El más duro de todos los economistas del oficialismo



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Ya en el nombre se delinean algunos datos de peso. Ricardo Hipólito López Murphy. De linaje radical, pero en el perfil económico, un ortodoxo de la escuela de Chicago.

Cuando Fernando de la Rúa todavía no había ganado las elecciones pero las encuestas lo ubicaban como el favorito de la ciudadanía, importantes consultores de riesgo con sede en Nueva York le hicieron llegar un mensaje: sería saludable que Ricardo López Murphy ocupara un lugar importante en su equipo económico.

Por ese entonces, el economista había caído en desgracia pública y era denostado por haber dicho que una de las soluciones a la crisis era bajar los salarios un 10%.

El entonces, jefe de gobierno porteño, De la Rúa, en plena campaña, se encargó de ahuyentar los rumores “López Murphy no va a ser ministro de Economía”.

Pero las palabras en la política suelen tener peso relativo y la realidad relativizó las promesas. Antes de asumir, De la Rúa ya anticipaba a los gurúes de las finanzas que López Murphy iba a tener “algún lugar” en el futuro Gabinete, aunque no fuese inicialmente en el Palacio de Hacienda. Terminó siendo designado ministro de Defensa, para sorpresa de propios y extraños.

Este corpulento hombre de 49 años es, curiosamente, el más radical (en el sentido partidista) y a la vez el más ortodoxo (en el sentido económico) de todos los economistas del oficialismo. Desde hace al menos un lustro se convirtió en el economista estrella del establishment, ponderado por sus brillantes análisis, pero poco o casi nada probado en la función ejecutiva. Estudió ciencias económicas en la Universidad Nacional de La Plata, pero no fue ese título el que le dio lustre, sino el master en economía que ganó en la Universidad de Chicago, la escuela desde donde salieron los grandes gerentes e ideólogos de lo que ahora se denomina irónicamente como el “pensamiento único” del neoliberalismo globalizado.


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