El lugar de Máximo

Una denuncia contra Máximo K facilitó el avance del principal dirigente de La Cámpora. Larroque lo impulsa para diputado bonaerense. El sciolismo lo considera un error. Para desalentar un nuevo paro, Cristina debe decidir si acepta elevar el mínimo no imponible.

Redacción

Por Redacción

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Lo que el escritor Umberto Eco define como la «máquina de fango» en el periodismo en general termina dañando a los personajes públicos más por hechos colaterales (¿quién no ha tenido una infracción de tránsito?) que por sus funciones específicas.

Abundan los ejemplos de «los muertos en el ropero». Pero como toda regla tiene excepciones, la apresurada denuncia de «Clarín» el día del paro por el impuesto a las Ganancias contra Máximo Kirchner, supuestamente cotitular de dos cuentas secretas en Estados Unidos y las Islas Caimán, terminó obrando como bumerán: facilitó el debate sobre la candidatura del hijo del matrimonio presidencial, su irrupción en los medios de difusión y la opacidad de una «contundente» medida de fuerza impulsada por los gremios del transporte y usufructuada por Hugo Moyano, de Camioneros, del estatal Pablo Micheli y del insolente gastronómico Luis Barrionuevo.

Pocos hasta aquí tomaban en serio la proyección electoral de Máximo en Santa Cruz. Sin embargo, las inconsistencias de la acusación sobre «una nueva ruta de dinero K» le permitieron explayarse durante más de una hora a micrófono abierto por radio Continental y abrir, por añadidura, una instalación en la provincia de Buenos Aires, desde donde el gobernador («Daniel Scioli para la Victoria» reza la última publicidad, en tono celeste y blanco, más afín al FpV) se catapulta para suceder a su madre, la actual presidenta Cristina Fernández.

Casi al unísono, los principales dirigentes de «La Cámpora» formularon declaraciones. José Ottavis en «678» fue el más provocador al ver a Máximo como postulante a la Casa Rosada. Lo bajaron a tierra, entre otros, Carlos Kunkel y el secretario general de la organización juvenil, Andrés Larroque.

El «Cuervo» Larroque se sinceró. Dijo que tantas imputaciones «bizarras» (Pablo Moyano, número dos de los camioneros, insistió en que Máximo sólo puede pretender disputar «el campeonato mundial de PlayStation») son propicias para que la militancia (luego del acto de Argentinos Juniors en el que por primera vez se escuchó la palabra de Máximo) se trace un cronograma de actividades en los próximos 60 días, decisivos en la conformación de las listas de diputados para los comicios de octubre. «Lo veo caminando la provincia de Buenos Aires», sentenció Larroque, quien no le bajó el precio a Scioli (pese a que lo ve disputando en las PASO), ni trató de imponerle como segundo a Axel Kicillof, ministro de Economía mimado por la presidenta.

Por supuesto, el «Cuervo» colocó a Cristina, luego del 10 de diciembre, como «la conductora» que decidirá dónde estar. Las versiones más fuertes indican que ésta iría al Parlasur o a la Cámara de Diputados, desde donde conduciría el bloque más numeroso, que se seguiría llamando Frente para la Victoria y no Partido Justicialista. Hubo otras reacciones: Mauricio Macri festejó que Máximo «haya salido de la oscuridad» y Sergio Massa, del Frente Renovador, se mostró más preocupado por lo que reclaman los trabajadores de la cuarta categoría que por la proyección del hijo de los Kirchner. Los desautorizó la titular de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini: «Les mete miedo a la oposición. Es inteligente, brillante, humilde y sabe mucho de política». Coincidió el «señor 5», Oscar Parrilli, quien después de señalar que «no hay que apurarse ni desesperar» vaticinó que Máximo «tendrá un lugar protagónico porque es uno de los mejores cuadros». Si bien Cristina defenestró la protesta «del 10% de los empleados registrados que más ganan», dos de sus ministros, el jefe de Gabinete Aníbal Fernández y Carlos Tomada, se están reuniendo en secreto con dirigentes de la CGT oficial y de los sindicatos del transporte para ofrecerles algún alivio y desactivar una nueva huelga con movilización a Plaza de Mayo, que aviva Barrionuevo.

«Río Negro» pudo saber que se desistiría de hacer una reforma impositiva integral a través del Congreso este año.

A cambio, y mientras se desarrollan las paritarias con discusiones reales que rondan en torno al 28/30% anual, se contemplaría el mínimo no imponible, que hoy es de $ 15.000, a una cifra que oscilaría entre los $ 18.000 y $ 20.000 de sueldo mensual. Antonio Caló, el secretario general de la CGT Balcarce, está convocando a un congreso de metalúrgicos a mediados de mes en Mar del Plata. Alineado con Scioli en el plano nacional y con Diego Bossio, de la Anses, en territorio bonaerense, Caló espera una señal de Cristina, igual que la zorra que salta para alcanzar el racimo de uvas más cercano.

Públicamente, Scioli salió en defensa de los «infundios» contra Máximo.

Los sectores que promocionan su traspaso desde La Plata a la Rosada, empero, dudan de la conveniencia de que el joven encabece la nómina en la provincia. «Demostró que no es ningún boludo. Está muy bien ubicado. Transita con decisión al futuro, pero sería un error meterse ahora en un puesto de tanta responsabilidad», evaluaron fuentes del sciolismo. Consideran que primero debe subir otros escalones. No es lo que piensan Larroque y Cristina, quienes pretenden resguardar la estructura de «La Cámpora» a sabiendas de que habrá un achicamiento natural. Kirchneristas y sciolistas coinciden en algo: acertó Máximo en la respuesta, se mostró muy bien preparado y seguro ante el panorama que se avizora. Conflictivo, para no perder la costumbre.

Arnaldo Paganetti

arnaldopaganetti@rionegro.com.ar


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