El Eurogrupo decide si da segundo rescate a Grecia

Exigen que ceda toda su soberanía económica.

Por Redacción

Europa y Grecia enfrentan una semana decisiva en la que el proyecto de integración continental mostrará su capacidad de resistencia a la encrucijada en la que la crisis de la deuda la ha colocado desde hace dos años.

Después de la aprobación por parte del Parlamento griego del duro plan de ajuste impuesto por Berlín y Bruselas, mañana la cúpula europea debería dar el visto bueno al programa de Atenas y evitar que el próximo 20 de marzo no pueda enfrentar un vencimiento de su deuda que precipitaría su caída en default.

Grecia, por su parte, siente que está sentenciada. Pruebas le sobran para tener esta sensación. Pantelis Kapsis, portavoz del gobierno del primer ministro, Lucas Papademos, dice: “esperamos que vaya bien este lunes, pero no se puede anticipar nada, todo es muy difícil”. Atenas asegura que ha cumplido con todos los requisitos que se le han pedido para acceder al segundo rescate financiero del país, incluido el que teóricamente era el último escollo, un recorte de 325 millones por las jubilaciones que no quería volver a bajar y al final ha bajado, pero el verdadero obstáculo del país es difícil de poner en números, porque tiene que ver con algo tan gaseoso y, al tiempo crucial, como la confianza.

Ayer, la cúpula del gobierno griego se reunió de urgencia para resolver cómo implementará el ajuste que ya aprobó. Pero el panorama dista de ser claro. La Unión Europea (UE) exige a Grecia que constituya una cuenta bajo supervisión de Bruselas que estaría destinada a cumplir con los pagos de su deuda pública, al tiempo que el país heleno debería comprometerse a cumplir con “24 acciones prioritarias” dictadas por la UE.

No sólo resulta insuficiente el plan de ajuste y el nuevo compromiso de Atenas de recortar 325 millones de euros extras del gasto público griego, esta vez en forma de otra reducción de las jubilaciones y pensiones, sino que la UE quiere que Grecia ceda toda soberanía económica.

A cambio de esta suerte “protectorado” sin cortapisas, la “troika” del FMI, la UE y el Banco Central Europeo (BCE) concedería la reestructuración de la deuda griega por unos 200.000 millones de euros y daría luz verde al canje de los títulos emitidos, con una quita del 70%, y que están en poder de acreedores privados, es decir, los bancos.

Sin solución a la vista

De esta manera, la deuda griega pasaría del actual 160% del PBI a un 128% recién en 2020. Mientras tanto, las penurias sociales y el estado de profunda depresión de la economía del país mediterráneo continuarán sin perspectiva de solución.

La rebelión popular que se manifestó en las calles de todo el país mientras el Parlamento aprobaba en Atenas el plan de ajuste hace apenas 10 días, muestra a las claras que las posibilidades de aplicación de las nuevas medidas de despido masivo de empleados públicos, recortes de salarios y pensiones y del gasto social, son cada vez más remotas.

Las encuestas indican que el partido Nueva Democracia (derecha) no cesa de perder apoyo, aunque ganaría las hipotéticas elecciones de abril con el 27% de los votos, en tanto que el Pasok (socialista) no llegaría al 11%. Estas dos formaciones gobiernan coaligadas y sostienen al primer ministro tecnócrata, Papademos.

Consciente de esta realidad, buena parte de la UE recela de que Grecia pueda cumplir, aunque quiera, su draconiana receta económica.

De allí que en la última semana hayan comenzado a surgir filtraciones y rumores de que hay quienes se inclinan por dejar caer a Atenas en default.

A pesar de que la canciller alemana, Angela Merkel, sigue insistiendo en que esto no ocurrirá, su ministro de Finanzas, Wolfgang Schauble, se muestra escéptico y se inclina a no seguir adelante con el plan de rescate de Grecia.

Lo seguirían en esta tesitura Finlandia, Holanda, Luxemburgo y, quizás, Bélgica, lo cual indicaría que Europa está partida en dos sobre la conducta a seguir en el caso griego.

La situación se agrava aún más ya que el BCE, que tiene en su cartera títulos de deuda griega por 40.000 millones de euros, se niega de plano a entrar en el canje con quita del 70%, tal como se lo piden los bancos acreedores de Grecia y altos funcionarios de la UE.

El mensaje que envía el BCE a los mercados es que no cederá en este caso ni en ningún otro similar que pueda plantearse en el futuro, pues de lo contrario la confianza en el ente monetario diseñado a imagen y semejanza del Bundesbank se pondría en cuestión y, con él, la moneda única europea. (Agencias)