El país con temor al pasado



Elena Valero Narváez*

El gobierno de Macri tuvo éxito en lo económico por continuar con un intervencionismo híbrido que perdura hasta hoy con deplorables resultados.


Ya estamos encaminados hacia las elecciones de octubre. Se van cerrando las listas, y se empieza a saber quién va con quién y quiénes competirán por los puestos claves de la política.

Para los desmemoriados, es bueno recordar que durante el gobierno de la hoy candidata a vicepresidente por el Frente de Todos marchábamos hacia controles totalitarios en la economía, con escasez de productos, mercados negros, descenso del nivel de vida y corrupción institucionalizada. La política kirchnerista alentó la emigración de capitales, impidió la reconstitución de las reservas monetarias, dejó abultada burocracia estatal y el intervencionismo dirigista en el mercado interno, entre otros males.

Los argentinos votarán por la restauración de un sistema con vocación autoritaria o por un gobierno que no los ha dejado satisfechos en materia económica pero sí en cuanto a la defensa del sistema republicano y democrático.

Para ser justos la economía no ha mejorado con el actual gobierno. En vez de hacer las reformas estructurales buscando consenso en otros sectores, se manejó casi siempre solo, manteniendo un Estado demasiado presente en lo económico. La producción y la demanda se hallan aún paralizadas en muchos sectores porque cuesta atraer inversiones al país, por lo tanto se crean pocas fuentes de trabajo.

El problema del actual gobierno, la falta de credibilidad de sectores que lo apoyaron en la elección anterior, se debe a que no se tuvo el coraje de explicar la catastrófica situación en que nos dejó Cristina Kirchner y tampoco para hacer un real cambio de sistema, como lo intentó el expresidente Menem. No se tuvo éxito en lo económico por continuar con un intervencionismo híbrido que ha perdurado hasta la actualidad con deplorables resultados.

El presidente Macri creo que ha visto su error. Se ha abierto a sectores democráticos para aumentar su base electoral aceptando en la vicepresidencia a un peronista, Miguel Ángel Pichetto, quien no desea la vuelta de la expresidente y que, como lo ha demostrado en anteriores gobiernos, es fiel y trabaja, concienzudamente, para quien le ofrece participación en el poder. Puede así que aumente el caudal electoral y el apoyo en el Congreso si es reelecto.

Quienes sufren la aspiración totalitaria del kirchnerismo y temen a las reiteradas expresiones antirrepublicanas de la expresidente y sus cercanos apóstoles desean que, ante una polarización como la que se anuncia, llegue a la presidencia el partido más democrático, pero sin que aspire a un cheque en blanco.

Es por eso que desearían que antes de las elecciones el presidente Macri dijera cuál será su plan de gobierno, o mejor aún, su orientación económica.

Rechazan que se vuelva a reactivar la economía con emisión de moneda y política monetaria electoralista, también políticas de desarrollo desde el Estado. Ya pocos dudan, luego de tanto fracaso, de que una sociedad libre, democrática y republicana debe ir acompañada de una economía capitalista.

Para lograr apoyo de la gente es tarea ineludible combatir la inflación, ese injusto impuesto al asalariado y los sectores más pobres con rentas fijas, quienes ven que los bienes cuestan más sin que sus salarios se modifiquen en el mismo sentido.

No cierran los ojos a lo que el actual gobierno heredó, una inflación en marcha y un presupuesto desequilibrado, pero tampoco a que asumieron sin haberse preparado, que no le dieron importancia al déficit y la inflación, manteniendo a la gente adormecida frente a la crisis que se avecinaba.

No dejan de reconocer, sin embargo, lo que se adelantó en estos cuatro años: apertura y buenas relaciones con el mundo desarrollado, mejora de la Justicia, política de infraestructura y energética, además de la defensa de las libertades individuales.

Al exceso de poder lo combate lo que se juega en estas elecciones, la institucionalidad, mejor justicia, mejor prensa, políticas que no lo permitan como el pluralismo, privatizar (menos poder al Estado), sindicatos con menos fuerza que los partidos, para que no le roben sus funciones, y más control de los que gobiernan.

Por último, buena parte de los argentinos anhela una sociedad que abandone, de una vez por todas, la división arbitraria entre kirchneristas y antikirchneristas, creada por el gobierno anterior, y la idea de revancha y venganza, sustituyéndola por la unión de los ciudadanos de bien, con valores republicanos, en un esfuerzo común, indispensable, para que el país progrese.

En las elecciones, según sea el resultado, veremos qué piensa, siente y quiere la gente. Está en la aventura de vivir que las personas, los grupos y las sociedades sobrevivan, mejoren, entren en estancamiento y crisis, o desaparezcan, debido a su capacidad para practicar constante selección de valores. Esperemos que los argentinos no se equivoquen y podamos ir hacia un futuro mejor.

*Miembro de Número de la Academia Argentina de la Historia y del Instituto de Economía de la Academia de Ciencias Morales y Políticas


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