El primer Bolaño, antes de la consagración

El libro refleja su pasión por los juegos de guerra

Por Redacción

“El Tercer Reich” (Anagrama) puede leerse, a esta altura de los acontecimientos, como una novela pero también como un documento histórico acerca de la vida de Roberto Bolaño. Fue escrita inicialmente en varios cuadernos que anduvieron dando vueltas por allí hasta que el autor se compró una computadora. Una parte quedó digitalizada. La novela se anunció en el 2008 en la Feria del Libro de Frankfurt, un hecho que conmovió a la escena literaria de ese momento. Había más Bolaño para elogiar. Y como otros libros suyos, que tenía en reserva para teóricas épocas de vacas flacas, “El Tercer Reich” terminó publicado por sus herederos de manera póstuma. Hoy integra la camada inaugural de obras del autor chileno que falleció a los 49 años esperando un trasplante. En su juventud el escritor llenó cuadernos con relatos, poesía, pensamientos, anotaciones y novelas completas que han ido apareciendo con inteligente periodicidad. En “El Tercer Reich” hay sabores encontrados. Es una historia escrita con la libertad con que se encara la poesía en prosa. Se puede incluso detectar algún homenaje al Jack Kerouac en ese ritmo vertiginoso, magro, que unifica el tono del relato. Un grupo de jóvenes alemanes transcurre sus días en unas vacaciones en la costa de España bebiendo, retozando al sol sin otra expectativa que la de silenciar la mente. Excepto por Udo Berger, una figura que se recorta de los demás por su pasión por los juegos de guerra. El joven alemán y su novia se unen a otra pareja y entre los cuatro se ocupan de matar las horas acostados sobre las espaldas de una imaginaria serpiente que recorre un camino en espiral hacia ninguna parte. En los espacios que le quedan libres, Udo se concentra en explorar las posibilidades de su juego, “El Tercer Reich”, del cual es un experto. Una de sus mayores aspiraciones es poder dedicarse de lleno a jugar y escribir análisis para revistas especializadas sobre los cada vez más difundidos “wargames”, una versión puntillosa de las estrategias bélicas reales. “El Tercer Reich” presenta a un Bolaño todavía anónimo, probablemente aún ocupado en tareas menores como vender baratijas en algún puesto en la playa o atender un camping. Saber que se trata de sus esfuerzos iniciales no es un dato menor para quien haya leído el resto de su elogiada obra que abarca “Los detectives salvajes” o la monumental “2666”. La muerte del escritor provocó una reacción lógica. El universo de sus admiradores comenzó a sentirse ávido por todo lo que el autor de “Putas asesinas” y “Amuleto” había dejado guardado en sus cajones corregido o sin corregir. Bolaño era en verdad un fanático de los juegos de guerra. La novela da cuenta de esta vocación militar (“Si no hubiera sido escritor, habría sido general”, cuenta que bromeaba). Según él mismo había confesado, tenía una “gran colección de wargames de mesa y mi pequeña colección de wargames de computadora”. En algunos momentos, dicen quienes lo conocieron, el escritor se sumergía de lleno en resolver los problemas que se gestaban en el tablero. El libro destila vitalidad. A la vez se hace notar un cierto desapego en el estilo narrativo. Abunda en Bolaño una mirada sabia y un poco nostálgica que lo mantiene a salvo de las hipérboles. No, Bolaño y sus personajes son héroes silenciosos aunque heridos. Con sus libros se goza y se llora pero en un marco argumental que nos advierte que nada podemos hacer. Tenemos el problema pero no las herramientas para su entera solución. Mientras Udo se debate entre la necesidad de sostener sus análisis militares en plenas vacaciones, las borracheras y la secreta admiración por una hermosa mujer mayor que él, su recién conocido amigo germano desaparece en el mar. Junto a ellos andan, igual que lobos, seres oscuramente seductores, caóticos y peligrosos. Y las mujeres, frágiles, sensuales, mantienen la mirada perdida en el horizonte. Hanna e Ingeborg son ángeles caídos. Una rara tensión atraviesa la novela. La idea creciente de que la desgracia es parte irrefutable del guión de la vida.

Claudio Andrade candrade@rionegro.com.ar


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