“El receptor se toma revancha: ahora opina”
Convencido de que el desarrollo tecnológico del conjunto de sistemas de comunicación elimina fronteras mentales y geográficas, Aguiar entiende que el paradigma del crecimiento es la banda ancha.
entrevista: Henoch Aguiar, especialista en comunicaciones
–Años atrás le escuché decir que el desarrollo de un país se mide por la banda ancha. ¿Sigue pensando así? –¡Por supuesto! Es una convicción que ratifico en un todo. Va de suyo que no aspiré ni aspiro a transformar esa convicción en una creación propia. Surge por decantamiento en todo proceso que reflexione sobre lo que es hoy el desarrollo. Y seguramente me escuchó también decir que la valoración de la banda ancha como parámetro del grado de desarrollo sustituyó aceleradamente, en lo que va de este siglo, otras valoraciones destinadas a ese fin, como eran el consumo per cápita de energía eléctrica, el cemento y el acero, siempre en términos de per cápita. Ahora manda la banda ancha per cápita. –¿Cómo definir lo que tiene a su disposición una sociedad con un per cápita alto en materia de uso de banda ancha? –En términos de posibilidad, vía esa herramienta, de organizar, construir ideas sobre su futuro. Así de simple. En esta dialéctica, ante esta dinámica, se estampa claramente lo que va quedando atrás. –Algo así como aquel grafiti del París de Mayo del 68: “Corre compañero, la vieja sociedad está detrás de ti”. Aunque aquel Mayo cambió poco, sus grafitis todavía hacen historia… –Y hubo mucho ingenio en esas paredes. Pero en este caso la estampida tecnológica de las comunicaciones es terminante, concreta, palpable en la cotidianeidad. Aquello era invitación, una apuesta a un cambio confuso, muy bajo dictado emocional. –¿Qué libera, desde la perspectiva individual o de conjunto, la estampida tecnológica de las comunicaciones –Estamos ante la revancha del receptor; se tomó revancha: opina. Ha dejado de ser pasivo, que sólo escuchaba y que, a lo sumo, sólo podía enviar una carta a un medio para dar a conocer su opinión o salir al aire en una radio con ese fin. Bueno, hoy tiene toda una avenida de posibilidades para decir lo que quiere. Hoy una persona con internet y una camarita diríamos que tiene la misma capacidad de distribución de noticias y calidad de imagen que tenía Ted Turner en el 2000. Estalla un protagonismo del receptor que no se tenía, digamos, computado. Es decir: se amplió aceleradamente la propiedad de poder comunicar y se seguirá y seguirá ampliando. –Si siempre la información fue poder, ¿estamos entonces ante una ampliación del ejercicio de ese poder? –Estamos en un proceso donde todo lo que se comunica es bien del otro y ese otro tiene derecho a reflexionar lo que quiera en relación a lo que se le comunica; en ese asumir la interpretación consecuente de lo comunicado. Estamos, en consecuencia, ante un acto de legítimo ejercicio de libertad. Nos guste o no como ese otro reflexiona y expande, lo recibo, que en todo caso es otra cuestión. Me circunscribo aquí a la naturaleza que libera del desarrollo tecnológico de los sistemas de comunicación. –Si aceptamos que esta dialéctica modifica singularmente la pirámide de la comunicación que conocimos, la invierte, ¿dónde siente usted que impacta esta mudanza en términos muy terminantes? –Ese impacto se puede reflexionar en relación a diversos planos de la vida… –El tema parece muy estudiado en relación a la cotidianeidad e la sociedad. Quizá no tanto en relación a otros planos. –El poder institucional, por ejemplo. Pero partamos de una realidad: el cambio hace blanco en todas las estructuras jerárquicas de toda organización social. Argentina, por caso, tiene una vieja cultura en sus distintos planos, de liderazgos, comunicación vertical descendente, imposición de criterios forjados nada más que desde la posición de autoridad, de mando que otorga el liderazgo. Pero acá hay que hacer una aclaración: no confundir lo que hace a un sistema de decisión que es funcional a lo organizacional, con el sistema de comunicación que hace a la relación de todo órgano vivo. Un ejemplo: cuando viajamos en auto, colectivo, dependemos verticalmente de que alguien maneje. Esto no significa que el modo en que lo haga no sea opinable. El que tiene el volante no puede hacer