El estilo Quiroga

¿Hace falta llamar a una convención constituyente para introducir en la Constitución la re-reelección?

Por Redacción

HÉCTOR MAURIÑO vasco@rionegro.com.ar

Ya dijimos desde aquí que Quiroga volvió a la intendencia pateando puertas, como quien viene a poner orden en un gran desbarajuste tramado en su ausencia. También, que esa actitud suele levantar urticaria entre amigos y adversarios. Esta semana la reacción vino del bloque del MPN, que se negó a ‘bajar’ a un encuentro donde el secretario de Hacienda, José Luis Artaza, iba a explicar el presupuesto. Los concejales del MPN adujeron “maltrato” por parte del Ejecutivo. “No bajamos a la reunión porque nos parece injusto que tengamos que soportar el maltrato de determinados funcionarios”, resumió el concejal Llancafilo a modo de explicación por el desaire. En su entorno explicaron que el Ejecutivo sólo les dio dos días para estudiar el proyecto que modifica el presupuesto anterior elevándolo en un 15%. “Con tan poco tiempo no podíamos ni preparar las preguntas”, se explayaron. En realidad el bloque emepenista, que más que oponerse suele acompañar las iniciativas del gobierno, no es el único que se queja de la falta de consideración oficial. Los concejales sostienen que el Ejecutivo no responde a sus pedidos de informes y que cuando quiere sacar adelante un tema que le interesa pone en marcha una maquinaria arrolladora que, en los hechos, termina por impedir al Legislativo hacer su aporte al gobierno. “Es como si gobernara Quiroga solo y los demás fuéramos convidados de piedra”, sintetizó uno de los ediles opositores. Con el anfiteatro del Parque Central al gobierno de Quiroga le pasó algo parecido. Decidió sepultarlo y de la noche a la mañana llevó adelante su plan ‘manu militari’. Sólo que al no haber consultado a nadie el resultado el asunto resultó un búmeran que el gobierno todavía no termina de remontar. Para la gente del intendente “la política tiene mucho de gestual y simbólico” y no ‘bajar’ a escuchar las explicaciones de Artaza “tuvo mucho de ignorancia”. “Hay que ver qué se interpreta por maltrato, si algún funcionario los agredió o insultó será causal de despido”, deslizaron muy cerca del intendente. No obstante admitieron que “a lo mejor no se respondió a tiempo algún informe”, dejando sentado que los secretarios tienen orden de mantener el teléfono abierto para todos los concejales, “cosa que no parece recíproca a la inversa”. Lo ocurrido esta semana con los vehículos oficiales también ilustra este tipo de controversia. El intendente detectó que los vehículos de la municipalidad cargaban combustible demasiado seguido y les colocó GPS. La conclusión no tardó en aparecer: con la mitad de combustible los vehículos recorrieron la misma cantidad de kilómetros. El tema mereció una inmediata réplica del gremio, que salió a endilgarles a las autoridades el uso discrecional de los vehículos oficiales durante las campañas. Más allá de la justeza o no de las decisiones administrativas, ¿existe realmente un ‘estilo Quiroga’, arrollador y un tanto autoritario, para llevar adelante la gestión? Por encima de las chicanas, puede ser que en buena medida la oposición esté en lo cierto, el intendente no es precisamente componedor ni parece dispuesto a ‘cogobernar’ con nadie. “Pechi” es un político con su propia ideología, bastante conservadora por cierto, y pocas pulgas para con los que piensan diferente; sean progresistas, gremialistas o cualquier ‘ista’ que no sea el propio. Pero una cosa es compartir las decisiones no más allá de lo que la ley indica y otra muy distinta tratar de sortear a minorías y sectores como si no existieran. ¿Enmienda? En una entrevista con este diario, el gobernador Jorge Sapag acaba prácticamente de admitir que la meneada re-reelección, vedada por la Constitución y traída al escenario político argentino por Carlos Menem –aunque no la haya podido llevar a la práctica–, no es un tema de tanta trascendencia institucional como para merecer una reforma realizada por una convención constituyente. Por el contrario, el gobernador sostuvo que no se trata de una cuestión de fondo como son las que, según la propia Constitución, requieren de una convención para ser introducidas en el texto constitucional. Decir eso y decir que es partidario de una enmienda para introducir la posibilidad de su reelección es casi lo mismo. Se entiende: para “las simples enmiendas”, esto es para cambiar los temas que no son de fondo, basta con una mayoría agravada en la Cámara y una posterior consulta a la ciudadanía por sí o por no. Ocurre que, por un lado, Sapag necesita reafirmar su autoridad mostrando a sus competidores –y en esto se incluyen, de entrada, sus propios compañeros del partido y de gobierno– que todavía conserva poder e iniciativa. De otra forma, gobernar los tres años que le restan sería muy difícil. Por otro lado, o bien hay que convenir que cerca de Sapag no existe ninguna figura con suficiente estatura como para tomar el relevo en el 2015, o bien hay que aceptar de una vez que el extraño virus del poder, con el que pocos privilegiados han sido inoculados, despierta un apetito sin límites. Es sabido, también, que por estas tierras los líderes políticos rara vez dejan descendencia. No permiten crecer nada en su entorno. En lo inmediato surge otra pregunta: ¿quiénes serán los candidatos a senadores del oficialismo? Aquí hay otro problema: Sapag admite que necesita ganar. ¿Quién? Él, claro está, siempre por la misma razón: mantener la gobernabilidad. Pero en el MPN no todos piensan lo mismo. No son pocos los que hablan de la candidatura de Sobisch. Algo que el exgobernador y presidente del MPN no ha confirmado. Entre las salidas cruentas y la convivencia pacífica, ya se sabe de qué lado ha elegido estar siempre el gobernador. Sólo que, a veces, en política no se puede. Se verá.