El peligro acecha a los niños en horarios clave de las escuelas

En el ingreso y salida de los chicos se infringen varias normas de tránsito. Doble filas, embotellamientos, cruces indebidos y alta velocidad para no llegar tarde a clase.

Redacción

Por Redacción

Los horarios de entrada y salida de los colegios es una zona donde vale todo y nadie respeta nada. Lo humano parece quedar de lado y la ley de la selva se pone en vigencia. Un ovillo enredado de autos, guardapolvos blancos con pesadas mochilas, transportes escolares, padres impacientes, conductores apurados y un peligro latente que no encuentra solución en la ciudad de Neuquén.

Los peatones cruzan las calles por la mitad de cuadra, mientras hay padres que paran en doble fila para que los chicos se bajen del auto, otros creen que poner balizas los habilita aportar el carnet de “dueños de la calle”. Y están los que circulan a altas velocidades para llegar rápido a donde quiera que sea. Las puertas de un coche se abren a escasos centímetros de otros vehículo que circula por la calle.

En sus inmediaciones todos los colegios tiene otros establecimientos que aportan un flujo de rodados importantes al tránsito cotidiano. Hay otras escuelas, centros deportivos, supermercados y comercios. Y todo esto agrega lo suyo al caos vehicular. Este descontrol juega un rol destacado en lo estresante que es transitar por las calles de Neuquén, no sólo en auto sino también para peatones y ciclistas.

Los ingresos y salidas de las escuelas en su mayoría coinciden con los horarios de egreso de los lugares de trabajo. Cinco minutos hacen la diferencia y todos compiten por eso. Mientras uno llega, otro abandona el auto con balizas encendidas, otro quiere pasar y está aquel que busca y saca cálculos para ver si su auto puede esquivar el caos.

Aproximadamente son entre 25 y 30 minutos de furia, donde muchas veces los docentes tienen que oficiar de directores de tránsito. Uno de los colegios de la ciudad que más sufre este fenómeno es la escuela primaria 125. El maestro Claudio Mardoni relató la situación que se da en su colegio. “Esto es un caos, esta calle es un desastre, ya la salida es un lío, pero la entrada es peor. Entran los chicos de dos escuelas al mismo horario y no se puede pasar. A la mañana querés cruzar y es imposible, entre el movimiento propio del Centro de Educación Física 1, que la gente que va al centro quiere estacionar acá para no pagar estacionamiento y el lío propio de las escuelas; es muy complicado”, comentó.

La vicedirectora, Sonia Martín contó que “hay papás que estacionan en doble fila, los nenes cruzan alrededor del auto. No se ubican en las dársenas como corresponde o estacionan a dos cuadras y vienen a buscar a los nenes caminando. El papá viene se estaciona en doble fila y los chicos tienen que sortear entre autos y personas”.

Esta situación implica para los pequeños un riesgo latente. La mayoría de los chicos de nivel primario apenas superan en altura a los cristales de los autos y casi ninguno los de las camionetas. Por lo que son casi imposible de ver para los que circulan por las calles o realizan maniobras de estacionamiento.

En los espacios de reserva exclusiva para el transporte escolar, estacionan todos, menos los transportes. Deben obligadamente estacionar en doble fila para el descenso de sus “pasajeritos”, sabiendo que si les ocurre algo ellos son los directos responsables. Los bocinazos para persuadir a los conductores que dejen liberado el espacio entre señales ya no amedrenta a nadie. La lógica que se impone es “todos tenemos derecho porque todos traemos a nuestros hijos a la escuela”. Los inspectores de tránsito tratando de ordenar este caos son muy pocos y sólo en determinadas ocasiones se hacen presentes. Otra deuda pendiente que tiene la ciudad para con sus niños.

mauro pérez

Escuela 125. Adultos y niños emprenden una carrera de obstáculos para poder ingresar a clases.

“Hemos pedido la presencia de la municipalidad y de los agentes de tránsito, son esporádicas las intervenciones”,

comentó Sonia Martín, vicedirectora de la escuela de Roca y Bouquet Roldán.

“Con el Colegio María Auxiliadora hemos hecho de todo para que los padres tomen conciencia. La situación escapa de nosotros”,

dijo Claudio Mardoni, docente del establecimiento primario 125.

“El tránsito acá suele ser fluido, excepto en horario de entrada y salida de los chicos. No hay mucho respeto entre unos y otros”,

opinó Víctor Bustamante, guardia de la escuela 2 de San Juan y Buenos Aires.

Había una vez… un programa de abuelos guías de tránsito

En 2001 al intendente Horacio Quiroga se le ocurrió una idea: implementar un programa mediante el cual “se contrataba” a jubilados para que actúen como agentes de tránsito “custodios” frente a las escuelas, en los horarios de entrada y salida.

El objetivo era ordenar la caótica maraña de autos y personas que se producen en los colegios y evitar que los chicos sufran accidentes.

La propuesta era que los abuelos serían capacitados y prestarían el servicio a cambio de una remuneración mínima. Varios jubilados se anotaron, hubo foto grupal con el intendente, pero el entusiasmo duró poco.

En 2012 Quiroga relanzó el programa. Se anotaron 20 abuelos y se anunció que trabajarían en conjunto con las direcciones de escuelas y tránsito municipal. El proyecto también duró poco.

Muchos alumnos de escuelas primarias pasan entre los autos parados en doble fila. La altura de sus cuerpos apenas sobrepasa los cristales de un auto

son las escuelas primarias, entre públicas y privadas, que funcionan en la capital neuquina, según datos del Consejo Provincial de Educación.

80

5

minutos es el tiempo máximo permitido para estacionar en lugares donde el cordón cuneta está pintado de amarillo.

Datos

“Hemos pedido la presencia de la municipalidad y de los agentes de tránsito, son esporádicas las intervenciones”,
“Con el Colegio María Auxiliadora hemos hecho de todo para que los padres tomen conciencia. La situación escapa de nosotros”,
“El tránsito acá suele ser fluido, excepto en horario de entrada y salida de los chicos. No hay mucho respeto entre unos y otros”,
Muchos alumnos de escuelas primarias pasan entre los autos parados en doble fila. La altura de sus cuerpos apenas sobrepasa los cristales de un auto

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