El malo de la película

En diversas ocasiones, como las que siguieron al colapso de la convertibilidad y el default festivo de diciembre del 2001, los técnicos del Fondo Monetario Internacional se han confesado incapaces de entender muy bien lo que convendría hacer para que la economía argentina mejorara su desempeño, pero sucede que, a juzgar por los resultados concretos, a través de los años los encargados de manejarla, con el respaldo del Fondo o sin él, se han sentido igualmente desconcertados por la enorme brecha que se da entre sus propias teorías y la siempre decepcionante realidad. Puede que a veces el FMI se equivoque, lo que es lógico puesto que hay que tomar en cuenta una multitud de factores políticos, culturales e ideológicos que economistas formados en países desarrollados preferirían pasar por alto, pero las consecuencias de los errores de todo tipo que han cometido nuestros gobiernos desde mediados del siglo pasado, cuando la Argentina aún era un país relativamente rico, han sido tan terribles que sería absurdo suponer que eran superiores las recetas favorecidas por el grueso de la clase política local. Con todo, los preocupados por el futuro del país no pueden desconocer que aquí se ha instalado la convicción de que es patriótico oponerse sistemáticamente a un organismo que cuenta con el apoyo decidido de los gobiernos de todos los países ricos y que por tal razón muchos quieren mantenerlo a raya. Les guste o no, tienen que tomarlo en cuenta. Fue por miedo a exponerse al riesgo de verse acusado de estar pensando en congraciarse con lo que, para los kirchneristas más duros, es el símbolo máximo del “neoliberalismo” y por lo tanto el malo más siniestro de la película populista que hace poco el candidato oficialista Daniel Scioli juró que nunca se le ocurriría pedir créditos al FMI aunque, como sabrá, las tasas de interés de dicha entidad suelen ser mucho menos leoninas que las disponibles en los mercados de capitales privados. El problema es que, a diferencia de esos prestamistas, el FMI exige a cambio algunos compromisos públicos antipáticos. Los economistas respetados que acompañan a Scioli están tratando de persuadir a sus interlocutores en el exterior de que, una vez en el poder, tomaría medidas para que el país se reconciliara pronto con “los mercados” en que, desde luego, los operadores más influyentes no sienten mucho entusiasmo por la política económica kirchnerista, pero con cierta frecuencia el candidato tiene que afirmarse fiel al ideario reivindicado por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el ministro de Economía Axel Kicillof. Al celebrar en Lima la Asamblea Anual del FMI, sus economistas más encumbrados advirtieron que, por no ser sostenible el actual nivel del gasto público, para reanudar el crecimiento el gobierno que surja de las elecciones tendría que aplicar un “ajuste fiscal”, una alternativa que acaso sea inevitable porque está por agotarse el dinero pero que, por motivos proselitistas, tanto Scioli como sus rivales dicen que no será necesaria. Sea como fuere, aunque los voceros del FMI se ven obligados a aludir a las perspectivas que vislumbran frente a las distintas economías nacionales, entre ellas la argentina, ya que su desempeño futuro incidirá en la evolución de la región y del mundo en su conjunto, hubiera sido mejor que en esta oportunidad guardaran silencio. Por razones de política interna, el que una estrategia determinada, por nebulosa que fuera, disfrutara de la aprobación del organismo ayudaría a los resueltos a oponerse con virulencia a cualquier intento de corregir las distorsiones más notorias, ya por temor a perder ingresos, ya porque desearían sacar provecho político de las dificultades que se avecinan. Así y todo, mal que le pesara, al sucesor de Cristina no le sería dado seguir por el rumbo actual, negándose a prestar atención a los obstáculos en el camino, a menos que el resto del mundo optara por subsidiar un “modelo” voluntarista que es intrínsecamente disfuncional. Sin embargo, como ya se han enterado los candidatos y los economistas que los rodean, en el exterior escasean los interesados en arriesgarse hasta consolidarse en el poder el nuevo gobierno y mostrarse capaz de poner en marcha un “modelo” que en su opinión, y la del FMI, sea más apropiado para los tiempos nada fáciles que corren que el actual.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director periodístico: Daniel Juri Editor responsable: Guillermo Berto Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA Sábado 10 de octubre de 2015


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