El primer aniversario de Nicolás Maduro
ANDRÉS OPPENHEIMER (*)
Ahora que el presidente venezolano Nicolás Maduro cumplió su primer año en el poder, es buen momento para hacer una evaluación desapasionada de lo que ocurrió en Venezuela desde que asumió, en abril del 2013, y tratar de anticipar lo que vendrá. Veamos los hechos concretos: • El índice anual de inflación ha aumentado desde el 27,6% en el 2012 hasta el 56,7% –el más alto del mundo– en el 2013, según las cifras oficiales del Banco Central de Venezuela. Éste se incrementó más, hasta el 57,3%, en febrero del 2014, según el ente emisor. La previsión de inflación anual del FMI calcula que el índice subirá al 75% a fines de este año, según el director de la división del Hemisferio Occidental de esa institución, Alejandro Werner. • La economía venezolana creció sólo un 0,7% en el 2013 –el índice más bajo de Latinoamérica– y se calcula que se contraerá un 0,5% en el 2014, según el Banco Mundial. Una vez más Venezuela será el país latinoamericano de peor desempeño este año, según los cálculos de esa institución multilateral. • La escasez de alimentos ha aumentado desde el 15,9% de los productos esenciales en el 2012 hasta un 35,2% en el 2013, según un estudio de Datanalisis publicado por el diario venezolano “El Universal” el 17 de marzo. En los primeros dos meses del 2014, esta carencia se ha incrementado al 47,7% de los alimentos esenciales, según el informe. Dentro de este rubro faltan leche, queso, harina, azúcar, carne, pollo, papel higiénico y otros productos sujetos a los controles de precios del gobierno. Desde primera hora de la mañana, muchos venezolanos tienen que formar largas filas en las afueras de los supermercados que disponen de esos productos. • El índice de homicidios de Venezuela aumentó de 73 muertes por cada 100.000 habitantes en el 2012 hasta 79 por cada 100.000 en el 2013, según el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), un grupo independiente. En ausencia de cifras oficiales confiables, con los datos del OVV se estima que la tasa de homicidios se ha cuadruplicado desde hace 15 años, cuando el fallecido Hugo Chávez asumió la presidencia. • La violencia política ha dejado un saldo de 41 muertes y cientos de heridos desde que comenzaron las protestas estudiantiles contra Maduro el 12 de febrero, según cifras oficiales. El actual gobierno aumentó la represión, los arrestos arbitrarios, la censura a los medios y otras violaciones de las libertades básicas, según grupos internacionales de defensa de los derechos humanos. Las fuerzas del gobierno de Maduro “han empleado una respuesta excesiva e ilegal contra los manifestantes”, incluyendo “golpizas a los detenidos y disparos contra multitudes de personas desarmadas”, dijo Human Rights Watch. También sacó del aire al canal internacional de Colombia NTN24 y amenazó con censurar Twitter y cerrar CNN en el país. • Maduro dice que es víctima de una conspiración del “imperio” para asesinarlo, derrocar a su gobierno y apoderarse del petróleo venezolano, pero nunca ha dado pruebas concretas de la presunta conspiración de Washington. Los opositores afirman que el presidente, al igual que Chávez antes que él, inventa supuestas conspiraciones a diario para justificar sus abusos de poder. Mi opinión: el mayor problema de Venezuela –y la clave para resolver su actual crisis política– es el tema no resuelto de la legitimidad de Maduro. Fue proclamado presidente por apenas un 1,4% de diferencia de votos tras un cuestionado proceso electoral en el 2013, en que no permitió un tribunal electoral independiente, ni observadores internacionales que no fueran de países amigos, ni igual tiempo de televisión para su rival. Si las elecciones venezolanas hubieran sido más creíbles, gran parte del actual derramamiento de sangre podría haberse evitado. Ahora, con la economía en ruinas, Maduro se encuentra en un aprieto. El FMI y la mayoría de los economistas coinciden en que ningún país puede mantener durante varios años índices de inflación de más del 50% sin caer en la hiperinflación, o adoptar medidas de austeridad draconianas que logren bajarla. En otras palabras, Maduro está ante la alternativa de encaminarse hacia la hiperinflación, que usualmente lleva al caos político y a revoluciones, o adoptar un paquete de austeridad como los que recomienda el FMI, lo que significaría desmantelar su “revolución socialista” en Venezuela. Por su propio bien, Maduro debería aprovechar el diálogo con la oposición –supervisado por el Vaticano y la Unasur– y crear un tribunal electoral neutral que sea creíble para todos los sectores, que se encargue de supervisar las próximas elecciones. Ésa es la clave para devolverle a Venezuela un poco de paz social y de esperanza. (*) Analista internacional