El quiebre en la historia

Redacción

Por Redacción

Finalizamos nuestra segunda nota (1) expresando que el calentamiento global provocado por la contaminación de la atmósfera «ha venido a partir en dos la historia de la humanidad». Los lectores podrán haberse preguntado: «¿Es una mera hipérbole del autor?». Pues no lo es; la avería creciente del planeta es un hecho de tal gravedad y trascendencia que produce un quiebre, una modificación súbita y sin precedentes en la historia del Hombre.

Una mirada panorámica a esa historia nos pone de manifiesto el lento devenir de pueblos aislados o escasamente vinculados hasta la Edad Antigua. A partir de ella, el aumento de las comunicaciones y vínculos, con mejores medios de navegación, por el comercio o las guerras, produce también el intercambio de conocimientos. Una nueva dinámica comienza a generarse, e irá creciendo a través de las edades con que el Hombre dividió su curso. Y es en la Edad Contemporánea, la que estamos viviendo, a la que se le asigna como inicio la Revolución Francesa, en 1789, en la cual termina configurándose la unificación del mundo y acelerándose los procesos de cambio en todos los aspectos.

Nunca, ni en los milenios de cambios imperceptibles, ni en los de lentas transformaciones ni en las últimas centurias de una dinámica creciente, se produjeron cortes abruptos en el desarrollo de la civilización. Siempre fueron evoluciones, más lentas o más veloces pero siempre desenvolvimientos conforme a una dinámica propia de las sociedades.

Ahora este mundo unificado en su accionar y en sus formas de producción, de organización social y política, sufre la irrupción de un fenómeno nunca antes vivido, también unificador por su magnitud planetaria. Una irrupción que produce un corte súbito en la orientación y contenido de ese funcionamiento global y que no da alternativas: o se toma otra dirección en la marcha de la civilización o el planeta entra en degradación acelerada.

 

Las dos amenazas

 

En realidad, la marcha de la civilización enfrenta dos amenazas, de distinta entidad pero de similares efectos: la de la lesión planetaria y la del agotamiento de los hidrocarburos.

Resulta tremendamente asombroso que ambas resulten coincidentes en el tiempo. Mirado un poco más analíticamente: que exista tan estrecha relación entre la masa de saurios enterrados por el cataclismo hace 65 millones de años, origen de los hidrocarburos, y la capacidad de soporte o absorción de la capa atmosférica respecto de la combustión de esos fósiles. Esa coincidencia entre dos magnitudes tan enormes y tan diversas nos deja perplejos.

Hacer una estimación de la duración de los hidrocarburos es una tarea cuya complejidad no ha permitido coincidencias entre las distintas organizaciones científicas que la vienen realizando. En primer lugar, porque hay datos «técnicos», los que utilizan las compañías petrolíferas para decidir sus inversiones -altamente confidenciales-, y datos «políticos», como los de la Agencia Internacional de Energía (AIE) (2) y diversos organismos oficiales. También están las cuestiones metodológicas, aunque actualmente han venido convergiendo en la aceptación de la metodología de Hubbert (la AIE recién en 1998). King M. Hubbert es un personaje casi mítico dentro del mundo de la geofísica y la geología. Ya en 1956, mediante modelos matemáticos anunció que en 1970 se llegaría al máximo de producción petrolera en Estados Unidos, y así ocurrió. La curva que representa sus modelos de evolución de la producción en el tiempo tiene forma de campana, o sea, consta de una fase ascendente, un máximo y luego la fase de declive.

Naturalmente está también la incidencia de los intereses políticos y económicos.

La ASPO (Asociación para el Estudio del Pico de Petróleo y Gas), una red de científicos dedicada a estudiar las reservas petrolíferas y sus modelos de disminución, utiliza la metodología de King M. Hubbert. Sus integrantes han venido prediciendo, con algunas diferencias de cálculos entre ellos, que ese máximo de la curva -en inglés «oil peak»- se va a situar entre el 2004 y el 2010.

La Energy Watch Group (EWG), una organización alemana, sostiene que la producción mundial de petróleo ya pasó ese cenit en el 2006, lo cual significa que el petróleo va a ser cada vez más difícil y caro de extraer, porque el fácil y barato ya se consumió.

Y la que ha presentado siempre datos más optimistas en cuanto a existencias y duración, la AIE, ha informado a través de un reportaje a su economista jefe, Fatih Birol, en el mes de noviembre del 2007, que en los próximos siete años se presentará una brecha entre producción y demanda del mercado de 12,5 millones de barriles diarios, diferencia entre los 37,5 millones demandados y los 25 millones que se podrán producir.

De manera que ya nadie duda ni discute que la crisis energética mundial está muy próxima.

Por ello el resumen del mencionado informe de la EWG advierte: «El mundo está al principio de un cambio estructural en su sistema económico. Este cambio será provocado por los suministros decrecientes de combustibles fósiles e influenciará casi todos los aspectos de nuestra vida diaria. El cambio climático también forzará a la humanidad a cambiar sus patrones de consumo energético reduciendo significativamente la quema de combustibles fósiles». (3)

Por su parte, Andrés Buenfil Friedman, doctor en análisis de energía y sistemas ecológicos de la Universidad de Florida, sostiene que «en términos históricos es irrelevante si el pico del petróleo ya está aquí o si faltan 10 ó 30 años, pues a estas alturas la única solución verdadera ante la inminente crisis energética que se aproxima es un cambio de mentalidad, una especie de revolución cultural a nivel planetario, una evolución de la conciencia humana».

El petróleo es el combustible que hace posible el mundo que conocemos. Representa el 40% de la energía que consumimos y es la materia prima de infinidad de productos industriales y de los pesticidas y fertilizantes que son la base de la agricultura actual.

Su insuficiencia para abastecer la demanda, su encarecimiento y su agotamiento definitivo en décadas, por una parte, y las limitaciones para su uso que impone el calentamiento global por otra, determinan que prácticamente de golpe, en dos o tres décadas, el mundo verá desaparecer gran parte del aparato industrial hoy existente y deberá desarrollar nuevas fuente energéticas y tecnologías que las abaraten, nuevas tecnologías de producción y distribución y pautas de consumo más austeras. En suma, una ruptura histórica.

 

 

1) Diario «Río Negro» del 24/12/07.

2) Entidad internacional creada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) tras la crisis del petróleo de 1973, que busca coordinar las políticas energéticas de sus estados miembros con la finalidad de asegurar energía confiable, adquirible y limpia a sus respectivos habitantes

3)www.crisisenergética.org/article.php?story=200710221.15830700&mode=print

 

 

EDUARDO MONTESERÍN (*)

Especial para «Río Negro»

(*) Contador público nacional. Especialista en sindicatura concursal. Ex profesor e investigador

universitario en Economía


Finalizamos nuestra segunda nota (1) expresando que el calentamiento global provocado por la contaminación de la atmósfera "ha venido a partir en dos la historia de la humanidad". Los lectores podrán haberse preguntado: "¿Es una mera hipérbole del autor?". Pues no lo es; la avería creciente del planeta es un hecho de tal gravedad y trascendencia que produce un quiebre, una modificación súbita y sin precedentes en la historia del Hombre.

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