lo que quiera… –¿Cómo reta al liderazgo de estilo tradicional la revolución en las comunicaciones? –De mil maneras. Lo arrincona. Pero si interpreta lo que sucede, lo transforma. Lo coloca en rango de lo que debe ser un liderazgo moderno, sensible a los cambios que se dan en el plano de la comunicaciones… En esta dinámica, hoy un liderazgo útil, creativo, es aquel que se nutre del abanico más amplio posible de opiniones e ideas hasta el punto del agotamiento de opiniones e ideas para resolver lo técnico o lo cognitivo que hay en una decisión. Y luego, claro, hacerse cargo. –¿Hay aceptación de ese desafío en el plano de los liderazgos –en sentido amplio– de Argentina? –La hay, sí. Pero la medida es que seguimos rodeados de liderazgos que no son otra cosa que atrapapoderes que intervienen en lo que otros podrían hacer mejor y se lavan las manos ante los problemas. Así en todos los planos, tanto el empresario como el político, por tomar sólo dos. Mire, todo el sistema de poder del país se funda en una larga historia de cultura de la verticalidad y de incomunicaciones e imposiciones. Un paradigma que está explotando… –Esto parece relacionarse con algunas reflexiones de Ortega y Gasset sobre los argentinos. Al menos cuando decía que íbamos, siempre íbamos, ser siempre ser, pero ni sabíamos a dónde íbamos ni sabíamos qué queríamos ser. Cada uno en lo suyo. Y que cuando algo incomoda, lo dejamos para mañana… –Y… hay mucho de eso, sí. Mucho de la Argentina se mueve con una falsa ilusión muy conocida: creer que impedir que se hable de algo implica que no se hable de ese algo. Cuando quien tiene la autoridad en el sistema político o empresarial no esclarece un tema, lo único que hace es acelerar vertiginosamente la explosión del rumor. Yo puedo ordenarle a alguien que se calle, pero no puedo impedir que juzgue todo lo ya escuchado. El cerrar, enclaustrar, la comunicación es la peor manera de controlarla. Ante eso, el rumor es como el absceso que surge de manera prácticamente instantánea. Y convalida la pérdida de autoridad de aquel que ni siquiera se anima a hablar de aquello de lo que es responsable. –¿Se puede deducir entonces que internet, banda ancha, Twitter y toda la familia que hace a la expansión de las comunicaciones fragilizan poder y expanden poder? –Deducción correcta. Y fragilizan es precisamente la palabra que yo uso en un trabajo mío del 2008 para definir lo que sucede con internet en el campo de los derechos en términos de convencimientos aceptados por historia, tradición, usos y costumbres. Ahí hablo de las rutas digitales fracturando límites, fronteras… unificando los distintos, o sea aquellos que pueden pensar diferente pero están en la misma línea de comunicación. Internet –escribí y sigo sosteniendo–, una especie de pax romana. –Siempre los latinos volvemos a Roma. ¿Por qué pax romana? –Porque Roma definió firmemente las fronteras de su imperio, a lo largo de las cuales colocó todo un sistema de poder militar destinado a preservarlas de lo que definía como bárbaros. Pero desde su interior construyó el imperio teniendo muy claro, montando vías de comunicación que facilitaban el conocimiento rápido de lo que sucedía a lo largo y ancho del imperio. Se unificó vía esas vías, esas conexiones. El imperio de internet tiene mucho de ese tramado: comunica y comunica. El conocimiento… ¡Vaya a saber cómo titularía hoy Carlos Marx su libro “El capital”! –¿Cómo cree que lo titularía? –Creo que le pondría “El conocimiento”. –No parece un título muy militante en relación a la lucha o las contradicciones que definía Marx con “El capital”… –No se crea. Hoy el proyec to más capitalista y más revolucionario de todos es la educación, porque de la misma manera que, durante toda la sociedad industrial y la denominada posindustrial el apalancamiento del crecimiento de una sociedad se daba sobre el capital y las inversiones y las contradicciones que se generaban en toda la relación capital-trabajo, hoy el factor diferencial del potencial de las personas, organizaciones y naciones es su capacidad para incorporar conocimiento e innovar… O sea: Carlos Marx buscaría en este plano reflexionar en funcionamiento del sistema… Digamos que lo que digo tiene algo de metáfora.
Carlos Torrengo carlostorrengo@hotmail.com