El músico que siempre vuelve
Lisandro Aristimuño evoluciona y ofrece material nuevo en cada concierto
Esta vez será cerca, nuevamente, como si el tiempo y tantos discos no hubieran pasado. Esta vez, será mañana, en la fuente Pucará de la costanera de Viedma, el sitio que le recordará seguramente al músico y también a sus vínculos de infancia mil historias, como esas que escribió y decoró con melodías. Entre la capital rionegrina y Beltrán, es que se fueron sumando las vivencias, los paisajes, los rostros, los acordes que luego ocuparon sus discos, y también los escenarios que multiplicarían, junto con otros colegas, esas canciones que fueron coreadas por miles. Sobre “Mundo anfibio”, la última producción discográfica que hace poco presentó en la zona y en otros escenarios del país, el músico había dicho a este diario: “Disfruto mucho mi trabajo y es algo que me gusta remarcar, porque ‘Mundo anfibio’ se relaciona mucho con la mutación o la transformación que deben hacer las personas para poder vincularse o desarrollar algo en este sistema en el que está muy marcada la doble vida, teniendo un laburo que da dinero y, por otro lado, lo que gusta y da placer. Haciendo este disco pensé que tengo la suerte de trabajar en lo que me gusta y vivir de eso. Toda esa actividad de búsqueda e investigación fue como meterme en un acuario, como si fuera un buceador, alguien que explora otro mundo”. Ahora, que tocará cerca y también en el porteño Teatro Gran Rex el próximo fin de semana (por partida doble, con dos fechas), tendrá la oportunidad de expresar esa “mutación” a la que se refiere, que siempre resulta una evolución que no se detiene, o una búsqueda rara, curiosa, juguetona. Y así Aristimuño puede referirse al “ser padre” e incorporarlo a su música, por ejemplo: “Hay una canción en la que incluí el sonido de la ecografía de Azul. Grabé el audio y aparece camuflado, así que mi hija ya participó como corista con sus ruidos. Lo tengo archivado como ‘sonido renacuajo’. Ahora estoy guardando ruidos infantiles para ella. Calculo que haré mi ‘Pelusón of milk’ (de Spinetta). Será un disco para mi hija, seguramente. Me está pasando algo en el cuerpo o en el alma y es que nunca pensé que iba a amar tanto. A mi mujer la amo, a mi familia y todo lo que quieras, pero el amor a mi hija tiene otra profundidad. Nunca pensé que podía ser tan grande. Estoy amando tanto que hasta me da miedo. Un pico de felicidad muy grande”. Todos estos sentires había adelantado el músico la última vez que estuvo en la zona, acaso como una promesa de un próximo trabajo discográfico.