El precio del aislamiento

Por Redacción

Si, merced al canje de deuda ensayado el viernes pasado por el gobierno al emitir nuevos títulos, del Bonar 2024, con la esperanza de captar 3.000 millones de dólares, el país recibió un saludable “shock de confianza”, como afirmó el ministro de Economía Axel Kicillof, la crisis que estamos experimentando es aún peor de lo que muchos suponen, ya que a juicio de virtualmente todos el resultado sólo sirvió para recordarnos que los mercados financieros quieren mantenerse alejados de la Argentina kirchnerista. Aunque algunos inversores estaban dispuestos a arriesgarse, de tal modo manifestando su “confianza” en la gestión del ministro, se trataba de una minoría muy reducida cuyo aporte no ayudará mucho a modificar el cronograma de pagos de la deuda pública previsto para el 2015. Con todo, podría interpretarse como una señal positiva la voluntad mayoritaria de dejar las cosas como están, puesto que muy pocos reclamaron cobrar por anticipado el dinero que esperan conseguir a cambio de los bonos que ya tienen. Parecería, pues, que el consenso entre los financistas es que el país no corre peligro de caer en un default generalizado antes del 10 de diciembre del año venidero, pero que así y todo sería mejor no comprometerse demasiado. Sea como fuere, es indiscutible que el momento elegido por el gobierno para intentar regresar a los mercados financieros internacionales difícilmente pudo haber sido peor. El temor a que la economía mundial esté por entrar en otra fase convulsiva está agitando todas las plazas bursátiles del planeta, incluyendo, desde luego, la minibolsa porteña. Como siempre sucede en tales circunstancias, los operadores financieros buscan más seguridad, razón por la que están replegándose hacia los países desarrollados más estables, en especial Estados Unidos, que es dueño de la moneda de referencia, abandonando a su suerte a los “emergentes” que fueron beneficiados por tasas de interés bajísimas en el mundo rico y, desde luego, a los considerados “mercados de frontera”, sólo aptos para aventureros como la Argentina. Por lo tanto, no sólo los funcionarios del gobierno actual sino también los miembros de los equipos económicos de los presuntos presidenciables tendrán que prepararse para enfrentar un período acaso prolongado sin nada parecido al “viento de cola” que facilitó la recuperación macroeconómica del país luego de la implosión del 2001 y el 2002. Por desgracia, no hay forma de prever cuánto durará la etapa que ya ha comenzado, pero podría ser cuestión de varios años de sequía financiera, lo que será el caso si están en lo cierto los convencidos de que China está por sufrir su propia versión de la debacle mundial que fue provocada por el estallido de la burbuja inmobiliaria estadounidense en el 2008. También motiva preocupación la esclerosis de la Eurozona, atribuible ya al apego de Alemania a la austeridad fiscal, ya a la resistencia de Francia e Italia a llevar a cabo reformas estructurales que, según los teutones, son necesarias para que por fin el bloque que lideran reanude el crecimiento sostenible. A pesar del optimismo excesivo que Kicillof se siente obligado a irradiar, a veces parece entender que al país le aguarda un período sumamente ingrato, pero no puede actuar en consecuencia por temor a enojar a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Por lo menos, es lo que creen aquellos empresarios que conjeturan que el ministro, de formación académica, está aprendiendo cómo funciona el mundo real. Es de esperar que tengan razón y que, como le hubiera aconsejado su economista favorito, lord John Maynard Keynes, Kicillof entienda que al cambiar las circunstancias conviene cambiar de opinión. El “modelo” voluntarista reivindicado por los kirchneristas ya estaba obsoleto cuando lo adoptaron, pero en la actualidad parece francamente prehistórico, pero reemplazarlo por otro más apropiado para los tiempos que corren no será del todo fácil. Por motivos comprensibles, el gobierno de Cristina preferiría dejar que su sucesor se encargue de la tarea, pero puesto que aún falta casi un año antes de culminar la transición que, lo reconozca o no, ya está en marcha, Kicillof se ve sin más alternativa que la de tratar de impedir que la economía se hunda en medio de una gran crisis social mientras el kirchnerismo aún esté en el poder.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Martes 16 de diciembre de 2014


Exit mobile version