El otro escándalo americano

Redacción

Por Redacción

marcelo antonio angriman (*)

Obesidad y sedentarismo infantil en EE. UU.

Ésta es mi pasión, mi misión. Me he comprometido a trabajar con todas las personas a lo largo y ancho de este país para lograr que una generación de niños cambie su manera de pensar acerca de la comida y la actividad física”. Con estas palabras Michelle Obama se refirió al programa Let’s Move! (¡A moverse!) implementado en EE. UU. desde el 2010 y cuyo principal objetivo es reducir la obesidad y sobrepeso infantil. La cruzada ha sido amadrinada por la primera dama, quien no ha dudado en pedir colaboración a su esposo. Es por ello que en un reciente spot, se ve a Barack Obama y su vicepresidente Joe Biden, de camisa y corbata, trotando por sectores emblemáticos de la Casa Blanca; para luego tomarse un respiro, beber algo de agua y elongar los músculos. Si bien la propaganda puede resultar graciosa visualmente y hasta llegar a conclusiones risueñas acerca de quién verdaderamente manda en la familia presidencial, lo cierto es que el escandaloso aumento de la gordura en los niños norteamericanos se ha convertido en una cuestión de Estado. Así la obesidad infantil se ha transformado en un verdadero flagelo, acrecentándose en las últimas tres décadas al triple. Hoy casi uno de cada tres niños tiene sobrepeso o es obeso. Los números son aún mayores en la comunidad afroamericana e hispana, en que tales índices se elevan a un 40%. Las recomendaciones del grupo de trabajo del programa Let’s Move! se centran en la educación de los padres y está basadas en cinco puntales: 1) dar un comienzo de vida sano a los niños; 2) conferir más poder de decisión a los padres y personas a cargo del cuidado de salud; 3) ofrecer comidas saludables en las escuelas; 4) aumentar el acceso a comidas saludables y de bajo precio; 5) aumentar la actividad física Entre los mensajes difundidos se insiste en que los niños que han sido amamantados tienen un riesgo 22% menor de ser obesos más adelante y que las madres deben comer bien durante el embarazo y la lactancia. Luego se sugiere escoger agua o leche baja en grasas en vez de gaseosas endulzadas con azúcar. En vez de freír la comida, hornearla o asarla y, en lugar de manteca, utilizar aceite vegetal o de oliva. Se instruye también en no obligar a los niños a terminar toda la comida si se sienten llenos. Otro consejo importante es el de comer en familia, ya que ello permite disfrutar más de la compañía de los demás miembros e imitar patrones de conducta. La actividad física es la otra gran aliada de la salud infantil, ya que ayuda a controlar el peso, desarrollar músculos y articulaciones, reducir la grasa, fortalecer los huesos, disminuir el riesgo de ser obeso y generar vínculos sociales. Los niños, según el programa, necesitan por lo menos de 60 minutos de actividad física todos los días (de moderada a intensa). Se fomentan así las familias activas: regalar a los niños juguetes como pelotas, barriletes o una cuerda para saltar y la inscripción de los hijos en un deporte o actividad física nueva. Se busca también limitar el tiempo de uso de aparatos electrónicos que no demandan movimiento, la caminata o bicicleta en lugar del auto y las escaleras en vez del ascensor. Como hemos dicho en su oportunidad citando a Grosser, las fases sensibles para las capacidades de coordinación se ubican entre los 7 y los 12 años y para el aprendizaje motor y el entrenamiento de la técnica, entre los 9 y los 13 años. Por ello esta “edad de oro” es vital para la adquisición de habilidades o destrezas que se fijan con carácter indeleble para el resto de la vida. La carencia total o parcial de tales estímulos en la infancia ha propiciado la llamada “ley del tren perdido”, que pregona: “Lo que de niño no se aprende quizá de joven ya nunca se aprenderá”. De estas cuestiones ha tomado debida nota el gobierno norteamericano, quien paradójicamente no tiene índices preocupantes de pobreza. Sino por el contrario, sufre las consecuencias nocivas de la riqueza y el uso indiscriminado de la tecnología. Una pésima alimentación fogoneada por verdaderos emporios de comida chatarra y una penetración incesante de la galaxia digital, que juntas bombardean, con cuanta publicidad sea posible, la mente maleable de los niños. Por ello es tan importante la presencia de padres activos que asuman su rol, discerniendo lo bueno de lo malo y lo saludable de lo nocivo. Hoy más que nunca hay que tener en claro que la obesidad infantil es una enfermedad signada principalmente por los malos hábitos Cuando ella aparece y no hay otra razón médica, es porque hay un adulto complaciente detrás. (*) Abogado. Profesor nacional de Educación Física marceloangriman@ciudad.com.ar


marcelo antonio angriman (*)

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