El escultor de los rostros más reales

Con la misma pasión de los primeros años, Richard Massaccessi y sus gubias dan vida a la madera. Algunos de sus tallados son parte de la nueva capilla Inmaculada Concepción.





En un pequeño taller del patio de su casa, Richard talló gran parte de su historia como escultor. Con sus herramientas ordenadas, sus primeras cucharas de madera colgando de un tirante y la figura de un caballo desnudo en lenga a medio hacer, este hombre delgado, escondido detrás de sus gafas semicirculares, transmite una pasión por su tarea como pocos podrían hacer.

Refugiado en un paraíso propio, rodeado de árboles que en los últimos días despertaron con los tonos del otoño y con su fiel compañera Elsa, Richard Massaccessi vive para crear. Su creación transmite la experiencia de más de medio siglo, desde sus primeros juguetes en madera que tallaba con los retazos que le sobraban a su tío carpintero, en el lejano pueblo de Ceres (ubicado al norte de Santa Fe), hasta el meticuloso estudio de anatomía, de proporciones y gestos que realiza antes de realizar cualquier boceto ante un encargo.

“Siempre digo que lo que tardo es toda la infancia jugando con la madera, gran parte de la adolescencia, después siete años de Bellas Artes y 25 años viviendo acá, en Bariloche, trabajando absolutamente todos los días tallando madera… y finalmente diez días”, responde acerca de los tiempos del tallado del caballo en madera de lenga que luce esbelto en su taller y sobre el que aún trabaja con las gubias para dar la forma ideal.

Richard es un férreo defensor de la lenga, esa madera “pareja, de crecimiento lento, muy estable y linda para trabajar… es la mejor”, enfatiza con la misma pasión con la que cuenta que haber tallado las esculturas del cura Brochero y del papa Juan Pablo II, que son parte de la nueva Capilla Inmaculada Concepción, fue “el momento más especial de mi vida profesional como escultor”.

Esos rostros bien logrados de los referentes de la Iglesia Católica significan para Richard “devolverle algo a Bariloche de todo lo que me dio, que es un lugar en el mundo”. Y esa misión no fue fácil –admite– llevó varios meses de concentración, de encierro en su taller, de bocetear y tallar y “el resultado final es el que más me conmovió”, asegura.

Vivir de la escultura

Este momento cúlmine en su carrera tiene un origen casi treinta años atrás, cuando como trabajo final de la especialización en escultura que realizó en la Escuela Nacional de Bellas Artes “Prilidiano Pueyrredón” realizó su primera gran escultura con un tronco bajo pero gordo: era una mujer embarazada, sentada en cuclillas, con una mano en la panza (como un gesto típico maternal) y otra se tomaba la cabeza, con un gesto de pesadumbre por tener un nuevo hijo. Esa obra la llamó “Otro más” y, en una especie de curiosa suerte inicial, fue su primera obra vendida a una mujer que la observó desde un balcón de un edificio en barrio Norte cuando Richard, que portaba sólo 25 años, la sostenía en la vereda esperando un flete para trasladarla a una muestra. “Yo no lo podía creer, porque ni siquiera sabía cómo se vendía algo hecho por uno”, recuerda con una sonrisa el artista que desde entonces vivió de su trabajo de escultor y en el lugar que siempre había deseado vivir, después de impactarse en su viaje de egresados.

“Estoy convencidísimo de que la rutina y lo cotidiano es lo que me dio el éxito de poder vivir de la escultura. Todos los días vengo al taller desde la mañana hasta el mediodía y después de comer hasta la noche, debo decir que es un placer, que muchas veces pienso que no puedo creer que me paguen por esto. Soy un agradecido de hacer escultura”, agregó el hombre que tiene en su haber, además del enorme talento, una colección de 1.000 duendes que le llevaron 24 años (hacer y vender) y que ahora extiende en una nueva serie con duendes “más humanizados” que se ofrecen en un comercio de la calle Mitre al 400.

Ficha técnica

Richard Massaccessi

53 años

Escultor en madera

Vive en el barrio Casa de Piedra desde 1989.

El dato

Rostros logrados al mínimo detalle.

Datos

66
esculturas conforman la serie “Primeros Pobladores” que exhibe entre sus pasillos el hotel Villa Huinid.

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