El gas no alcanza

La esperanza oficial de que Brasil acepte resignar una parte del gas que compra a Bolivia a fin de ayudar a la Argentina nunca fue demasiado seria, de modo que no debería haber sorprendido a nadie la negativa tajante del presidente Luiz Inácio "Lula" da Silva a admitir dicha alternativa. Según el titular de Petrobras, José Gabrielli, "es imposible cederle a la Argentina una molécula de gas", ya que la demanda brasileña, lejos de reducirse, propende a crecer. Puesto que la viabilidad de la estrategia energética del gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, como la del encabezado por su marido, depende en buena medida del aumento de la importación de gas, el que Bolivia no pueda cumplir con sus compromisos y los brasileños no tengan intención alguna de sacrificar sus propios intereses por solidaridad con un vecino más rico, virtualmente, asegura que el invierno próximo estará plagado de dificultades. Conforme a un convenio que firmó el en aquel entonces presidente Néstor Kirchner con su homólogo boliviano Evo Morales en el 2006, Bolivia debería estar enviándonos hasta 7,7 millones de metros cúbicos de gas natural diarios, pero por falta de inversión y por la necesidad de dar prioridad al Brasil, tendremos suerte si recibimos dos millones de metros cúbicos.

A diferencia de los brasileños que siempre han entendido la importancia de asegurarse fuentes energéticas, los gobiernos de la Argentina y Bolivia han preferido enfrentarse con las empresas del sector por motivos que podrían calificarse de ideológicos. El resultado es que han caído las reservas de nuestro país y Bolivia no está en condiciones de honrar sus compromisos. Aunque los presidentes Cristina de Kirchner y Evo Morales piden a las empresas que colaboren para el bien de todos, las exhortaciones de este tipo no han merecido la respuesta que según parece aguardaban. Para que las tuvieran, tendrían que haber convencido a los empresarios que en el futuro su negocio sería lo bastante rentable como para justificar las inversiones enormes necesarias para que la producción aumentara lo suficiente. En vista de que sendos gobiernos son reacios a darles las garantías que exigen, es de prever que en los meses próximos la falta de gas se hará cada vez más severa.

Huelga decir que la crisis energética no se limita al Cono Sur. En todo el planeta la puja por el gas, el petróleo y la electricidad está haciéndose más intensa porque la oferta no puede aumentar a la misma velocidad que la demanda, que se ve impulsada por el progreso industrial de China y otros países asiáticos, lo que a su vez está detrás del crecimiento rápido de nuestro país y muchos otros. Mal que le pese a la presidenta Kirchner, tendremos que prepararnos para una etapa tal vez prolongada en que la energía sea mucho más cara que en el pasado reciente. Por lo tanto, la política oficial de ir a cualquier extremo a fin de proteger a los consumidores locales de lo que sucede en los mercados internacionales no podrá sostenerse mucho más. Dicha política tendría algún sentido si sólo fuera una cuestión de aumentos de precio pasajeros atribuibles a guerras o catástrofes naturales, pero bien que mal éste no parece ser el caso. Es factible que el precio del crudo baje sustancialmente de los picos recién alcanzados, pero no hay motivos para suponer que pueda caer hasta ubicarse en el nivel de algunos años atrás. Lo mismo puede decirse del gas. Mientras no aumente la producción de nuestro país y Bolivia siga siendo incapaz de explotar plenamente sus recursos, el precio internacional continuará siendo varias veces más alto que el presupuesto por el gobierno kirchnerista, con el resultado inevitable de que serán escasos los interesados en ayudarlo a aferrarse a una estrategia que ellos mismos rechazaron por considerarla poco práctica. Si bien el poder de compra per cápita de la Argentina es mucho mayor que el brasileño y levemente superior al chileno, nuestros vecinos se han visto obligados a acostumbrarse a pagar tarifas energéticas llamativamente más altas que las habituales en las zonas más prósperas de nuestro país, razón por la que puede entenderse la resistencia del gobierno de Lula a en efecto contribuir a subsidiar el consumo de gas por parte de quienes según las pautas regionales son ricos.


Comentarios


El gas no alcanza