de Wolfgang Amadeus Mozart, quizás una de las obras más visuales de este compositor austríaco, preanunció lo que seguiría a continuación. Un concierto desestructurado, intimista, como «hecho en casa», un espectáculo donde los cinco sentidos pudieron absorber cada sensación que surgía de las partituras y se hacía materia en las voces de los coreutas.
Luego de Mozart, el telón se cerró sobre el escenario para volver a abrirse minutos después y dar pie a la música popular, enmarcada por imágenes de videos del coro en un pantalla gigante, ubicada al fondo del escenario.
Los coreutas interpretaron la chacarera «La trasnochada» y luego vino una de las joyitas que la agrupación logró en sus 25 años de existencia: «Coral Albatris». Esta pieza fue ilustrada con fragmentos de la puesta en escena de la obra homónima, que consiguió el premio a la Creació Artística de la Fundación Antorchas, en 1991. A esta altura del concierto el público estalló en un sincero y poderoso aplauso, que se prolongó más allá de los tiempos habituales en los que suelen producirse este tipo de manifestaciones.
Y no fue porque la sala estaba llena de amigos y ex coreutas, fue sencillamente porque el Coro cantó mejor que nunca. En cada presentación, esta agrupación deja todo sobre el escenario, confirma que la excelencia y profesionalidad son las únicas alternativas posibles. Pero en la noche del jueves y de ayer, pusieron un poco más de lo que son capaces.
Le dieron a los conciertos «Homenaje» un poco más de la pasión y de fuerza de la acostumbrada, pusieron la propia vida y ese amor incondicional que los impulsa cada día a cantar una vez más, a pesar de todo.
La elección de la pieza con la que el coro cerró el concierto no pudo ser más acertada: «Witness», ritmo spiritual de Jack Halloran. Una melodía que sintetizó lo que fue la presentación homenaje; suave, envolvente al principio, arrebatadora al final.
NEUQUEN (AN).- La sola presencia del grupo sobre el escenario segundos antes de cantar, arrancó en la platea el aplauso más caluroso y prolongado de la noche. Entraron las cuerdas, los vientos y la percusión, se pusieron de acuerdo en los tonos y se sumaron las voces. Ellos de negro, ellas de blanco. Enfrentándolos, el director de orquesta dio la señal y comenzó la magia de la música y la excelencia, en un encuentro más que especial.
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