El nuevo Soumaya, museo de vanguardia

Es uno de los más importantes del mundo y potenciará urbanísticamente a la antigua zona industrial de la capital mexicana.



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Esta semana se inauguró la nueva sede del Museo Soumaya, en México, un moderno edificio de 47 metros de altura, con una fachada compuesta por 16 mil hexágonos brillantes, que alberga la colección de arte privado más importante de toda Latinoamérica, propiedad del magnate Carlos Slim. Ubicado a un costado de la Plaza Carso, sobre Miguel de Cervantes Saavedra, entre las calles avenida Ferrocarril de Cuernavaca y Presa Falcon, el magno edificio que se asemeja a un cubo que se desdobla y deslumbra con su fachada, se constituye de ahora en más en un inevitable referente cultural en México. Con un área de exhibición de 6.500 metros, el recinto presenta por primera vez valiosas piezas prehispánicas y la colección de medallas, monedas y billetes del virreinato más grande, incluso, que la del Banco de México. También son protagonistas obras de Cézanne, Renoir, Matisse, Diego Rivera, Rufino Tamayo y esculturas de Rodin. El edificio con estructura de acero y equipado con tecnología de vanguardia que permitirá la conservación de las piezas fue diseñado por el arquitecto Fernando Romero, yerno de Carlos Slim y fundador del Laboratory of Architecture. Con una inversión de más de 800 millones de dólares, el museo posee siete capas para confinar el espacio y generar las condiciones de humedad y temperatura controladas que protegerán las obras. De estilo único por las dimensiones que refleja, el museo adquiere formas orgánicas que “refieren a formas de la naturaleza, que plantean un paso de una atmósfera a otra”, según dijo Alfonso Miranda, director de Soumaya. El recinto exhibe en el vestíbulo de acceso tres exclusivas e importantes obras: “El Pensador” del escultor francés Auguste Rodin, una de las escasas fundiciones en bronce de la pieza del sacerdote troyano Laocoonte y un mural de naturaleza muerta de Rufino Tamayo. En el piso hay también un área para talleres, tienda, restaurante y un auditorio para 350 personas. Abajo se ubican las bodegas, el taller de conservación y las oficinas.

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Comunicados a través de rampas, elevadores y escaleras, cada nivel posee una experiencia estética diferente. La primera planta exhibe piezas de oro y plata. Por primera vez se mostrará la colección más importante de monedas virreinales en México. Piezas de cerámica, concha y piedra de arte mesoamericano son las que se exhibirán en la segunda planta; la muestra es un comodato con el INAH y la integran piezas del occidente, de Nayarit, Colima, Jalisco y Guanajuato. La tercera está dedicada a antiguos maestros europeos y maestros novohispanos. El paisaje es el tema de la cuarta planta, con obras de artistas viajeros, y con un recorrido por el México independiente, a partir de piezas como relicarios, objetos de devoción, retratos, modas y artes aplicadas. El quinto nivel del recinto está dedicado al siglo XX, donde dialogan el arte europeo y mexicano. En este piso se podrán apreciar obras de Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros y Dr. Atl, así como de Joan Miró, Salvador Dalí y Pablo Picasso. En el sexto piso permanecerá la muestra “La era de Rodin” con esculturas del impresionista francés, considerado estrella de la colección. Desde lo arquitectónico puede resaltarse que el museo: * tiene una estructura construida con 28 columnas curvas de acero, cada una con su propia forma y geometría. El último piso presenta una planta libre iluminada con luz natural. La piel del edificio, desarrollada por Gehry Technologies, es casi opaca, con pequeñas aberturas y está compuesta por módulos hexagonales de aluminio; * busca analizar las posibilidades de un contexto específico, la economía e ingeniería del país, y traducirlas en una solución global, un edificio y hacerlo relevante y significativo. Su objetivo es reflejar esto por medio de la deformación de un romboide extruido y rotado, cuyos extremos se expanden y perforan, produciendo finalmente una compresión torsionada en la parte central y en los bordes elongados; * tiene un carácter diverso en su concepción. Cubre un amplio rango de tiempo, desde el siglo XII hasta el XXI. Así, el edificio debe reflejar esta multiplicidad ofreciendo una variedad de plantas donde cada una es única en tamaño y forma: esta singular geometría surge a partir de la rotación y torsión; * posee una colección que requiere ciertas condiciones específicas que garanticen su mantenimiento, como temperatura, iluminación, humedad y seguridad, las que se logran teniendo distintos recintos de exhibición que ofrecen variadas posibilidades de exposición, apertura, cercanía, altura y luz natural; * puede ser pensado como un museo vertical, donde los programas se ubican como respuesta a las lógicas de funcionamiento, requerimientos y magnitud. Cuando uno entra a este museo con 6,000m2 de exhibición, uno se mueve a través de cinco niveles de exposición por ascensores o escaleras que conectan los pisos, y a través de una de las escaleras se accede al piso superior, el cual alberga la segunda colección más grande de Rodin del mundo, así como una exposición temporal. Este último nivel posee luz natural filtrada a través de un domo, que apunta a una reducción del gasto energético y que, * es parte de un desarrollo urbano a gran escala, en una antigua zona industrial, junto a la Colonia Polanco, en la Ciudad de México. Fuente: agencias, arquine, plataforma arquitectura y diario El Universal.


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