El radioteatro tiene su página en la historia de la ciudad
LU8 Radio Bariloche empezó a transmitir en octubre de 1943. Las producciones locales reunieron a las familias en torno a los receptores.
Con transmisiones de LU8 la comunidad barilochense estrechó lazos con el radioteatro. Aunque hubo algún intento por actualizar el radioteatro, las condiciones nunca volverán a ser las mismas que durante la década del 40 cuando el pueblo contaba con unos 10.000 habitantes y LU8 era la única radiodifusora local.
Elencos locales integrados por trabajadores de la emisora y vecinos daban vida a obras populares que mantenían en vilo a la audiencia, atenta a la acción reproducida en vivo.
Iniciada su transmisión el 11 de octubre de 1943, LU8 Radio Bariloche sumaba “Una voz argentina en la Patagonia” a LU4 Comodoro Rivadavia y LU12 Río Gallegos como integrante de la Compañía Broadcasting, creada por la Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia. Dos eran los periódicos locales. Para conocer novedades de Buenos Aires y el resto del país, había que aguardar el arribo del tren, medio de transporte que había inaugurado su visita a la incipiente ciudad el 5 de mayo de 1934.
El operador Julio César Catalán ingresó como aprendiz el 9 de julio de 1956. Con 16 años, encontró en la mesa de control a Raúl Miranda. Había que hacer una suplencia porque Arnaldo Velázquez dejaba ese trabajo y pasaba a ser locutor. Aunque incursionó en labores en distintas dependencias, “me gustaba la técnica, hacer sonomontajes. Mi mejor época fue cuando compaginé las obras de Alberto Migré con Alfredo Sahdi”, evaluó durante uno de los programas emitidos al cumplirse sesenta años de la radiofonía regional.
Sahdi –locutor, director de teatro y musicalizador que compartía pasión por el teatro con su esposa Linda Cristi– y Esteban Morán lo incentivaron para incursionar en el género. Libretos que requerían efectos específicos, había que crearlos. “A veces iba al cine a grabar o subía a un árbol para registrar el canto de un chingolo”.
“Madre negra” fue “un éxito extraordinario”, protagonizado por Julia Boela –cuyo nombre artístico era Silvia Echegaray–. Después, “El inglés de los mirasoles”, “Paisanito zonzo”, “Un guapo del 900”, con Lucía de Carlo. Con Federico Bernabé, “Memoria de un médico de barrio”. “Tenía una garra, una pasta para trabajar, se posesionaba. La última vez que lo vi le regalé una serie que me había dejado Sahdi de la novela ‘Poncho negro’, vivía en El Bolsón”, recordó.
Con una discoteca dispuesta en un recinto de siete por diez metros, una de las más completas del país por entonces, había que conocer su contenido. “Pedía a Marta Lavayén la Quinta Sinfonía de Beethoven, por ejemplo, para utilizar dos golpes musicales para compaginar una novela, y me decía: en tal casillero, pero es más conveniente Mozart”. Quedaron muchas grabaciones que ya no están, se lamentó.
La primera de las obras radiotransmitidas fue “Sucedió en primavera”, por iniciativa del primero de los directores de la radio, Tomás Gonzalo. Estaba escenificada en un ambiente rural de la Patagonia. Actuaban Emilio Saraco, Augusto Vallmitjana, Bambula Calegari, Roberto Porcel de Peralta, Irma Mateljan de Vallmitjana, Sergio Calegari, Luis Porcel de Peralta y Elena Bodi –primera locutora de la radio, quien había arribado en tren proveniente de Balnearia (Córdoba) el mismo día que comenzaba a transmitir LU8–.
El esplendor de la radio barilochense comenzó a menguar a fines de la década del 70.
Programación y actuaciones en vivo
La programación incluía actuaciones en vivo en el estudio mayor. Además de radioteatro, recitales de músicos locales y de paso por la ciudad. Algunos con tanta asistencia de público que era necesario abrir ventanas para que escucharan desde el exterior.
La programación musical diaria requería 250 discos larga duración.
El plantel de trabajadores de LU8 llegó a estar integrado por cuarenta personas, con cuatro locutores por turno
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